Un enfoque magistral

| Los funcionarios de los entes se disponen a pelear por su privilegio; el futuro del país está en juego

PCI & PCE | Escribe: dr. CARLOS MAGGI

Michel David-Weill, uno de los hombres más inteligentes del mundo, escribe: —"Mi ventaja fue descubrir a mediados de los años setenta que la mundialización era un fenómeno incontenible y además incompleto. Acompañé la gestación y el parto de la "sociedad de la información", desde Nueva York, París, Londres, Hong Kong ...

Mi tarea consiste en entender el mundo y anticipar lo que va a venir: desenredar la incertidumbre y remediar la carencia de datos.

Si hubiera "Información Total", el mercado sería perfecto. Pero estamos lejos de ese momento.

Tan es así que sigue habiendo países sometidos a un programa económico impracticable. Por algún tiempo pueden sobrevivir, beneficiados por la insuficiencia de la información, pero la expansión de los datos desacomoda cada vez más, a los retardados.

Cuando el proceso del conocimiento global se haya completado, el voluntarismo habrá muerto definitivamente. El voluntarismo es hijo de la desinformación y de las confusiones. Un mercado (un país) que realmente supiera lo que le conviene, calificaría cada oferta de manera instantánea, al recibirla; le bastaría tener la fórmula (precio, calidad, riesgo y beneficio) para poder decir SI o decir NO, en forma fulminante.

Pero sucede que la globalidad está en construcción; todavía se encuentran lamparones, pueblos y gobiernos anacrónicos, que desafían las leyes del mercado.

COMENTO: Es un hecho diferencial y grave, que los uruguayos sean los únicos partidarios de mantener empresas públicas industriales y comerciales, cuando ya no queda en el mundo, ningún país evolucionado que mantenga la mitad de su economía en manos de funcionarios públicos. Y es más grave aún que los sindicatos más poderosos, pertenezcan a la burocracia.

David-Weill:

—"Un gobierno fuera de su tiempo, no atiende a los indicadores, ni a las variables; pinta la realidad, bajo un manto de sueños y de pronto avisa: Voy a revaluar. O dice: Voy a devaluar. Y a veces no sólo lo dice ¡Intenta hacerlo!

COMENTO: Hay gobiernos que mantienen el valor del dólar y después no se explican la inflación que sobreviene. Le sucede al señor Kirchner que hizo cualquier cosa con tal de ganar las elecciones. Forzar la realidad es temerario. El señor Domingo Cavallo, pergeñó la ley de inconvertibilidad, duró un tiempo y fue famoso; pero terminó víctima de un corralito explosivo.

Arthur Nussbaum, autor de un formidable tratado sobre derecho monetario escribió al respecto: "Prometer no devaluar es como prometer no enfermarse." Con las inversiones, que son la llave del crecimiento, suele pasar lo mismo. David-Weill dice:

—"La inversión o la desinversión funcionan como un precio cualquiera, actúan por vasos comunicantes. Los movimientos de la inversión son olas que se forman con legión de opiniones, a veces a favor o a veces en contra. El gran dinero se desplaza como una marea que deriva de las expectativas; son coros que abarcan el mundo entero (‘Fiebre del oro’, ‘efecto Klondike’ o sus contrarios: fobia, pánico, fuga de capitales)".

ANTES DE LA UE. Por momentos (David-Weill habla de Europa a principios de los años 90) y su texto dice, palabra por palabra, nuestro monólogo interior de ahora, diez años después. Es que ahora sucede aquí (debut de la izquierda en el gobierno) lo mismo que sucedió en el Viejo Continente. Prodi, Blair, Jospin, Schroeder, a mediados de los años 90, llevaron la reforma hasta sus últimos límites, era inevitable y fueron capaces de hacerlo. Pero David-Weill escribió antes de que se iniciara ese proceso innovador, por eso parece escribir para el Uruguay del 2005, en medio de un país quedado y confundido.

—"Europa se defiende de los peligros de la globalización económica, en lugar de aprovechar sus ventajas. Los gobiernos que tratan de frenar el tiempo, son arrastrados. Ese raspaje a contrapelo, no evita las consecuencias negativas de la globalización; pero en cambio disminuye enormemente la posibilidad de beneficiarse con sus efectos positivos.

Europa añora la inflación, el déficit fiscal y todas las enfermedades de un país regulado por el Estado... donde el Estado no debe regular. Francia debe dejar de equivocarse; no ya de generación, sino de siglo.

No me refiero a valores morales o sociales, no califico voluntades o intenciones; no defiendo un punto de vista político; sólo me refiero a la mecánica de los hechos.

Es extraño comprobar que los gobiernos que calificaron al marxismo como una utopía, se hayan ido quedando y quedando, sin percibir que la utopía se desplazaba. Actualmente el Estado paternal es una utopía, que se vino al suelo; vivir a la sombra de un error histórico, provoca esto que estamos viendo: derrumbes históricos". (Lector: piense en las crisis que nos azotan cada pocos años). "La solidaridad, cuando no tiene bases de buen gerenciamiento, se transforma en egoísmo. Cada uno va por la suya. (Pa mi, pa mama y pa loj gurise). Cada traición a las reglas del saneamiento financiero, se refleja en los indicadores. En un mundo que brinda más oportunidades de las que nunca hubo, Europa crece menos que nadie y acumula 18 millones de desocupados. Son datos que dan la medida de la soberbia, de la cultura narcisista y poco enterada, que padecemos.

COMENTO: Por soberbia y por ignorancia, el Uruguay mantuvo una estructura insostenible. David Weill puntualiza: "Europa, con la sola excepción de Gran Bretaña, quiso proteger a su población de los efectos de la competencia; y puso tantos edredones, que terminó por asfixiarse en medio de la blandura de las plumas. La intención era loable; pero los resultados están a la vista: depresión de las expectativas y ánimo deshecho. Las encuestas son cada vez más mortales: la mayoría de los franceses viven aterrorizados por la posibilidad de perder sus entradas fijas. Los gremios declaran: "Toda innovación nos perjudica." Aunque las cosas vayan de mal en peor, no quieren cambiar; no son capaces de atreverse; se han hecho adictos a la paternidad del Estado.

Nada desprotege más, que una buena sarta de protecciones anacrónicas. COMENTO: se ruega pensar en los entes autónomos, en los funcionarios inamovibles, en los monopolios públicos, en los que quieren "sostener" el dólar o restringir las importaciones). David-eill: "Hay muchos remedios que agravan las enfermedades. Se puede morir de curaciones equivocadas. Cada empleo que se mantiene injustificadamente, impide la creación de dos empleos auténticos. Hay países que viven cada vez peor, deambulando por un museo de momias laborales; allí, el futuro imita al pasado y por eso van para atrás.

Hay una relación inevitable entre ciertos indicadores:

Mayores impuestos = menor crecimiento.

Menor reglamentación = mayor cantidad de empresarios.

Mayor cantidad de empresarios = mayor crecimiento.

Más empresas = menos desocupados.

Menos desocupación = más salario

Estos encadenamientos los conoce todo el mundo, aunque ciertos grupos y su elite prefieren no enterarse. Cuando la vanguardia del pensamiento está confundida, la confusión se generaliza y empieza a crecer la injusticia social. La Administración Pública es una forma de la esclavitud que dura todavía. Todo funcionario recibe un trato cuantitativo, vale decir: no existe como persona; sólo existen los grandes números, que siempre son adversos, por que el empleador, el Estado, actúa al barrer y además está fundido; y además no tiene interés en lograr eficiencia".

COMENTO: Los entes autónomos forman una aristocracia. La inamovilidad en las empresas del Estado (que no está establecida en ningún lado) y las remuneraciones diferenciales nacen de una ilusión. Se piensa que esas empresas van a recaudar ejerciendo el comercio y la industria. Pero la realidad del mundo demuestra que la burocracia y los monopolios que destruyeron la Unión Soviética; y del mismo modo, la burocracia dorada y los monopolios destruyen el Uruguay.

En China continental vieron venir esta catástrofe, observaron la muerte de la Unión Soviética y suprimieron la inamovilidad y los monopolios.

Los entes autónomos son incapaces de crear riqueza.

David-Weill: "Si el gobierno tomara una jurisdicción departamental y le impusiera una fiscalidad y un marco laboral similar al de Singapur o Hong Kong, en muy poco tiempo comprobaría que esa región crece a las mismas tasas que el Sudeste asiático.

COMENTO: Se habla de inversiones ¿Quién se propone hacer fortuna en un país con altos impuestos y rebosante de empleados públicos abroquelados en organizaciones todopoderosas?

Si seguimos con los señores feudales en Antel, Ancap y UTE, la crueldad del sistema capitalista, lejos de atemperarse, se hará más brutal; quien no baja sus costos (sea empresa o país) no vende y queda marginado.

Me sorprendo cuando hablo con gente inteligente que despotrica contra el modelo económico actual (es salvaje, es despiadado, es inhumano); lo dicen, se despreocupan de tomar precauciones para defenderse de semejante amenaza. Quedarse dormido no es la mejor manera de enfrentar a un león que viene acercándose; tampoco parece racional pensar que como es feroz, no existe; y más irracional me parece, esperar que el león sea vencido mediante una revolución universal. No creo que nadie se juegue entre nosotros, a que el año 1917 esté por repetirse en esta región.

—En mi época de estudiante —dice David-Weill— la oposición radical al gobierno proponía cambios radicales. El absurdo de las sociedades actuales es que la oposición radical propone el Statu Quo: dejar todo como está. Su propuesta de futuro es el pasado al cual, siempre consideraron terriblemente injusto.

COMENTO: ¿Alguien puede pensar que dejando todo como está, los pobres van a ser menos pobres, en virtud del Plan de Emergencia u otros similares? "Las medidas no deben respetar la forma de la tradición; deben respetar el objetivo de la tradición: el humanismo" - dice David-Weill

¿Nadie pensó nunca que las empresas públicas más grandes pudieran fundirse? Pero ese es el espectáculo al cual estamos asistiendo. Su única tabla de salvación consiste en aumentar groseramente las tarifas (el costo-país) y en suprimir su contribución a Rentas Generales.

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