Tuvimos en Montevideo varias delegaciones de los países del continente convocados por el Mercosur. Hoy más que aventurarnos hacia el análisis actual y futuro del bloque regional, que está en una etapa de definiciones cruciales que marcarán las posibilidades de subsistencia, existencia y coexistencia, nos referiremos a uno de los países concurrentes: Chile.
Es evidente que el país, sus gobiernos y su pueblo han marcado un rumbo diferente del resto de los del continente. Esta senda elegida y seguida ha logrado mejorar notoriamente la performance de y en sus políticas internas y externas, logrando con ello avanzar en todas las áreas que hacen a la vida nacional, desde la economía a lo sociocultural. Y también en la percepción de la estima que de sí mismos tienen y que generan en el exterior. Están en el Mercosur y tienen tratados de libre comercio bilaterales, cosa que los sitúa en una envidiable posición para continuar en la senda del progreso de forma acelerada.
Analicemos brevemente algunos conceptos para desentrañar algunas verdades atrás de estos logros.
La situación geográfica no es hoy una limitante que imposibilite el desarrollo nacional. Chile está en este continente, que se dice relegado, postergado y dominado por fuerzas políticas y del mercado. No sólo eso, tampoco es el factor distancias y tiempos; ya no corre aquello que había que estar en el lugar y el momento adecuados para alcanzar el progreso de los pueblos. Hoy Chile, en un continente que sigue rezagado, en medio de una región que no logra encaminarse de forma consistente y coherente hacia el desarrollo, integrando el bloque mercosuriano pero manteniendo la independencia y autonomía para sus convicciones políticas, se despega del no se puede, que en realidad debiéramos leerlo como "no se sabe, no se decide, no se aprende". En Uruguay sería el "no se quiere" por decir lo menos, pues lo otro sería que sabiendo no lo decidimos, o que ignorándolo nos negamos a aprender.
La segunda noción viene de alinear los conceptos de país, gobiernos (en plural) y pueblo. Chile, sus gobiernos y su pueblo han elegido un rumbo diferente, y lo han seguido a través del tiempo de forma consistente: han definido las bases de una política de Estado. A modo de ejemplo, la pobreza se redujo entre 1990 y el 2005 de 40% a 18%, y sólo en el período de gobierno que finaliza el producto per cápita pasó de 6.000 a 12.000 dólares. Esto se explica por la continuidad de sus políticas, la capacidad de concertar, organizar y coordinar, la voluntad compartida y el accionar conjunto en todos los estamentos de la sociedad. Hay objetivos claros, delineados y aceptados por amplias mayorías transpartidarias. Hay planes estratégicos prospectivos con amplia participación de la sociedad en su diseño, definición y consecución. Hay voluntad de distribuir sus beneficios en y entre la comunidad.
Volvamos ahora al Uruguay. ¿Por qué no estamos mejor de lo que estamos?, y más preocupante, ¿por qué no vislumbramos un futuro mejor? Por muchas razones: no tenemos una visión de conjunto, un objetivo común, un camino compartido. Practicamos más la discusión que el diálogo. Optamos por frágiles e incongruentes políticas partidarias excluyentes en lugar de buscar las de Estado, nacionales e incluyentes. Vivimos el presente atrapados por el pasado en lugar de vivirlo en función del futuro posible. Tenemos pavor de coincidir. La experiencia chilena nos toca de cerca. Nos dice que es posible. Que está en nosotros hacerlo. Que el esfuerzo da sus frutos. ¿Podremos cambiar?