La reforma constitucional

El Comité Central del Partido Comunista Chino le propuso al Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional, la modificación de la Constitución para incluir la protección del derecho de propiedad privada, para que quede en pie de igualdad con la pública. La iniciativa, cuya aprobación se da por descontada, supone un paso clave en la adopción del capitalismo como motor de la economía.

La Carta Magna incluirá también una mención al ideario político de Jiang Zemin, que se unirá al marxismo-leninismo, el pensamiento de Mao Zedong y a la teoría de Deng Xiaoping.

Dice el artículo 24 de la Constitución china que el Estado debe combatir las "ideas decadentes del capitalismo y el feudalismo". Dos décadas después de ser promulgada en 1982, la Carta Magna china va a prohibir específicamente la violación de la propiedad privada, en un movimiento que completa el llevado a cabo en noviembre del año pasado, cuando los dirigentes dieron la bienvenida en sus filas a los empresarios, hasta hace poco tildados de clase explotadora.

Se prevé que la modificación realizada ahora conduzca a una serie de reformas legales que hagan más fácil el traspaso de bienes inmobiliarios y otras propiedades individuales.

La cláusula que se introducirá en la Constitución señala que "la propiedad privada obtenida legalmente no será violada". A ella vendrá a sumarse otra, que recogerá los pensamientos de Jiang Zemin, el anterior presidente chino y aún máximo responsable del Ejército. Su teoría de las tres representaciones señala que el partido debe representar tanto a la clase trabajadora y a los intelectuales, como a los empresarios. Con su aclaración, Jiang espera lograr un sitio en la historia junto a Mao, fundador de la República Popular, y Deng, artífice del proceso de reforma y apertura. La ideología de Jiang fue recogida en la constitución del partido el año pasado. Algunos miembros criticaron una decisión que consideraron una traición al papel del partido comunista como vanguardia de la clase trabajadora.

En los próximos cinco años, 2.500 empresas estatales chinas cerrarán sus puertas y dejarán sin trabajo a cinco millones de personas. Jiang Zemin comenta:

—"Nuestros compañeros pueden tener confianza en el proyecto, en el mismo período la inversión privada creará mejores empleos para ellos. Insistir con la burocracia sería condenar al fracaso a nuestra revolución".

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