Lo primero que llamó poderosamente la atención de este inicio tardío de Temporada de Conciertos 2004 de la Orquesta Filarmónica de Montevideo fue el poco público que había en la sala. Realmente sorpresivo: en primer lugar porque todos los comienzos de las temporadas pasadas se habían llevado a cabo con lleno total; y segundo porque el solo nombre de la solista, Raquel Boldorini, debería haber atraído a mucho más público. A lo que debemos agregar que se trataba de un programa absolutamente canónico: el Concierto de piano de Edvard Grieg (1843-1907) y El pájaro de fuego de Igor Stravisnky (1882-1971).
En fin, ese desalentador inicio en materia de público ahora no tiene remedio, aunque sí deben haber algunas causas que los organizadores seguramente ya habrán evaluado.
De alguna manera, además, da la impresión que el evidente esfuerzo de García Vigil por preparar a conciencia una pieza con las dificultades técnicas que presenta El pájaro de fuego (1910-19) se desvaneció frente a una platea notoriamente despoblada.
Justamente, con la ejecución de esta difundida pieza que el gran compositor escribió para los Ballets Rusos de Diaghilev comenzó el concierto, cambiándose el orden previsto y dejando para la segunda parte las dos obras de Grieg: Muerte de Ase y el Concierto para piano y orquesta en la menor.
Sin duda que la versión de El pájaro de fuego valió la pena de ser escuchada, en tanto la orquesta cumplió una tarea muy digna y consistente, en donde el oyente entendía los diferentes planos de un discurso musical complejo, lleno de matices dinámicos y colores que exigen precisión por parte de los instrumentistas. Porque seamos sinceros, ¿cuánto hace que no se puede disfrutar una pieza de Stravinsky cuando la interpreta una orquesta local?
El sonido en general fue casi siempre satisfactorio tanto en los tutti como en los muchos pasajes en los que uno o un grupo reducido de instrumentos sostienen la partitura. Así, hubo instrumentistas que se destacaron, contribuyendo en buena medida al elogiable resultado artístico. En este punto vale resaltar la tarea del primer fagot, del primer oboe y la primera flauta; y sobre todo congratularse del regreso del cornista Gustavo Constenla —luego de una larga ausencia—, quién no sólo realizó una estupenda tarea sino que estabilizó la afinación de toda la línea de cornos.
En la parte dedicada a Grieg, mucho más fácil de interpretar, la orquesta no tuvo problemas. Primero para recrear eficazmente esa atmósfera lírica y melancólica de La muerte de Ase (solo para cuerdas) y luego transitando por una típica partitura romántica (no de las más brillantes) que tuvo como protagonista al piano de Raquel Boldorini, que se desempeñó de forma irreprochable en todos los aspectos: adecuación perfecta al estilo, solidez técnica, y una remarcable dosis de expresividad.
Una vez reabierto el Teatro Solís, no sería mala idea volver a interpretar la Suite de El Pájaro de Fuego o por qué no hacer la versión para ballet desde el nuevo foso, mientras el Ballet del Sodre se encarga de bailarlo. Porque no estamos como para "gastar" una valiosa preparación de una pieza de Stravinsky en una sola vez y para 200 personas.
Critica | Eduardo Roland
BOLDORINI EN GRIEG
Primer concierto de la Temporada de la Orquesta Filarmónica
Programa. Obras de Edvard Grieg e
Igor Stravinsky
Director. Federico García Vigil
Solista. Raquel Boldorini (piano)
Lugar. Ballroom del Radisson,
Jueves 20 de mayo.