THE NEW YORK TIMES
La industria mira los objetivos de corto plazo y ha demostrado ser muy habilidosa para cuidarse a sí misma y a los consumidores. Un tema con mucha más incertidumbre es si el gobierno federal de Estados Unidos puede, de manera exitosa, abordar los temas del bienestar humano que aparecen más allá del horizonte industrial: años, décadas y hasta en siglos por venir.
"La ciencia sigue siendo un manantial de nuevas opciones", indicó John H. Gibbons, quien fue asesor científico del presidente Bill Clinton. "¿De qué otra manera vamos a abordar los temas del siglo XXI en las áreas del ambiente, salud, seguridad , alimentación y energía?"
Algunos expertos consideran que, pese a las acuciantes dudas actuales, el mundo estará mucho más inclinado a buscar respuestas científicas a esos interrogantes en las próximas décadas. "Probablemente el proceso se acelere, debido a que será cada vez más obvio que que se necesitará una permanente infusión de resultados para sostener la capacidad de responder a todos esos problemas sociales", manifestó John H. Marburger (h), asesor científico del presidente George W. Bush.
Un objetivo urgente, indican algunos expertos, es desarrollar nuevas fuentes de energía, las que serán de importancia vital a medida que el petróleo comience a ser escaso. Otro objetivo es comprender mejor las cambiantes características del clima, por ejemplo, cómo el sol y los océanos afectan la atmósfera. El trabajo en ese sentido se encuentra en su etapa primaria.
Otra meta es desarrollar las vías para contrarrestar la proliferación de armas nucleares y biológicas, más allá de los tratados existentes, ya que existe el riesgo de que pueden caer en manos inescrupulosas como son los grupos terroristas.
PARA LA CIUDAD. El mundo también tendrá necesidad de contar con una nueva ciencia urbana, con la finalidad de ayudar a coordinar la planificación en áreas como la basura, el uso del agua, la congestión por el crecimiento de la población, las carreteras, la reducción de riesgos y el control de la contaminación.
"Será necesario trabajar con intensidad", dijo el Dr. Grant Heiken, editor de "Earth Science and the City", colección de ensayos que fueron publicados en fecha reciente por la Unión Geofísica de Estados Unidos, institución con sede en Washington. El número de habitantes en zonas urbanas crecerá de 3.000 millones en la actualidad a más de 5.000 millones para el año 2025.
"No estoy en condiciones de pronosticar su podremos desarrollar los medios científicos para abordar esos grandes temas", advirtió Heiken. "Lo mejor es que lo logremos".
El Dr. Richard E. Smalley —profesor de la Universidad de Rice y Premio Nobel de Química— estimó que las nuevas tecnologías y la conservación probablemente puedan resolver las necesidades de energía que tendrá el mundo. Pero, puntualizó que para alcanzar el éxito se necesitará un nuevo ejército de científicos e ingenieros.
Al igual que otros científicos, Smalley está preocupado porque ocurre un cambio en la demografía de las Facultades de ciencia y de las distintas ramas de ingeniería. De acuerdo con las últimas cifras de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos, en 1999, el número de estudiantes extranjeros en los programas de estudio de tiempo completo de ingeniería creció tanto que excedió, por primera vez, al decreciente número estadounidenses en esos centros universitarios.
"Donde están los chicos más brillantes y donde se desarrolla la gran acción es en Asia", señaló Smaley. "Eso es notable para ellos. No es lo que deseo para Estados Unidos y su bienestar económico para nuestra seguridad nacional".
Varios científicos coincidieron en señalar que los complejos desafíos actuales pueden depender de cómo una ciudadanía enfrentada grandes situaciones conflictivas responde al interrogante de si la ciencia todavía importa.
COMPLICADO. Por varios motivos, todo se reduce "al mecanismo entre la gente que ha aceptado el enfoque científico moderno del mundo y las personas que lo enfrentan", indicó el Dr. David Baltimore, biólogo que obtuvo el Premio Nobel y que se desempeña como Presidente del Instituto Tecnológico de California.
"Los científicos presentan un enfoque mucho más complicado y eso le resulta difícil de aceptar a la gente", agregó.
Algunos expertos advierten que si falla el apoyo a la ciencia y si los ciudadanos estadounidenses pierden interés en ésta, esa apatía puede fomentar una era en la que las elites científicas ignoren las inquietudes y necesidades de los ciudadanos y opten por sus más estrechos imperativos, produciendo algo similar a una dictadura de expertos de laboratorio.
"Cualquier persona que abdique del interés por la ciencia equivale a caminar con los ojos abiertos hacia la esclavitud", escribió el historiador de la ciencia, Jacob Bronowski.
Einstein abordó los enigmas eternos
Si bien la ciencia permanentemente está en proceso de revisión, adaptándose a nueva información e ideas, en todo momento un científico está estudiando más o menos un problema definido, formulado para llegar a una respuesta definida. Esa respuesta espera, incita y desafía al científico a lograrla.
Si se mira a los días iniciales de la ciencia, Albert Einstein escribió que "la nada de las esperanzas y esfuerzos que persigue a la mayoría de los hombres sin declinar a lo largo de la vida llegó a mi conciencia con considerable vitalidad".
"Existe este enorme mundo, independiente de los seres humanos, que se presenta ante nosotros como un enigma eterno, por lo menos parcialmente accesible a nuestras inspecciones y pensamiento. La contemplación de ese mundo, brilla como una liberación..."
Además del regocijo de resolver los enigmas está el placer de la maestría. El placer de construir cosas buenas y útiles con las propias manos.
Las verdades de la ciencia están fuera de los seres humanos, como dijo Einstein, pero los motivos para dedicarse a la ciencia son humanos e intensamente personales. Cada científico se desafía a nivel personal y le encanta ese desafío.
Einstein siempre recordó que al tomar conciencia de que la gravedad era equivalente a la aceleración —una idea que estaba en el sustento de su nueva teoría de la gravedad— "ese fue el pensamiento más alegre de mi vida".