Triángulo en medio de la ciudad hostil

| Con cierto retraso se conocerá en Uruguay este film del muy personal director Tsai Ming-liang

El cine del sudeste de Asia se ha venido afirmando crecientemente a lo largo de la última década o un poco más, y Viva el amor, que se estrena hoy en Cinemateca 18, puede ser otro ejemplo de ese fenómeno. Se trata de uno de los primeros trabajos del taiwanés Tsai Ming-liang, el autor de Rebeldes del dios Neón y El río.

Tres personajes, May, vendedora de bienes raíces, Hsiao-Kang, homosexual y vendedor de nichos, y Ah-Jong, vendedor ambulante de ropa, tienen en común un departamento al que concurren para descansar a distintas horas del día. La historia transcurre en Taipei, ciudad que en los 80 tuvo un auge en la construcción por lo que abundan los departamentos deshabitados o para alquilar. May está ansiosa por ser amada y encuentra en Ah-Jong al hombre que convierte sus sueños en realidad. Sólo en tres oportunidades se produce alguna conversación. El resto es el estudio de gestos, miradas, manos, expresiones de rostros. El sonido ambiente opera como un cuarto personaje.

DIRECTOR. En la década de los noventa, en una revisión del cine taiwanés presentada en Montevideo por la Cinemateca, se conoció la ‘opera prima’ de Tsai Ming-liang, Rebeldes del dios Neón que era una visión desesperada y pesimista de una ciudad violenta, con luces encandilantes y máquinas electrónicas, jóvenes y adolescentes incapaces de experimentar y transmitir sentimientos pero capaces de rechazar ese mundo de cemento, el Sida y la ambigüedad sexual.

Las películas que Tsai ha realizado hasta ahora (Rebeldes del dios Neón, Viva el amor, El río, El agujero, ¿Qué hora es ahí?) transcurren en lugares anodinos, generalmente en interiores y en los que lo que ocurre es la no-acción, mientras pasa el tiempo o se consume la vida, en un procedimiento que conduce a una reflexión existencial. El crítico argentino Eduardo Russo ha descrito a esas películas como "fábulas de la disolución", con personajes inescrutables, sin recuerdos ni emociones (a lo sumo experimentan el dolor físico), entre una desesperación muda y una forma la indolencia. Es un cine que proviene del maestro japonés Yasuhiro Ozu y del Truffaut más entrañable (los Rebeldes del dios Neón son parientes del Antoine Doinel de Los 400 golpes, se ha dicho), pero con la perspectiva de observador externo y ajeno.

Tsai nació en Malasia en 1957, se mudó a Taiwan para estudiar cine y decidió quedarse, hizo teatro experimental y televisión, adaptó a Brecht, y en 1992 pudo hacer su primera película. Quienes han seguido de cerca su obra la definen como un "cine del exilio" donde la mirada de los personajes se pierde en la nada, los espacios (solitarios o vacíos, propios o usurpados) son un refugio ante la mirada de los otros donde puede abrirse un agujero, es decir una salida. Esos personajes pronuncian frases dispersas y no obtienen respuestas, con un distanciamiento que probablemente provenga de su experiencia teatral con Brecht. En los films de Tsai no hay música, pero abundan los silencios. Cuando cada acción comienza, no se entiende qué pasa. Luego, de a poco y en la misma toma sin corte, se va revelando un sentido que crece junto con la perplejidad del espectador. Pocos cineastas contemporáneos han alcanzado esta forma de expresión tan personal, con una densidad que obliga al espectador a seguir pensando cada película bastante después de haberla descubierto.

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