"Creo que la línea de Astori tiene el respaldo del 80% del electorado"

| Hay gente que levanta viejas banderas "porque siempre las levantó", pero que la mayoría sabe que hay que cambiar

Carlos Lecueder dice que cuando el Shopping Montevideo cumpla veinte años (el año entrante) va a ser difícil pensar en que una vez la ciudad no lo tenía como punto de referencia. Admite que el proyecto fue hijo de la crisis de los ’80, pero no querría pasar nunca más la del año 2002. "Sentimos que la gente había perdido la costumbre de comprar".

—El proyecto del shopping surgió de la crisis de los años ’80. ¿Se puede decir que fue hijo de una crisis?

—Empezamos con Montevideo Shopping en un momento muy difícil. El 10 de febrero de 1981 cayó la tablita en Argentina y eso significó el freno definitivo del boom inmobiliario que había vivido Uruguay.

Cuando hay crisis siempre surgen oportunidades, nosotros teníamos el proyecto del shopping y lo que vimos fue que había un mercado para construir uno, pero con los costos en dólares de la tablita era inviable ya que la inversión era tan alta que sería imposible desquitarla. La devaluación del año 82, más la profunda crisis que se vivió, tuvo como uno de sus resultados la oportunidad de construir a un costo en dólares sensiblemente más bajo.

—Después vino la competencia con el Centro de Montevideo. ¿El shopping mató al Centro o fue la Intendencia?

—Yo creo que en un país o en una sociedad nunca se dan las cosas por un solo motivo. Nosotros sabíamos que la competencia era el Centro, pero no fuimos nunca contra el Centro sino a favor del shopping. Pero sí, creo que sin el Montevideo Shopping el Centro hubiera tenido una caída más lenta.

—¿Cree que el Centro igual iba a decaer?

—La base de la caída es como se manejó todo el tema del Centro. Pensemos en la falta de seguridad, en la falta de limpieza, en los comerciantes que no se actualizaron. Una de las cosas que diferenciaban al shopping al principio era su decoración, con la última palabra en iluminación, en vidrieras etc. Eran locales recién armados contra un Centro que seguía el concepto tradicional de que los locales tenían que renovarse cada muchos años.

—¿Y por qué cree que no pudo reaccionar?

—El Centro quedó formado por galerías y comercios chicos, pero esa es una base débil, por algo los shopping centers combinan los locales pequeños con tiendas grandes a las que llamamos "tiendas ancla", porque son las que nos aseguran la concurrencia de público. La gente viene al supermercado más que a una boutique de 9 metros. El centro se quedó sin tiendas ancla.

— Además de nacer de una crisis, tuvieron que enfrentar la del 2002. ¿Cómo la vivió?

—La crisis del 2002 no fue del 2002, fue desde 1998 al 2003. El año 2002 fue cuando casi nos ahogamos todos, pero la tormenta en el mar la teníamos ya desde antes. Tuvimos caída de ventas en el 99, 2000, 2001, 2002 y hasta la mitad de 2003. Yo diría que el momento más grave por lejos fue desde el segundo trimestre de 2002 al primero del 2003. Casi un año que fue violento, con el peor momento en agosto y setiembre, cuando sentimos que la gente había perdido la costumbre de comprar.

—¿Cuánto bajaron las ventas?

—En pesos constantes el comercio montevideano cayó alrededor del 45%. O sea que el mercado pasó a consumir cerca de la mitad de lo que consumía. Hablo de los bienes que uno compra en un shopping, no de los supermercados que son diferentes porque la gente sigue comiendo.

—Si se ubica en agosto de 2002, ¿pensó que se iba a salir rápido?

—En ese momento era difícil, porque en agosto de 2002 más que pensar en cómo íbamos a salir estábamos preocupados por cubrir el cheque que había que pagar al día siguiente o por cómo íbamos a explicarle al banco que no se le iba a pagar en los plazos previstos. La política fue muy clara: había que sobrevivir y no se podía pensar más allá. Nosotros proyectamos que en el último trimestre de este año podríamos "empatar" con el último del 2001, pero vamos a estar bastantes puntos por encima de eso. Ha sido una velocidad de recuperación que no esperábamos.

—¿Se volvió a los niveles de consumo de antes de la crisis?

—No, si caímos 45 debemos haber recuperado unos 30 a esta altura. Pero si yo vendía 100 y caigo 45 estoy en 55. Si a 55 le sumo 30 estoy en 70. Estoy 30 puntos abajo todavía del tope máximo. Quizás vamos a terminar el 2004 con un poquito más de 30 de recuperación.

—¿Qué piensa de los discursos que hablan de que lo importante es apoyar la producción y gravar el consumo de ciertos bienes?

—Cuando a mi me dicen que hay que favorecer al Uruguay productivo, pregunto cuál es el Uruguay productivo. Como si el Uruguay productivo fuera la contracara de otra cosa. El Uruguay país de servicios ¿no es el Uruguay productivo?

—No cree que, dada la fuerte crisis social que vivió el país, es lógico que el consumo de ciertos bienes no sea una prioridad en los próximos años.

—Para poder gastar, hacer planes sociales, fomentar la producción hay que tener dinero y para tener dinero hay que recaudar impuestos. El tema es donde recaudamos. El sistema fiscal uruguayo está basado en gravar el consumo que es la forma segura de que el Estado recaude porque es la forma más fácil de recaudar, el mundo hoy va hacia eso. Sería deseable que se gravara en menor forma todos los impuestos, pero para eso hay que bajar el costo del Estado. El gran tema es cuánto nos cuesta el Estado a los uruguayos.

—La serie de reclamos desde los sindicatos públicos ¿no muestran una dirección inversa a la que usted propone?

—Es natural que al haber un nuevo gobierno integrado por sectores que han levantado ese tipo de banderas durante muchos años ahora las levanten nuevamente. Creo que la mayoría de los sectores del Frente Amplio tienen claro que el mundo de hoy no es el mismo y que de a poco hay que cambiar. Creo que el propio plebiscito del agua les está mostrando la dificultad que tienen hoy para volver atrás con algo que parecía tan fácil derogar. El mundo cambió, cuando hablo por el teléfono celular a mí no me importa si es un Movicom o un Ancel, lo que me importa es tener un aparato que me permite comunicarme y quiero que me cueste lo menos posible.

—Usted que es especialista en asesorar o trabajar con inversores ¿ cómo percibe el clima de transición al nuevo gobierno?

—Creo que el ambiente está siendo más tranquilo de lo que podría ser en otras épocas. El mundo cambió la forma de pensar de mucha gente, entonces hay banderas que se levantan porque se levantaron siempre, hay gente que sigue pensando igual que antes y otra que ha cambiado. El nuevo gobierno ha dado una serie de mensajes, que son muy coherentes y muy razonables. Uno podrá estar de acuerdo o no pero son las reglas de juego. Por otra parte, estamos acostumbrados a que los políticos pedían los cargos de una forma y ahora vamos a aprender que se pueden pedir de otra, pero en el fondo es lo mismo. Crucemos los dedos y esperemos que sea lo mejor para el país.

—Parece que no está muy seguro.

—Creo que la conducción económica que está anunciando el ministro (Danilo) Astori, que se parece bastante a lo que creo que habría que hacer, es la que va a primar. Y además creo que debería primar porque es la línea por lejos más apoyada en este país porque si miro los votos —y los demócratas miramos siempre los votos— la línea de Astori tiene un 80% del electorado. Es apoyada por buena parte del Frente más todos los partidarios de blancos y colorados. Eso es un respaldo popular inmenso.

Consumidor uruguayo: mujer, culposa, racional

¿El uruguayo es consumidor?

El uruguayo es muy especial. Más que el uruguayo, yo diría que la uruguaya. Esta es la primera precisión, porque las personas que a nosotros nos interesan como administradores de un shopping son las mujeres; no los hombres. Estos últimos conforman menos del 30% de la decisión de compra.

¿Cómo son las mujeres uruguayas en relación al consumo?

Las mujeres uruguayas han sufrido un proceso de cambio importante.

Hasta los años 80 nosotros definíamos a la mujer uruguaya como "culposa racional" de acuerdo a un estudio de mercado que se había hecho en aquel momento. A la mujer uruguaya le gusta consumir como a cualquier otra mujer del mundo, pero vive en una sociedad donde el exceso de gasto es penalizado por lo cual no hay que gastar demasiado, pero además, donde hay poca plata para gastar.

La familia uruguaya tipo gana menos de lo que tendría que ganar, entonces tiene que gastar poco. Como tiene que gastar poco, esa mujer pasa por un local de bijoutería, ve un anillo que le gusta pero no lo compra. Piensa: "me gusta pero no puedo comprármelo". Eso es porque al gastar siente culpa porque en cierta forma está asignando recursos muy escasos y siente remordimiento por aquello a lo cual no le asignó recursos.

Para poder gastar, racionaliza, busca la mejor oferta, el mejor producto y trata de estar segura de hacer un buen negocio. Esa mujer conservadora en el gasto la tuvimos hasta los 80.

Desde el 85 hasta fines del 98 el país creció. Quince años de crecimiento generaron una sociedad más proclive al gasto que en determinados niveles empezó a sentir que podía gastar. Consumir una marca pasó a ser intesante. Los uruguayos comenzaron a preocuparse por si la camisa tenía un caballito o un cocodrilo que le diera más valor. Y el uruguayo entró en esa onda que era mundial.

Entre el 90 y el 98 tuvimos un crecimiento en las ventas muy interesante que se debió, en parte, a que hubo una liberación de los hábitos de consumo. Sentíamos que el Uruguay estaba mejor, había más confianza y nos transformamos en más gastadores; aunque no llegamos a niveles extremos.

Fichapersonal

Carlos Alberto Lecueder (53 años). Es Contador Público y Licenciado en Administración. Está casado con Raquel Methol y es padre de 6 hijos.

Desde 1971 es socio del Estudio Luis E. Lecueder.

Actualmente administra Montevideo Shopping, Portones Shopping, Terminal y Shopping Tres Cruces, World Trade Center Montevideo, Marina Santa Lucía, Salto Shopping y Terminal, Mercedes Terminal y Shopping.

Fue ganador de 5 Maxi Awards, premios a la mejores promociones de Shopping Center. Obtuvo una distinción del Distinguished Service Award por su servicio al desarrollo de los shopping centers de América del Sur.

l CUATRO PRINCIPIOS

Para poner un "sello de coherencia" en los tres shoppings que administra, Lecueder se rige por algunos principios básicos. "Son cuatro principios: En primer lugar, el respeto total por la parte que tenemos enfrente, o sea, el arrendatario. En segundo lugar, el cumplimiento de la palabra. Si dimos nuestra palabra y nos equivocamos perdimos, aunque no haya nada firmado. En tercer lugar, la honestidad de los procedimientos, y en cuarto lugar el cumplimiento de todas las normas formales porque creemos que es la manera de convivir en la sociedad en forma ordenada".

l RELACIONAMIENTO

Para lograr un estilo de trabajo el contador asegura que es necesario un buen relacionamiento personal. "Ese respeto con que nosotros tratamos al comerciante ha generado que el comerciante también nos respete. Eso genera un relacionamiento con una sensación de que no está uno a cada lado de la mesa; nos sentamos todos del mismo lado empujando juntos hacia la misma dirección. Es algo que va más allá de la relación de negocios. Por eso, si cumplimos con lo que prometemos y le exigimos que lo hagan con nosotros, habremos logrado un estilo."

l UN ESTILO

Al definir un "estilo de conducción", Lecueder sostiene que ello implica también un permanente relacionamiento con la sociedad. "Cuando hacemos actividades buscamos vincularlas a temas que van más allá de lo comercial, ya sea de beneficencia, de difusión de valores nacionales. Queríamos también que la gente que atiende los locales lo hiciera con un estilo cálido, de preocupación por la atención y se nos ocurrió hacer una bolsa de trabajo. Contratamos a una empresa privada para que haga un llamado a personas que estén interesadas en trabajar en nuestros locales".

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