¿Hay reconciliación cultural?

Ofician la misa, pero tanto el sacerdote como el monaguillo saben que la historia sagrada es mentira: Dios no existe; el cielo y el infierno eran una patraña burda. Los fieles que están en el templo, también lo saben. Revisadas las escrituras, la realidad demuestra que no se puede confiar en la fe, es tramposa.

La mitad del mundo está viviendo un siglo primero al revés: empieza a propagarse una palabra nueva: el descrédito de aquello que se creyó.

No es sólo que haya caído un imperio (que cayó) es que se deshizo el pensamiento que lo sostenía. Se murió aquella "verdad" de muerte natural. Era una verdad que faltaba a la verdad y se supo; hay pruebas.

Cuanto mayor fue el entusiasmo, mayor será el desasosiego.

—"¡No! no es cierto... no puede ser... estoy tan confundido..."

La formulación de este malestar puede ser muy variada y se expresa, de modo más o menos crudo, pero se percibe siempre en todos y cada uno de los partidarios que vieron desfondarse Moscú.

Muchos de ellos son mis amigos y con ellos converso honradamente, de verdad, sin disimular y "sin discutir para ganar"; oyéndonos y tratando de comprendernos (que es un acto emocional y además emotivo).

Como todos los que sobreviven a un naufragio, mis amigos sienten desamparo y frío, más la intemperie de quedarse solos, sin techo y sin apoyo donde poner los pies; flotan en la noche. También los veo más conciliadores; aun con un viejo batllista al cual perdonaron su ingenuidad, durante tantos años. Benedetti escribió con un afecto que se nota:

—"Políticamente es batllista, y la entusiasta y compacta fe de su militancia hace a veces sonreír a sus amigos de otras tiendas".

Pero la historia avanza en tirabuzón, es un ricorsi, y sucede que ahora come nzamos a encontrarnos en el viejo Batlle. El Uruguay (después que los demás países) empieza a demoler el otro muro de Berlín, el más importante, el que separaba los métodos de pensar; el que moldeaba a la gente según una ideología prefabricada (dogma).

Espantar la ganancia financiera (que puede ser abusiva o no) significa quedarse solos y pobres y, además, paralizados.

La realidad se va imponiendo a los deseos muy lentamente, pero aquí y ahora, resulta urgente comprender. Somos poca cosa nosotros para seguir guerreando a propósito del materialismo histórico, la dictadura del proletariado y la preeminencia de la infraestructura sobre la superestructura.

¿Cómo vamos a vencer a los demás países esgrimiendo estos mosquetes de cargar por la boca? Sobrevivir en el comercio internacional es una lucha brava.

O sucede aquí una reconciliación cultural —como en el resto del mundo— o sucede una catástrofe que a nadie le va a importar mucho, salvo a nosotros, los uruguayos. (GUIA FINANCIERA, 25/8/91)

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