JORGE ABBONDANZA
Era el homenaje que le faltaba: por iniciativa del vicepresidente argentino Daniel Scioli, el Senado de ese país recibió ayer en su hemiciclo del Congreso de Buenos Aires al plástico uruguayo Hermenegildo Sábat en presencia de dos ex-presidentes, Raúl Alfonsin y Eduardo Duhalde. El propósito era homenajear a ese dibujante cuya obra le ha dado lustre internacional y que puede verse todos los días en las páginas del matutino porteño Clarín, donde Sábat colabora desde hace treinta y un años. Nacido en 1933 en Montevideo (aunque un cable de Ansa haya señalado en cambio que nació en "la ciudad uruguaya de Pocitos") el artista había publicado sus caricaturas en los diarios uruguayos El País y Acción —además de las revistas Lunes y Reporte— antes de instalarse en Buenos Aires, donde su producción fue derivando hacia la viñeta política y figuró desde 1966 en Primera Plana, Crisis, The Buenos Aires Herald y La Opinión, antes de aterrizar definitivamente en Clarín.
Mañana quedará habilitada en el propio Senado, dentro del edificio del Congreso, la exposición Veinte años de dibujos periodísticos en democracia, donde figurarán doscientas caricaturas y veinte óleos de "Menchi", una muestra que redondeará la pequeña apoteosis que el creador recibió ayer de parte de los poderes públicos de su país de adopción, donde a esta altura ha pasado la mayor parte de su vida. El público identifica desde hace años el inconfundible perfil de los trabajos de Sábat por ese trazo sinuoso a menudo coloreado por manchas de acuarela, donde el impulso de la mano y la soltura de la línea consiguen no sólo una formidable expresividad sino también un envidiable parecido con el modelo, al que el artista no siempre trata con suavidad ni benevolencia. El filo, las ocurrencias y la agudeza de juicio con que el dibujo de "Menchi" revela su ojo atento al acontecer del juego político (pero también de la cultura, a cuyos mitos ha dedicado obras memorables) son cualidades que forman parte de un talento mayor, que a estas alturas ha obtenido reconocimientos tan abundantes como los elogios y la admiración que ha sabido dedicarle la crítica especializada.
Desde el lápiz o la pluma y desde el territorio periodístico, la labor de Sábat fue ampliándose al libro ilustrado y ha ingresado desde hace tiempo al óleo de gran formato, donde una mayor elaboración le ha permitido componer retratos poderosos —desde líderes mundiales hasta Gardel o Marilyn— como prueba culminante de una maestría que ayer recibió nuevos aplausos y que en su país natal también ha obtenido los saludos y premios que corresponden.