Otro de los estrenos cinematográficos de hoy es Cartas de París, primer largometraje de ficción dirigido por la francesa Julie Bertuccelli, antes documentalista y colaboradora de cineastas del nivel de Bertrand Tavernier y Krzysztof Kieslowski. El film llega precedido de varios elogios críticos y de un Gran Premio obtenido en la Semana de la Crítica en el Festival de Cannes.
La acción de Cartas de París se centra en tres generaciones femeninas, concretamente tres mujeres que sobreviven problemáticamente en un deteriorado departamento suburbano en Georgia, país cuya infraestructura económica y social colapsó con el derrumbe de la Unión Soviética y que se independizó después. La menor de las tres, Ada (Dinara Droukarova), es una joven tan sensible y perceptiva como endurecida por la vida, que trata de convivir pese a todas las dificultades con su madre Marina (Nino Khomassouridze), mujer atribulada y otoñal pero todavía voluptuosa que arrastra sus propios problemas afectivos y sentimentales. El tercer personaje femenino del cuadro es la abuela Eka (Esther Gorentin), una gran dama de noventa años que todavía conserva un espíritu vital, lleno de picardía y agudeza.
Abuela y nieta establecen una suerte de complicidad que deja afuera a la mujer de edad intermedia. Ambas comparten una verdadera pasión por París, ciudad a la que se ha marchado Ottar, hijo de la mujer mayor, tío de la más joven, hermano de Marina, que buscó en Francia mejores horizontes. Las cartas que ese familiar que vive lejos envía periódicamente son uno de los estímulos para la vida de todas, pero un día ocurre el desastre: una intempestiva llamada telefónica hace saber que Ottar ha muerto en un accidente.
Sacudidas por la noticia, Ada y su madre resuelven ocultarle a la abuela la tragedia ocurrida, y comienzan desde entonces a fraguar una serie de cartas que Ottar continuaría enviando desde Francia. La mujer más joven es quien se encarga del trabajo, copiando de la manera más exacta posible el estilo de las cartas verdaderas, e inventando una realidad de episodios nuevos y optimistas perspectivas del futuro. El precario equilibrio de la vida de las tres mujeres se mantiene de esa manera, al menos por un tiempo, pero el destino intervendrá de manera inesperada.
La crítica internacional ha señalado que la cineasta revela en Cartas de París un pulso firme y una refinada percepción emocional para el equilibrado tratamiento de la historia y los personajes, destacando además su inteligencia para elaborar una trama donde una mentira piadosa se convierte en una ética del amor al prójimo. Yendo más allá, el film ha podido ser leído también como una metáfora política, donde las actitudes de las tres mujeres representa la respuesta de tres generaciones de georgianos ante un operativo mentiroso de más graves consecuencias: el stalinismo. No hay que olvidar que el no tan buen Tío Joe nació también en Georgia.