La imagen del justiciero por mano propia tiene por cierto una larga prosapia cinematográfica, y un pasado aún más antiguo si se retrocede hasta sus orígenes en el mundo real. El término corriente aplicado al fenómeno en los Estados Unidos ("vigilante", en español) proviene de hecho de la frontera: en el Oeste sin ley del siglo XIX, los "vigilantes" eran grupos de ciudadanos que aplicaban una justicia sumaria contra asesinos y ladrones. Con cierta facilidad, aunque no siempre, podían convertirse en meras partidas de linchadores.
La palabra "vigilante" se pronunciaba para definir al personaje protagónico de El vengador anónimo, aquella película de Michael Winner en la que Charles Bronson interpretaba a un arquitecto que tras el asesinato de su mujer y la violación de su hija salía a la calle con una pistola para eliminar a delincuentes diversos. La película y sus tres secuelas (cada una de ellas peor que la anterior: la primera, por lo menos estaba resuelta con cierto oficio) conectaban muy fácilmente con inseguridades urbanas y prejuicios arraigados, entre estos últimos la idea de que las garantías individuales son una treta para favorecer a los culpables, y no para proteger a los inocentes del abuso de poder.
Exploraciones más profundas de la raíz social de la violencia y sus efectos enfermizos han sido propuestas por gente como Martin Scorsese, que en Taxi Driver pudo describir la Nueva York nocturna como una variante laica y terrena del infierno, y a su protagonista Travis Bickle, interpretado por Robert De Niro, como un psicópata cuyo comportamiento podía confundirse, irónicamente, con el de un héroe, y hasta Joel Schumacher, que no ha sido solamente el responsable del hundimiento de Batman sino que en algún momento de su carrera pudo hacer alguna cosa más inteligente como Un día de furia, donde el personaje encarnado por Michael Douglas entraba en una creciente espiral de violencia ante estímulos externos cada vez más insignificantes.
Cabe razonar empero que el énfasis de los medios corporativos norteamericanos de hoy se están volcando empero hacia el otro lado de la frontera institucional a la hora de tratar el tema. En la televisión, por lo menos, no se quiere últimamente a los "vengadores anónimos", sino a policías y médicos forenses que cumplen con su deber. Quizás en la Argentina sea más difícil convencer al público de que esa gente existe.