Plácido Bonavita

Hijo de don Carlos Bonavita, Plácido inició su actuación el 3 de abril de 1884, fecha en que debía estallar un movimiento revolucionario. De los comprometidos en él, sólo el coronel José Visillac se pronunció, a la hora convenida, en la ciudad de San José y con un reducido grupo atacó la Jefatura Política. La lucha era desigual; los revolucionarios atacaban desde la calzada de la calle, a cuerpo gentil, mientras que los gubernistas se defendían desde la azotea de la Jefatura. La lucha, iniciada en las primeras horas de la noche, duró muy poco. Visillac, al tener conocimiento que se acercaba un tren a marcha forzada con fuerzas de protección, dio la orden de dispersión. Bonavita a fin de dar lugar a la retirada de Visillac, se refugió, sin ninguna precaución, en un rancho ubicado detrás del cementerio local. El rancho fue rodeado, pues creían que allí estaba Visillac, y Bonavita con otros compañeros, fueron tomados y conducidos al 5º de Cazadores en Montevideo, en el mismo tren que la noche anterior había traído los refuerzos oficialistas.

Durante su prisión, Bonavita rechazó ofrecimiento de grados militares y el ingreso al Ejército donde le aseguraban brillante carrera. Con altivez y honor se mantuvo firme en su negativa. Al recobrar finalmente su libertad, se embarcó para Buenos Aires y en La Plata, donde Visillac había sido nombrado Jefe del Batallón de Extramuros, fue incorporado como ayudante del Estado Mayor, a órdenes del coronel Rafael Rodríguez.

Posteriormente actuó en la revolución de 1897 y al darse por terminada la misma, el nuevo Jefe Político de San José, el comandante Manuel D. Rodríguez —de noble memoria— le nombró como ayudante, en nota en la que expresaba: "En una administración de honradez y estricta justicia, es necesario el concurso de los hombres honestos y no dudo que Ud. responderá dignamente en el puesto de confianza que le he destinado".

Cuando en 1899 don Manuel D. Rodríguez presentó renuncia al alto cargo que venía ejerciendo, Bonavita, por su parte, presentó también su renuncia. Pero designado para ocupar la titularidad de la Jefatura Política —así se denominaba en la época a lo que hoy es la Jefatura de Policía— el Dr. Lauro V. Rodríguez, no aceptó la renuncia de Bonavita porque "siendo el propósito del delegado del Poder Ejecutivo hacer buena y correcta administración, es necesario para ese objeto el concurso de un personal de Oficina y Policía experimentado y celoso de sus obligaciones". Así quedaba plasmada, por dos Jefes Políticos la límpida trayectoria de Plácido Bonavita en un cargo que en aquellas instancias su desempeño no siempre era muy claro.

En 1900, Plácido Bonavita fue nombrado comisario de la 3a. Sección. Y cuando ocupó la Jefatura Política del Dr. Vicente Ponce de León —otra personalidad saliente del Partido Nacional— lo confirmó en el puesto, luego lo trasladó a la 2a. Urbana y en 1903 se le designa Inspector de Caminos.

Llegada la revolución de 1904, sirvió a órdenes del coronel Visillac, en clara acción de lealtad. Visillac, en el campamento de Tarariras, le confirió el grado de Sargento Mayor el que ejerció como 2º Jefe del Batallón Nº 2 de la División Nº 14, actuando en tal calidad en la batalla de Tupambaé, la más dura y trágica de todas las batallas habidas en el 904.

Toda su trayectoria, rodeada de esa gran lealtad que hemos mencionado y de una honestidad a toda prueba, le llevó, luego del movimiento armado, a ocupar el cargo de Bibliotecario de la Junta Económica Administrativa de San José y más tarde el de Inspector Seccional de Defensa Agrícola.

Con el reconocimiento de sus conciudadanos, sin distinción de credos políticos, llegó a su final el 5 de diciembre de 1917. Y ha quedado en la memoria del Partido y seguramente en la de sus coterráneos.

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