LA NACION | GDA
Uno de los intelectuales italianos más destacados, Giovanni Sartori es autor de "Partidos políticos y sistemas de partidos", "¿Qué es la democracia?" y "Homo Videns".
—¿Qué es lo que Francia ha hecho mal para encontrarse en la situación actual, jaqueada por los disturbios que provocan inmigrantes e hijos de inmigrantes?
—Francia se equivocó tanto como otros países, no más. El error más grande de Francia es que tiene demasiados inmigrantes. Y cuando un problema es intratable por su propia naturaleza —y el de este tipo de inmigración lo es— es mejor tener de eso lo menos posible. Lo que ocurre en Europa no es análogo a lo que pasa en América. Aquí no existe el problema de las inmigraciones clandestinas masivas que sí hay en Europa. Cuando los europeos dicen que los Estados Unidos resolvieron el problema de la inmigración se equivocan. Los Estados Unidos nunca tuvieron una inmigración islámica. Pero tan difíciles son los conflictos que plantea la inmigración en general que ahora ellos tienen dificultades con la concentración de latinoamericanos, que se encierran en comunidades, hablan su propia lengua, no aprenden inglés. Así, un problema relativamente fácil, como debería serlo la integración de las poblaciones latinoamericanas, se está complicando, aún sin que exista el obstáculo religioso, que es la gran dificultad que enfrenta Europa, porque allí se encuentran dos religiones monoteístas. El problema de fondo es que una sociedad democrática es necesariamente una sociedad laica, porque se funda sobre la voluntad del pueblo y luego sobre ciertos valores que también son promovidos por la Iglesia. La sociedad islámica, en cambio, es teocrática porque está fundada sobre el principio de la voluntad de Dios. Por eso la integración es difícil: si manda la voluntad de Dios no manda la voluntad del pueblo, y viceversa.
—Si Francia no se equivocó más que otros países europeos, ¿por qué el conflicto estalló allí y no en Alemania, en Inglaterra o en Italia?
—Estas explosiones son siempre casuales. No hay una explicación sociológica o económica, son chispas que de vez en cuando se encienden en un punto no previsible. En Alemania es distinto. Allí la inmigración es turca, no magrebí. En Italia podría suceder lo mismo que en Francia, la diferencia es que esa inmigración en Italia es todavía mucho menor, entonces el potencial de confrontación también lo es, porque falta la masa crítica. En cuanto a Inglaterra, hay allí muchos paquistaníes, pero la paquistaní es una población bastante civil; las poblaciones más inarticuladas son las africanas.
—En Francia, la mayor parte de los jóvenes que provocan los disturbios también son franceses.
—Eso confirma lo que siempre he sostenido: no se produce la integración de los inmigrantes sólo dándoles la nacionalidad. Uno les da la nacionalidad y crea una población que vota y condiciona mucho. Esto no resuelve el problema de la integración, sino que multiplica los problemas internos. Porque si uno tiene dentro de su país grandes minorías que tienen derecho a voto, éstas obtendrán siempre más concesiones que son, justamente, aquellas que le hacen mal a la integración, como la posibilidad de estudiar en escuelas separadas del resto, por ejemplo, y otras que, según mi punto de vista, son contraproducentes.