Daniel Beltrán Rohr | Corresponsal
Con la presentación por primera vez en la capital española del Ballet de La Scala de Milán, el Teatro Real inaugura su temporada artística.
Más de 100 años de existencia avalan la reputación internacional de este cuerpo de danza, uno de los más prestigiosos del mundo, que presenta bajo la dirección de Frédéric Olivieri tres grandes obras del siglo XX: Theme and variations, coreografía de George Balanchine (realizada por Patricia Neary ) y música de Tchaikovsky; The Cage, coreografía de Jerome Robbins (realizada por Jean-Pierre Fronhlich),con música de Stravinski y La consagración de la primavera de Maurice Béjart (realizada por Gascard Y. Karkevitch) y música también de Stravinski.
Este grupo de corte clásico fundado en 1878 es el de mayor tradición en Europa "con una media de 69 representaciones por temporada, a las que hay que añadir 50 funciones en gira", según explicó Antonio Moral, director artístico del real.
La primera pieza del programa, creada por Balanchine (San Petesburgo 1904- Nueva York 1983) y estrenada en 1947 por Alicia Alonso, rinde un homenaje explícito al Grand Ballet de San Petesburgo y a sus máximos maestros, Marius Petipa y Piotr Illich Tchaikovsky.
Mientras The Cage que lleva por música el Concierto en Re que Stravinski compuso en 1946, se inspira en el mundo fantástico y primordial de los fenómenos naturales. El mito eterno e inmanente de la existencia se cumple en las infinitas y feroces leyes de la naturaleza, donde la lucha por la perpetuación de la especie animal hace del macho la presa buscada por la hembra.
El ballet muestra en escena una sociedad totalmente femenina, aunque no la componen mujeres guerreras, sino insectos y su argumento habla de un enjambre cuyas hembras devoran a los machos después de copular con ellos.
Tras una oscuridad absoluta en escena y unos acordes amenazadores, el público ve una estructura de cuerdas que cuelgan sobre el escenario y se tensan en el momento en que un relámpago de luz ilumina durante un instante el lúgubre espacio escénico.
La danza que sigue propone una especie de relectura del segundo acto de Giselle analogía revelada por el propio Robbins, sobre todo como justificación de un trabajo que algunos consideraron en su estreno en 1951 desagradable, demasiado explícito o incluso repugnante.
Así igual que en el segundo acto de la mencionada Giselle, también en The Cage aparece una sociedad femenina donde los hombres entran bajo su propia responsabilidad y, al igual que Myrtha, que en escena llama a las willis y a Giselle para que bailen en el bosque, la Reina de The Cage da a luz una nueva criatura destinada a cumplir los acontecimientos de que han sido testigos los presentes. En la réplica de Robbins a Giselle está ausente la perspectiva de salvación con que concluye el ballet original: ningún hombre sale vivo del escenario en el ballet de Robbins.
La última de las obras que presentará La Scala es La consagración de la primavera, con coreografía de Béjart (Marsella 1927) estrenada en 1959, recrea el simbolismo de la primavera como la unión del hombre y la mujer, la vida y la muerte. "Se trata de un ballet que no sólo implica un gran esfuerzo físico, sino además psicológico" según Massimo Murru, primer bailarín de la pieza.
La acción se abre con una humanidad postrada en el suelo que aún se siente aplastada por el peso del no conocimiento; cuerpos tendidos, casi informes, que piden luz. Luego esos seres empiezan a moverse torpemente y a pasar de posturas animalescas y que recuerdan las pinturas primordiales, a una actitud humana.
Del magma confuso de estos cuerpos, de sus movimientos bruscos, se ve expulsado el joven elegido y también es expulsada una compañera, la Elegida, en el grupo de mujeres, que todavía no son conscientes de lo que está sucediendo, pero cuyos movimientos ondulantes tienen algo de conmovedor. Tras ese arduo aunque feliz parto las dos filas, la masculina y femenina, se cierran cada vez más y chocan entre sí con movimientos cada vez más fuerte y audaces. Cada una de ellas propone su propio "campeón" para el sacrificio. La unión de esos dos cuerpos vírgenes e inocentes hará que quede aplacada la plenitud de una primavera incontrolada como las aguas de un torrente de montaña venciendo la armonía sobre la violencia.
"Son tres obras de arte. Un programa muy bello y equilibrado" afirmó el director artístico de la compañía, Frédéric Olivieri, la única que tiene los derechos para representar la coreografía de Béjart en Europa y los de The Cage en Italia.