Matias Castro
Intenso. Costoso. Difícil de vender. Complejo. Subvalorado. Agotador. Todos estos conceptos pueden aparecer en la mente de alguien que piense dedicarse a hacer una serie de dibujos animados. Especialmente quien se dedique a la producción y se haga responsable por todos los aspectos del proceso. Partiendo de la base de que esto se haría en Uruguay, donde no hay industria ni fondos estatales dedicados a este género, el emprendimiento parece doblemente complicado.
Sin embargo, el equipo a cargo de la serie animada El Joven Artigas, descartó esos adjetivos en contra y desde hace un año vienen trabajando. Son aproximadamente unas 25 personas y ya tienen listos cerca de 40 capítulos que en promedio duran 2 minutos cada uno. Hablan además, de un proyecto muy desarrollado para una película.
SALIDAS. Otras experiencias en Uruguay han sido las de Tunda, que desde hace cuatro años mantiene su estudio produciendo para su programa La mano que mira (TV Ciudad) y la de Tournier, con su empresa Tournier Animation dedicada sobre todo a producir animación "stop motion" (cuadro a cuadro, a la manera tradicional y artesanal) para el exterior.
Las formas de sostener estos proyectos varían. El programa de Tunda se hace para el canal. Tournier trabaja con continuidad con su serie Derechos del Niño para el Instituto Interamericano del Niño. El estudio Animalada, como tercer ejemplo, está especializado en animación en 3D generada por computadora, principalmente con productos publicitarios. Esas son las más importantes en volumen de producción y continuidad, y no escapan a las dificultades y los riesgos de todas las producciones de este tipo. Hay además otras experiencias de menor tamaño, que no han tenido tanta difusión, pero son también interesantes, como las de Gonzalo Mendizábal o Gabriel Nilson.
El Joven Artigas se está sosteniendo solo, financiado por sus productores. Ya han tenido algunas conversaciones con un canal de aire para emitirlo este año, aunque todavía no está confirmado. Las aspiraciones del equipo fueron altas desde un comienzo. Por empezar el hecho de que el protagonista fuera Artigas, cuyo tratamiento ha dado lugar a polémicas cuando se aleja de la figura de héroe inmaculado. "Tomamos al héroe grande que todos conocemos y lo pusimos en el cuerpo de un joven valiente que maneja esos mismos valores... Yo estoy seguro que Artigas de niño era el que tenía la palabra justa, que si había algún peligro era el que ponía el pecho", dice Javier Figueroa, productor de la serie.
La historia y los personajes fueron concebidos por Andrés Sanromán, director artístico de MTW, el estudio que está detrás del proyecto; y por Roberto Bayeto, guionista de historietas y escritor.
El episodio piloto se llama El barco fantasma. Ese barco es Nuestra Señora de la Luz, que se hundió treinta años antes de los hechos que cuenta esta historia. Comienza con las misteriosas apariciones de este barco a las que Artigas y su grupo deben enfrentarse para descubrir una trama oculta que involucra el tráfico de esclavos.
PASADO. Poco se conoce de la vida de Artigas en su juventud, lo que volvía doblemente difícil la tarea. A su vez esto mismo les dio libertad para plantear las historias como querían, en clave de aventura pero con un sólido contexto histórico.
"A pesar de que las historias sean absolutamente de ficción, los hechos históricos generales que transcurren como fondo, son precisos... nos basamos en la posibilidad ficticia, de que hubieran sucedido cosas al margen de lo que se recuerda y se escribió, ya que las pequeñas historias no siempre alcanzan la trascendencia debida para ser conocidas en el futuro", dicen los responsables. Figueroa agrega que "probablemente Artigas nunca tuvo un encuentro con corsarios, por eso nos inventamos las situaciones. Quisimos rendirle tributo tratando de acercar su imagen a las generaciones nuevas".
El respeto por estos aspectos parece haber sido uno de los principales criterios de los creadores de la serie. A la hora de presentar su trabajo, citan una amplia documentación histórica que utilizaron para dar contexto a la ficción.
La recreación de época es algo en lo que han trabajado mucho. Y para combinar los dos fines apelaron al uso de varias técnicas de animación, procedimientos computarizados para algunos escenarios y también dibujos a mano para los protagonistas, animados cuadro por cuadro. La Ciudadela, por ejemplo, fue toda recreada en 3 dimensiones, de modo que se puede recorrer por todos sus rincones. "Tratamos de darle una estética de videojuegos para acercar esto a lo que los niños están habituados a ver en productos que vienen de afuera."