FEDERICA NARANCIO
De los balnearios en Rocha, Valizas es el que está postergado. Así al menos lo considera Gustavo Núñez, dueño del restaurante La Proa. El local tiene más de diez años en Valizas, y en ese tiempo, Núñez ha visto algunos cambios positivos en el balneario: "Este año pusieron arcos de fútbol en la playa y algunos guardavidas".
Si el Cabo Polonio se caracteriza por ser "místico" y "agreste", Valizas debería considerarse como el balneario más auténtico. El grueso de sus veraneantes ronda entre los 15 y 30 años y dentro de este público, la mayoría son estudiantes, artesanos y hippies, pero a diferencia de otros balnearios, son hippies en serio. Nada de aparentar o querer mimetizarse con la onda de Valizas: el que llega lo hace a dedo, cargado con la mochila a cuestas y ligero de ropa. Así se lo verá hasta el final de su estadía.
Para hospedarse, la opción más económica es el camping que sale $ 50 por día y por persona y los alquileres de ranchos que oscilan entre $ 400 y $ 800 pesos diarios. Aunque la capacidad sea de 4 a 8 personas, en los ranchos el número de jóvenes se multiplica. Hasta el 15 de enero, en Valizas estaba todo alquilado y en su mayoría por uruguayos.
Hay una sola posada llamada Ereté. "Es ecológica", según define su dueña, la artistas plástica Maria Antonia Beloso. Para que la energía fluya, el visitante debe descalzarse antes de ingresar y todos los cuartos están decorados con "feng shui". Beloso se encarga del desayuno y todas las mañanas prepara a sus huéspedes algo distinto. "Soy una pintora que ofrece su casa", dice Beloso, explicando su amabilidad. A la posada van muchos extranjeros, y algunos incluso hacen su reserva con meses de anticipación. El precio por persona es de $ 750 por noche.
SINCRETISMO. El magnetismo del balneario cautivó a otros, como al escritor y ceramista Francisco Prieto. Este uruguayo vivió durante muchos años en el exterior y también encontró en Valizas lo que otros balnearios de Rocha ya perdieron.
Será que en Valizas se respira un aire distinto. La playa, uno de los principales atractivos del balneario, tiene a un costado el arroyo de Valizas donde viven la mayoría de los pescadores. Cuando la marea está baja se puede cruzar caminando. Unos metros más atrás se alzan enormes dunas de arena, las más grandes de la costa atlántica uruguaya.
Durante la noche, hay una movida más fuerte que en el Cabo Polonio. A lo largo de la calle principal, se traza un camino con velas donde se instalan los artesanos. El olor a incienso se entremezcla con el de la marihuana, y suenan algunos acordes de guitarra aislados. Malabaristas, candomberos e incluso bailarines de capoeira animan el ambiente.
VIDA AUSTERA. Los ranchos sobre la costa de Valizas no tienen agua corriente ni luz eléctrica; al anochecer, todas las calles, salvo la principal, quedan sumidas en la oscuridad.
Hay solamente dos boliches: El Zorzal y Gualicxe, que no cobran entrada y están abiertos hasta las 6 de la mañana. Para comer, los jóvenes prefieren los "comipaso" que ofrecen un menú que no pasa de los $ 50. También hay algunos restaurantes donde es obligatorio comer mariscos: platos con camarones, pescados, mejillones, siri y buñuelos de algas que no superan los $ 150. Todo esto acompañado por el vino, que es la bebida favorita entre los jóvenes, y que en algunos almacenes se puede conseguir el litro a $ 12.
Los residentes de la zona, que no llegan a más de 400, son en su mayoría pescadores que también se dedican a la construcción. Los veraneantes se entremezclan con ellos e incluso establecen vínculos duraderos.
"El Chino" (74), uno de los pescadores más conocidos del balneario, tiene su propio séquito de admiradoras. El crédito local dice estar retirado pero hasta hoy llegan jóvenes de 20 años desde Buenos Aires a visitarlo y algo más.
El ceramista Francisco Prieto considera que El Chino fue un "factor clave" en el vínculo que se generó entre los residentes y los extranjeros.
Prieto distingue entre los que son veraneantes y turistas en el planeta Valizas: "Veraneante es el que se involucra con los residentes, y al turista no le interesa eso. Viene y se va".
Personaje
ANFITRION - "El Chino", como lo conocen todos en Valizas, se llama Ibis Veiga Molino y tiene 74 años. Es famoso, entre otras cosas, por su generosidad a la hora de hospedar personas en su casa y por haber sido un intrépido pescador. "A veces vienen muchachos y me dicen que no tienen donde quedarse y yo los dejo que se queden aquí. Ahora tengo como a 13 o 14 durmiendo arriba", dice con una sonrisa mientras se retuerce sus manos arrugadas. El Chino también es conocido por sus novias. "Nunca tuve una que fuera de Valizas", confiesa. De joven, asegura que iba mucho a bolichear y que allí conocía a chicas de Montevideo o de Buenos Aires.
PROSAPIA. Su apellido, Veiga Molino, se reitera entre los residentes de Valizas. El escritor y ceramista Francisco Prieto explica: "La hermana del Chino y su madre iniciaron la pesca en Valizas. La madre, Elizelda Molina, fue algo así como la fundadora del pueblo, ya que fue la primera en venirse para el otro lado del arroyo, cerca de la playa. La familia Veiga fue una de las primeras, y Elizelda crió alrededor de 20 niños, la mitad de ella".