Julia Rodríguez Larreta
La paciencia de los argentinos está llegando a sus límites, ante el abuso casi a diario al que se ven sometidos por los piqueteros que hacen literalmente lo que se les da la gana, ante la incomprensible pasividad del gobierno. A pesar de la provocación que significa para las autoridades, la reciente instalación de un campamento en la plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada.
Tal como si se tratara de esa historia que cuenta que después de mucho frotar una lámpara, surgió un genio ingobernable, al gobierno se le ha ido completamente de las manos este fenómeno. Si bien nació en un primer momento, fruto de una acción espontánea en tiempos de crisis, luego todo indica que ciertos políticos (Duhalde), los utilizaron como herramienta, por ejemplo, para hacer caer a de De la Rúa.
La actitud de su sucesor, en contraste con lo ocurrido bajo la presidencia radical, cuando la orden de reprimirlos terminó con dos muertes, precipitando el fin de la breve era delaruista, ha sido de una insólita complacencia.
La alta tolerancia gubernamental, más la financiación que los "desocupados" fueron adquiriendo a través de los planes de ayuda, no hicieron más que alimentar a estos grupos que pasaron a convertirse en verdaderas organizaciones. A poco que se les observe hoy en día, cuando cortan el tránsito, bloquean rutas y accesos o acampan en lugares estratégicos, se nota que estas movilizaciones, con dirigentes a menudo encapuchados y portando palos, con medios de transporte y comida para alimentar a los participantes, tienen que disponer de bastante dinero, porque estos movimientos cuestan, aunque nunca se sepa de donde sale el financiamiento.
FENOMENO. Pero lo que hoy parece bastante claro, es que a este fenómeno hay que verlo más bien como un problema cultural que económico y ciertamente teñido de política. El cual a la vez significa una fuerte competencia para el sindicalismo peronista que dominó el espectro laboral argentino durante cincuenta años y que últimamente está tratando de afianzarse bajo la dirección del autoproclamado líder único de la CGT, Hugo Moyano. Este tiene fluido contacto con el Presidente, a pesar de las acciones prepotentes que lleva a cabo, como cercar e impedir la circulación a los supermercados Coto.
Este dirigente forma parte del gremio de los camioneros, y fue justamente con camioneros que el otro día en Salta, se produjo un violento choque con unos piqueteros, que terminó con varios heridos.
El crecimiento económico producido en el país ha sido de más de un 9%, según cifras oficiales y el descenso de la tasa de desocupación un 2,7%, respecto del mismo período en el 2004, lo que da, según la medición del Indec, (Centro Nacional de Estadísticas y Censos), un índice del 12,1%, aunque esto sea contando como ocupados, a quienes reciben planes de ayuda social, porque sino llegaría al 15,7%, se supone que debería haber mitigado la intensidad de los reclamos.
Sin embargo, no es así y nuevamente, las acciones son en demanda de aumentos en los beneficios que reciben. Esto demuestra que por el contrario, al saberse que hay más dinero en las arcas del Estado, las exigencias aumentan y se ha visto también con el caos ocurrido en algunos hospitales como el Garrahan.
Así es que en la actualidad, se piden subsidios que representan subas que van del 50 %, a más del 100 %, o sea de $ 150 a $ 350 , mientras los controles sobre las contraprestaciones dejan mucho que desear. Sí se utilizan en cambio estas entregas, para un desembozado clientelismo, puesto en práctica tanto por los políticos, como por los propios dirigentes piqueteros.
REACCION. La reacción del gobierno por ahora es únicamente una fuerte condena verbal, oída de labios de ambos Fernández, el Jefe de Gabinete y el Ministro del Interior, los cuales han acusado a los piqueteros de ser los representantes de un grupo de izquierda, que al no haber logrado captar votos cuando las elecciones, realizan estas acciones de corte mediático para atraer a los desempleados o disconformes. En efecto, el piquetero D’Elía obtuvo el 0,6% en los comicios de la Provincia de Buenos Aires, en el año 2003.
Sin embargo, la inacción por parte de la máxima autoridad para detener estos desmadres que atentan una y otra vez contra el orden de la vida en sociedad, continúan para desesperación de la gente que pretende llegar en hora a su trabajo, a la cita con el médico, a la reunión de negocios o al colegio con sus hijos.
Parecería que el Presidente, a pesar de sus bravuconadas a diestra y siniestra, hacia dentro y hacia afuera de la nación, prefiere el laissez faire ante estas situaciones, pero se trata de un flaco favor para su candidato por la Capital, Rafael Bielsa, frente a las elecciones de octubre, máxime cuando él mismo ha identificado estas elecciones legislativas, con su propia figura y su gobierno.