THE NEW YORK TIMES
En algún lugar de la imaginación, en la intersección de una Edad de Oro idealizada y el descenso a un grado de imperfección manifiesta, existió la Atlántida. Ese reino de origen divino, era una civilización insular gobernada desde una metrópolis espléndida situada en pleno océano. Su imperio, descripto por un filósofo como "más extenso que Libia y Asia juntas", fue próspero y muy poderoso. Con el tiempo, impulsada por ambición y arrogancia desmedidas —un tema común en la antigüedad y para nada extraño en nuestro tiempo—, se propuso conquistar tierras en el Mediterráneo. Pero, en un día y una noche terrible de sismos e inundaciones, Atlántida se hundió en el océano y pasó a ser una leyenda.
Su historia ha perdurado como un clásico dentro del género de los mundos perdidos hace tiempo, al igual que las ruinas y tesoros que, sin duda, estarían en algún lugar por descubrir. Pero, con frecuencia, las leyendas son espejismos trémulos, eternamente inalcanzables que ejercen un atractivo que escapa a la razón.
El cuento del continente perdido indujo a respetados estudiosos de los clásicos a buscar en los textos la corroboración de que la Atlántida fue algo más que una fantasía. Arqueólogos, geólogos y buzos han sondeado las profundidades oceánicas donde se habría hundido el continente milenios atrás. No hallaron el menor rastro de una prueba convincente.
Generaciones enteras de aventureros, escritores, místicos y maniáticos se convencieron de la realidad de la Atlántida. Sus "soluciones" llenan más de 2.000 libros e incontables artículos. El continente perdido inspiró, asimismo, a autores diversos.
TEORIAS. Richard Ellis, autor de "En busca de la Atlántida", cree que todo es fantasía. En entrevista reciente indicó: "Si la Atlántida pervive en nuestra mente es, en gran parte, porque no podemos demostrar su inexistencia. No podemos explorar cada centímetro cuadrado de suelo oceánico. Por eso sigue viva la esperanza y la promesa de hallar tesoros en palacios sumergidos".
La única fuente de la historia de la Atlántida no tiene nada de oscura. En el siglo IV A.C., Platón describió un espléndido imperio insular situado en el Atlántico, más allá de las Columnas de Hércules (el estrecho de Gibraltar). Según le habría contado a Solón un sacerdote egipcio, "esta dinastía concentró todas sus fuerzas e intentó sojuzgar tu país y el nuestro en una sola expedición".