Se dice

QUE el Director de Trabajo debería ser más prudente en la emisión pública de sus opiniones, no formulando análisis "a la ligera" sobre asuntos de su competencia.

QUE mientras China avanza hacia el capitalismo, el Presidente electo de Bolivia se ha declarado gran admirador de Mao y su "revolución proletaria".

QUE continúan activos los piratas, abordando barcos especialmente en Asia, pero también en zonas próximas a Venezuela y Perú.

QUE los cortes de ruta realizados en Argentina para entorpecer el turismo y el transporte de cargas hacia Uruguay han tenido efectos perjudiciales que recién se empiezan a aquilatar.

QUE los fondos de la provincia argentina de Santa Cruz, enviados fuera del país por el entonces gobernador Kirchner, no han vuelto a su lugar de origen, como lo anunciaron en agosto pasado el hoy presidente y el actual gobernador.

QUE no es bueno que haya ausencia de diálogo entre los presidentes Vázquez y Kirchner en torno de la instalación de plantas de celulosa en Uruguay.

QUE no convencen las explicaciones del ministro del Interior ni las de la jefa de Policía de Maldonado, acerca del aumento de la delincuencia en Maldonado.

QUE en consecuencia, es oportuno el llamado a sala para dicho ministro, tal cual lo han planteado los legisladores del Partido Nacional.

Resolución antológica

No tiene desperdicio, ni desde el punto de vista gramatical ni desde el histórico, la resolución del Ministerio de Educación y Cultura por la cual se declara monumento histórico el edificio "El Planeta" de Atlántida. Y que sea precisamente esa Secretaría de Estado, la que registra el mérito.

La lectura de sus Resultandos comienza por incluir un grosero neologismo al mencionar las pautas "proyectuales" (¿) del propietario inicial del inmueble, utilizando un término que no figura en el Diccionario de la Real Academia, para continuar aludiendo a la existencia de un proyecto "Uruguay Balneario", iniciado, dice, "por el batllismo, continuado y consolidado por el neobatllismo y el terrismo", en una mezcla histórica, artística y arquitectónica que ni las partes mencionadas deben reconocer ni aceptar.

Hasta ahora, los errores, —y a veces horrores—, gramaticales y de redacción que se incluyen en el texto de las leyes aprobadas clamaban a gritos por un corrector de estilo en la sede del Parlamento. Con el ejemplo que se cita, pareciera que también hace falta otro para las resoluciones ministeriales. Aunque se trate del Ministerio de Cultura.

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