A Contramano y cantando se metió entre los primeros

| La revista "Magazine" con excelentes coreografías. La murga "Falta y Resto" con más consignas políticas que humor

GUSTAVO TRINIDAD

A dos etapas de finalizar el concurso oficial actuaron en el Teatro de Verano, ante 5.000 personas, la revista "Magazine", la murga "Falta y Resto", los parodistas "Zíngaros" y la murga "A Contramano".

Esta última confirmó con su espectáculo que debería estar entre las tres primeras de la categoría.

"A Contramano" cantó muy bien, exigiendo al coro que respondió con eficacia. Los arreglos corales y las cadencias elegidas mantienen un nivel de musicalidad que atrapa teniendo en cuenta la totalidad del espectáculo.

La murga sale en busca del hombre nuevo y debe enfrentarse a varios personajes que simbolizan los vicios y las maldades que son parte del ser humano.

Así desfilan desde la soberbia a la hipocresía, pasando por la ira y el triángulo de la envidia. La historia está muy bien actuada y sobre todo sus últimos 25 minutos son notables en cuanto a la puesta en escena, que maneja con inteligencia los tiempos y movimientos grupales de la murga, sacándole partido a todo el espacio escénico.

Albino Almirón volvió a rendir estupendamente ya sea cantando como actuando, siendo puntal del grupo.

Cabe destacar que "A Contramano", a diferencia de lo que sucede con otras murgas, no tiene hinchada incondicional, que aplaude lo bueno y lo malo del grupo. Cada aplauso que "A Contramano" logra de los espectadores lo hace por puro mérito propio. En este sentido hay que decir que la platea despidió a la murga con una ovación.

REVISTA. "Magazine" mantuvo el nivel de las otras dos actuaciones. Lo mejor de la revista son sus coreografías, su cuerpo de baile y la banda sonora que pasea por disímiles ritmos con buen desempeño.

Se destaca el trabajo de los vientos en la secuencia de la comedia musical americana, muy bien bailada. Las coreografías tratan de no caer en lugares comunes y muchas veces apuestan al riesgo en difíciles figuras. Actúan muy bien tanto "Bananita" González como el "Gato" Correa, que personificando a dos abonados del Teatro de Verano tienen el rol de hilvanar las distintas secuencias. A puro oficio tratan de levantar un texto, que es lo más flojo de la producción.

A la murga "Falta y Resto" le faltaban 26 minutos de actuación cuando la platea rió por primera vez. Lo mejor de la murga es la secuencia del cuplé imposible, que imaginando situaciones improbables saca inteligentes conclusiones.

La murga canta arriesgando bastante al poner un micrófono para cada integrante, lo que si bien aumenta la fuerza del canto, expone al coro a que cualquier error o traspié no pueda ser disimulado.

Pero su gran debilidad es la falta de humor de un texto discursivo y plagado de consignas políticas. Es por esto que algunas veces la gente aplaude pero no ríe.

El cuplé del espía que llega de los "Asustados Unidos" no alcanza el humor pretendido y la crítica al estilo de vida americano es tan inocente como carente de autocrítica, ya que varios de los argumentos son trasladables casi intactos a nuestra propia sociedad.

Parodistas Zíngaros con erráticas adaptaciones

Parodistas "Zíngaros" en su última actuación en el Teatro de Verano demostraron más carencias que virtudes.

Ninguna de las dos parodias pareció alcanzar el nivel de otras que se han visto en la ca- tegoría.

La parodia de Frida Kalho tiene un desajuste entre el humor y el pretendido dramatismo.

No hay puente entre una y otra situación ni tampoco mezcla, que podría emparentarla con una comedia dramática, por ejemplo.

Hay una Frida que aparece en solitario y recita parte de cartas en las que cuenta el dolor y las incertidumbres de la artista me-xicana.

Otra Frida, con cierta grosería, se ríe de su pata de palo y cosas por el estilo.

Son como dos visiones que no logran ensamblarse en ninguna secuencia del espectáculo. El pretendido humor pareció forzado en cada momento.

Tampoco la realización aporta conocimiento sobre la vida de la artista plástica.

En cuanto a su segunda parodia, que es un homenaje al músico Alfredo Zitarrosa, termina con una pretensiosa y alucinada consigna diciendo que: "Alfredo somos todos".

La parodia es machacona sobre lo que se ha perdido con la ausencia física de este impresionante cantante, todo muy compartible pero la puesta no ahonda en ningún otro sentido y parece una despedida que podría durar varios minutos menos sin que se pierda su contenido.

Tampoco las actuaciones pudieron salvar lo errático de la puesta.

El grupo cantó bien, con predominio de la cumbia y la bailanta, y las coreografías desplegaron intensa energía, aunque en varios momentos cayeron en virtuosismos gimnásticos que poco tienen que ver con el baile.

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