Un curso de especialistas para los futuros conductores

| Los expertos en educación vial pretenden abatir la mayor causa de muerte en el segmento más joven de la población

LEONEL GARCIA

Si un uruguayo muere entre los 17 y 25 años, lo más probable es que sea a causa de un accidente de tránsito. Para generar conciencia y sensibilidad sobre este tema, el Instituto de Seguridad y Educación Vial (Isev) realizará en el ciclo lectivo 2004, el tercer año de cursos a liceos públicos y privados de Montevideo. Incluso, esta iniciativa puede derivar en la aprobación del examen teórico de manejo.

Esto es posible por un convenio que el Isev, cuya actividad mereciera ser declarada de Interés Nacional por el Poder Ejecutivo en junio pasado, firmó con el Consejo de Educación Secundaria. Este año esta institución le dictará clases de forma honoraria a ocho liceos públicos de la Capital y fue contratado por una decena más de privados.

Se trata de una clase semanal de educación vial hasta totalizar veinte horas de enseñanza. Los conceptos vertidos no distan de un curso teórico de manejo pero apuntado al público adolescente. "Lo que se busca es una postura ciudadana de respeto y sensibilización hacia las normas que regulan el tránsito. Entenderlas como reglas que están a nuestro favor", señala el presidente del Isev, Arturo Borges.

Este curso destinado a los adolescentes apunta a inculcarles desde jóvenes los derechos y obligaciones que tiene cada uno de los actores en la vía pública. Empezando por los peatones y siguiendo con ciclistas, conductores de ciclomotores y automovilistas.

El propio Borges pudo comprobar a través del tiempo que, incluso en conductores profesionales con muchos kilómetros encima, "hay un desconocimiento total de las ordenanzas de tránsito" en Uruguay. Añade que el "target" más importante para la educación vial son los adolescentes, "no sólo para que se inculquen en las normativas sino porque la mayor causa de muerte entre los jóvenes son los accidentes en calles y rutas".

Entre 1,5 y 1,8 personas mueren cada día víctimas de un accidente de tránsito, indicó.

El presidente del Isev comentó que el desconocimiento de la normativa vial es tal "que el 85% de los accidentes que ocurren en Montevideo se producen en las esquinas por confundirse las preferencias de paso". En intersecciones en que no existan semáforos ni señalizaciones de "Pare" o "Ceda el Paso", la prioridad la tiene el vehículo que circule por la derecha.

LIBRETA. A través de otro convenio con la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) firmado el 15 de setiembre pasado, los liceales que realicen el curso con ellos y tengan edad para obtener licencias para conducir ciclomotores e incluso autos, son evaluados finalmente por funcionarios examinadores municipales en el propio instituto.

En el caso de salvar la prueba, ello equivaldría a aprobar el exámen teórico para obtener la libreta de manejo correspondiente. De calificar, los estudiantes tendrían un año para rendir el práctico.

"Esto es un incentivo muy grande para los jóvenes", aseguró el presidente del Isev. "De los que estuvieron con nosotros, salvaron el 100%", dice aunque no puede precisar de cuántos habla. "Sí sé que le dimos clases a unos dos mil adolescentes, aunque claro, no todos estaban habilitados por edad a presentarse" al examen teórico, precisa.

Se toma en cuenta que actualmente se puede tener la libreta de manejo de ciclomotores hasta 50 centímetros cúbicos a los 16 años, si los padres, además, firman un permiso que los autorice a manejar. Para conducir vehículos automotores se requiere tener 18 años.

Borges sostiene que los adolescentes se muestran muy interesados en aprender las reglas del tránsito, "y nosotros tratamos de hacer las clases lo más entretenidas e interactivas posibles". Una de las prácticas pedagógicas consiste en tomar de los diarios la crónica de algún accidente y hacer el comentario en clases, determinando causas, consecuencias y maneras en que el siniestro pudo haberse evitado. "De esta manera, también se da la posibilidad que los padres participen desde sus casas", añade.

CLASES. Estos cursos se inician con los derechos y obligaciones de un actor siempre presente pero pocas veces considerado en el tránsito como el peatón. "Los caminantes siempre tienen que estar en la vereda y solo hay tres lugares donde pueden hacer uso de la vía pública: la cebra, la esquina y el semáforo", explica. También se cuentan como excepciones para invadir la calzada la existencia de elementos que impidan el paso en la vereda, o la falta de ésta.

En este último caso, muy común en rutas, los peatones deben dirigirse en sentido contrario a los vehículos.

"Mucha gente no lo sabe, pero el no cumplimiento de esto es un atenuante para el conductor de vehículos en caso de un accidente", dice Borges.

La bicicleta es otro tema al cual le ponen énfasis. La proliferación de ciclistas en las calles montevideanas, provocada entre otras claves por la crisis económica, ha incidido en el número de accidentes, muchas veces causados por el desconocimiento o el no respeto a las señalizaciones de quienes conducen los birrodados.

"Hoy se vive una anarquía de los ciclistas", indica el presidente del Isev. "Hacemos hincapié en que la bicicleta es un vehículo y que como tal, también debe respetar los derechos y obligaciones en el tránsito".

"Muchos de estos jóvenes andan en bicicleta, y no saben que —aparte de respetar todas las normal viales— la percepción que tiene un automovilista de ellos es el de una simple ‘molestia’", señala. Para el experto, los conductores de automotores solo tienden a respetar a otros vehículos de considerable porte.

"Nuestros cursos apuntan a una sumatoria de conocimientos multidisciplinarios que involucran al tránsito". Con este objetivo, el staff de colaboradores incluye expertos en temas jurídicos, psicológicos, primeros auxilios, seguros y hasta un perito accidentológico.

Inspirados en Europa

El Isev, ubicado en la calle Mercedes, cuenta con varios salones destinados a diversas actividades. Se imparten clases sobre normas de tránsito, mecánica básica y teoría de la conducción. Incluso hay una sala de computación con simuladores de manejo y cuestionarios viales de múltiple opción.

La parte práctica se realiza, a través de un acuerdo con la Asociación Uruguaya de Volantes con la dirección técnica del experimentado piloto Jorge Alfaro.

"La filosofía del instituto se basa en copiar a países de Europa en materia de educación vial", señala Borges. Para eso dedica en su curso básico diez horas a la teoría. Todavía no se está cerca del Viejo Mundo. Allá, para obtener la libreta de conducir, los estudiantes cursan treinta horas antes de subirse a un auto.

Para graficar las diferencias, Borges muestra un Manual del Conductor aprobado por el Ministerio del Interior de España, un grueso libro de 600 páginas. A su lado, coloca su par uruguayo, una revista-folleto de 55 hojas.

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