fabian muro
Los tugurios de mala muerte y sus habitués —prostitutas, pendencieros de pacotilla, vividores y otros especímenes de los recovecos urbanos— constituyen los ambientes principales de La ciudad del pecado, la más reciente película de Robert Rodriguez que se estrena hoy en Montevideo, el hombre-orquesta del actual cine estadounidense. En rigor, se trata de una producción en la que Rodriguez comparte la dirección. El tejano de ascendencia mexicana quiso a toda costa tener a Frank Miller —autor del cómic en el que se basa la película— a su lado para llevar a la pantalla grande los expresivos dibujos de la historieta.
En el film, Rodriguez y Miller entrelazan tres historias que ocurren en la impiadosa y pecaminosa ciudad y que involucran a personajes como un matón vengativo, una prostituta de buen corazón, un político corrupto y otros desgraciados exponentes de la fauna nocturna de la urbe. Los fanáticos del cómic reconocerán en la trama los argumentos de Sin city (primera y mejor entrega de la historieta), Ese bastardo amarillo y La gran masacre).
Filmada en un furioso blanco y negro, la película fue realizada con la mayor fidelidad posible a la historieta. Rodriguez incluso llegó a declarar que la película es más de Miller que suya: "No quería hacer La ciudad del pecado de Robert Rodriguez, sino la de Frank Miller", dijo el director a la revista Newsweek.
La determinación de Rodriguez —un tejano de ascendencia mexicana— le causó algún que otro problema. El primero, que el Sindicato de Directores de Estados Unidos no aceptaba que en los créditos de dirección figurara alguien no afiliado a ese gremio. "Me importó un carajo. Simplemente renuncié al sindicato. Siempre sentí que mi presencia ahí de alguna manera le daba un barniz de correción política al gremio. Tipo ‘nosotros somos tan amplios que le damos espacio a las minorías étnicas’. Así que no me costó mucho desafiliarme".
CONVICCION. El mayor obstáculo no fue empero la negativa del sindicato de directores en admitir a Miller, lo que le impide al film presentarse como candidata a los Oscar, por ejemplo. "No, lo que más trabajo me costó fue convencer a Miller", comentó el cineasta. El autor del cómic casi desarrolla una alergia a todo lo relacionado con Hollywood luego de amargas experiencias como guionista (co-libretó las secuelas de Robocop). Miller ya había rechazado más de una decena de ofertas para adaptar al cine su más preciada creación: "Esta serie es mi hija. Nadie, y mucho menos alguien Hollywood, me la va a quitar. Sé lo que hacen en Hollywood con este tipo de cosas: la convierten en una obviedad con un final feliz", alegó.
Tampoco Rodriguez tuvo suerte en su primer intento. Hace dos años, el director se tomó una avión desde su Austin natal a Nueva York, para presentarle en persona su proyecto a Miller. Pero éste volvió a negarse. "Lo busqué, lo encontré, le hablé y me dio la impresión de que le gustaba lo que yo le planteaba, pero igual dijo que no. Así que me fui de vuelta a casa y empecé a filmar unas secuencias. Llamé a Frank y le pedí que me visitara: ‘Si no te gusta, igual te llevás un cortometraje para tu casa’, le dije".
Cuando Miller llegó al plató, Rodriguez ya había filmado algunas escenas con el actor Josh Harnett (La caída del Halcón Negro), algo que impresionó al dibujante: "Me pareció que Robert ya había iniciado la película, no era una prueba. Y lo que vi terminó por convencerme". Miller constató que Rodriguez no solo quería —y podía— ser fiel a la historieta. También detectó en la metodología de trabajo del cineasta un punto de contacto con la suya.
CELOS. Ambos creadores son celosos de sus obras. Luego de años de trabajar para editoriales como DC Comics y Marvel, Miller se cansó de ver cómo sus personajes o enfoques argumentales eran bastardeados y decidió que nadie haría lo mismo con Sin City. "Guionar y dibujar esta saga fue, básicamente, la respuesta a una necesidad personal y por eso me encargué de todo: guión, dibujo y entintado. Y nunca pensé que algo tan personal pudiera interesarle a alguien más". Pero la serie fue instantáneamente aceptada por los seguidores del autor.
Rodriguez, por su parte, siempre se asegura por contrato el corte final de sus películas y se encarga de muchos otros rubros como edición, guión, musicalización, efectos especiales y fotografía. Esa libertad tiene su precio y en el caso de Rodriguez esto se traduce en presupuestos acotados. Actualmente, una película que cuente con un elenco en el que figuran actores como Bruce Willis, Benicio del Toro, Clive Owen, Rosario Dawson, Elijah Wood y Jessica Alba requeriría de un presupuesto considerablemente mayor a los 40 millones de los que dispuso el director.
Pero Rodriguez sabe cómo sacarle el máximo rendimiento a cada billete: filma con cámaras digitales de alta definición, contrata al mismo y reducido equipo técnico para cada película y hace cuanto esté a su alcance para bajar costos (en las yapas de la edición en DVD de Miniespías 2, Rodriguez regala abundantes consejos acerca de cómo filmar barato y que se vea caro). Además, el director cuenta desde hace años con un contundente argumento a su favor cuando negocia con inversores: sus películas no solo siempre recuperan la inversión, también generan ganancias que, en relación a lo invertido, resultan significativas. La ciudad del pecado no es la excepción. Entre los ingresos recaudados en la taquilla norteamericana (Estados Unidos y Canadá) y aquellos de los países en los cuales la película se ha exhibido, La ciudad del pecado lleva ganados cerca de 140 millones de dólares.
La crítica ha elogiado la destreza narrativa y técnica de la dupla de realizadores, quienes además contrataron —por la simbólica suma de un dólar— a Quentin Tarantino como director invitado. Al mismo tiempo, se ha señalado que la película es demasiado violenta. Pero ni Rodriguez ni Miller le dan mucha importancia a esas objeciones. Para el autor de la historieta, además, la película le devolvió la fe en el cine como medio válido para expresar sus ideas: "Esta película tiene mis huellas digitales por todas partes. Y también las de Robert. Es como si hubiésemos tenido un hijo. Una hermosa y siniestra criatura".
¿El turno deAlan Moore?
El estreno de La ciudad del pecado vuelve a colocar en el centro de la atención a Frank Miller, un autor que revolucionó el medio de la historieta durante la década de los años ochenta, con historias unitarias como El Caballero Oscuro regresa, sobre Batman, y otras como Martha Washington y Hard boiled.
Pero Miller no es el único responsable del enfoque "adulto" que se le imprimió a los comics durante esa década. Tan importante como Miller fue el británico Alan Moore, responsable de títulos considerados como clásicos. Entre ellos Watchmen, tal vez la saga más lograda y ambiciosa sobre el tema de los superhéroes, con un intricado y exuberante guión y los notables dibujos de Dave Gibbons.
Hasta el momento, solo dos de las historias de Moore han sido adaptadas para la pantalla grande: Desde el infierno, con Johnny Depp como un detective tras los pasos de Jack el Destripador, y La liga extraordinaria, en la que Sean Connery lidera un grupo de "superhéroes" literarios, como Mr. Hyde, el Hombre Invisible y Dorian Gray.
Hace un par de años, se anunció que los hermanos Wachowski (Matrix) adaptarían V for Vendetta, otro libro fundamental de Moore. La película ya ha sido rodada y posproducida, pero el estreno se posterga una y otra vez. ¿Por qué? Porque V for Vendetta narra las andanzas de un "terrorista" que coloca bombas en el metro londinense para derrocar el gobierno de Su Majestad. Las similitudes con los atentados del 7 de julio en la capital inglesa frenaron en seco el proyecto y productores, guionistas y ejecutivos de Hollywood dan cabriolas en el aire para encontrarle una vuelta de tuerca a la historia que no hiera sensibilidades. Moore, en tanto, rechaza cualquier asociación con la película en particular y Hollywood en general.