Berlín - Una exposición titulada Rundlederwelten (Mundos redondos de cuero), parte del programa cultural del Mundial de 2006, muestran los múltiples vínculos existentes entre el fútbol y el arte, que van desde evidentes inspiraciones visuales a partir del balón o el campo de juego hasta temas de la mitología popular.
Vídeo, escultura, instalaciones y fotografía forman parte de la gran exposición, que se exhibirá entre el 20 de octubre de este año y el 8 de enero de 2006 en el edificio Martin Gropius de Berlín.
La comisaria de la exposición, Dorothea Strauss, advirtió hoy en reiteradas ocasiones que las obras exhibidas no necesariamente tienen que entenderse dentro de un contexto futbolístico puesto que cada una de ellas fue creada en el marco de una reflexión estética personal en la que el fútbol fue inicialmente algo sólo marginal.
Tal es el caso, por ejemplo, de una pieza del uruguayo Federico Arnaud que originalmente formaba parte de una instalación titulada El juego de los milagros en la que el artista utilizaba, según explicó hoy a EFE, imágenes del vía crucis de Cristo para explicar el vía crucis latinoamericano.
La pieza que llegó a la exposición es una mesa de futbolín, hecha de madera rústica, y los jugadores son los integrantes de la Sagrada Familia representados por figuras claramente barrocas, que Arnaud fue recolectando en mercadillos.
Ahora, la pieza esta rodeada de otras obras relacionadas con el fútbol, y con la mitología del fútbol, lo que le da una nueva dimensión.
"Hay expresiones de fe que están vinculadas con el juego y en el juego hay una catarsis que está relacionada con lo que en otro tiempo fueron expresiones de fe", dijo Arnaud.
Una mesa de futbolín convertida en altar muestra el vínculo entre el fervor religioso y el fervor de un hincha por su equipo.
Otra instalación, de la turca Esra Essen, muestra cómo una bandera alemana se va convirtiendo, a través de un proceso de deconstrucción y reconstrucción para el que se utilizan tijera, aguja e hilo, en la bandera del Galatasaray de Estambul.
Ambos ejemplos juegan con los cambios de identidad que para Dortohea Strauss es uno de las constantes que se observan a lo largo de la exposición.
Otra vertiente de la exposición es la que recurre a las imágenes de los jugadores como iconos o fetiches.
De un lado, está un retrato de Franz Beckenbauer, hecho por Andy Warhol en los años setenta, y a su lado un diamante y una uña en una vitrina con el enigmático título "Pierna derecha del lateral izquierdo".
Sólo al leer la explicación del artista Jochem Hendricks nos enteramos de que se trata de un diamante sintético hecho a partir la pierna de un amigo de Hendriks que tuvo que ser amputada con lo que el lateral izquierdo -en sus tiempos libres- se quedó sin poder jugar al fútbol.
Otras obras prescinden de ese tipo de alusiones biográficas o psicológicas y se concentran en aspectos meramente plásticos del juego.
Tal es el caso de la escultura "Penalti", del inglés Satch Hoyt, hecha de lengüetas de botines para jugar al fútbol y que muestra a un jugador en actitud de rematar a puerta.
Otro ejemplo es el de la instalación del rumano Serge Spitzer en la que un balón rueda permanentemente sobre una mesa: el balón rodando hipnotiza.
El alemán Markus Lüpertz, en el cuadro que abre la exposición, presenta sencillamente el retrato de un balón e Ingeborg Lüsher presenta un partido entre el Grasshoper Zürich y F St. Gallen con la particularidad de que los jugadores están vestidos con traje y corbata y al final del partido intercambian chaquetas.
El afiche de la exposición muestra a Franz Beckenbauer sosteniendo contra una pared dos naranjas con la cabeza y el hombro.
En la exposición, es posible tomarse la misma foto haciendo el mismo gesto -para hacer una vez en la vida lo mismo que Franz Beckenbauer- y luego mandar la foto al artista Erwin Wurm para que la devuelva firmada.
EFE