CONSULTORA SERAGRO
Las lluvias, para variar excesivas, provocaron una modificación sustantiva en el escenario productivo: de un día para otro, todo cambió. Y en la ganadería, con más razón. Hasta la semana pasada, el ambiente estaba dominado por la depresión que provoca la sequía: las aguadas estaban secas, los campos achicharrados, no se podía plantar forraje, y las pasturas existentes se perdían.
El ganado conservaba, apenas, el estado que había adquirido en las últimas etapas de la primavera y principios del verano, pero ya había lotes afectados en todas partes, representativos de todas las categorías. La oferta a frigorífico había ido aumentando a niveles sin antecedentes —llegaron a faenarse más de 9 mil reses por día, y dos semanas consecutivas se superaron los récords históricos, con más de 48 mil cabezas—. El precio de los ganados de embarque tendía, naturalmente, a resentirse, por la misma razón de que la oferta desbordaba la demanda. En el pico de esta situación, los novillos y vacas de punta bajaron alrededor de un 5 % a la carne, y algo más en pie, porque los rendimientos también caían, debido a la seca.
La baja de precios tenía lugar a pesar de las noticias alentadoras sobre los mercados externos, que mantienen valores remuneradores para las colocaciones de carne, y en particular, se reforzaban con la inminente reapertura de México.
También los ganados de reposición perdían posiciones: las ferias se realizaban con valores declinantes —aunque aún altos en términos históricos—, aumentaban los retornos, y hubo retiro de la oferta de muchos lotes que estaba previsto comercializar, por falta de mercado.
PANORAMA ACTUAL. A partir de las lluvias de la semana pasada, y sin que se conociera ningún otro factor alcista nuevo, la situación varió radicalmente, y el mercado rebotó. Luego de un un mes y medio de intensa seca (nada de agua, y calores agobiantes), los campos, nitrificados por la misma seca, reaccionaron en forma impactante: al otro de día de la lluvia ya verdeaban, y si bien no llueve pasto, sí puede decirse que llueven expectativas; los productores agarraron coraje otra vez.
En consecuencia, la oferta de ganado se retrajo, y los precios repuntaron: de un sólo salto, recuperaron todo lo que habían bajado en el duro período seco, y los operadores anuncian subas mayores para los próximos días. Es probable que vuelvan los precios de noviembre pasado: alrededor de U$S 1,60 el kilo de novillo en segunda balanza, y 10 cts. menos para las vacas: lo insólito sería que esto ocurre en un momento típico de zafra, cuando normalmente la oferta suele ser abundante y los precios moderados.
Para evitar perder totalmente el control de la situación, la industria ya redujo la actividad de faena, y espera que las heladas, ya cercanas, restablezcan condiciones más favorables a sus intereses. Cabe remarcar que no hay forraje suficiente para sostener el stock vacuno actual sobre los campos, y que será necesario mantener un alto nivel de extracción, para evitar problemas mayores en el transcurso del invierno.
El nuevo escenario también repercutió de inmediato en el mercado de reposición, y ya se registraron claras subas en las cotizaciones y en la intensidad de la demanda.
El momento es muy oportuno, porque en esta época se concentran las ventas más voluminosas de ganados para el campo, se realizan los destetes y ventas de producción, así como los descartes de vacas viejas y demás categorías excedentarias.