Jóvenes construyen en la periferia

| Las viviendas son levantadas en un fin de semana con la colaboración de 100 voluntarios

Mauricio Rodriguez

La idea nació en 1997 en Chile. Un grupo de estudiantes de la Universidad Católica de ese país decidió hacer un "voluntariado activo" e idearon la construcción de hogares de emergencia en zonas marginales. Rápidamente lograron levantar 50 casas del tipo media agua en Arica, financiadas por los mismos estudiantes. La exitosa iniciativa tuvo nombre propio (Un techo para Chile) y en el 2000, con el apoyo del gobierno chileno, se habían logrado levantar 2.167 viviendas con la participación de 10.000 voluntarios. Al día de hoy, ya se han instalado más de 25 mil hogares y la organización es la segunda en recaudación en su país.

En enero de 2001 dos grandes terremotos sacudieron El Salvador y, gracias a un intercambio académico, un grupo de jóvenes exportaron la idea a ese país para enfrentar las devastadoras consecuencias de los sismos. Así, la idea saltó la Cordillera y se propagó rápidamente por toda Sudamérica. "Hasta ahora son 11 los países que ya han implementado el proyecto. Nosotros empezamos a desarrollarlo en junio de este año. En agosto estuvimos en Valparaíso donde se firmó un convenio entre todos los países participantes y, como broche de oro, se construyeron 30 casas", dice Alfonsina Almandoz, estudiante de Arquitectura y coordinadora general de "Un techo para Uruguay".

El objetivo es dar una primera solución y mejorar el lugar donde habitan, además de desarrollar conciencia de justicia social. "Resolvemos la mayor prioridad, que es el techo. Cuando se les planteen nuevas prioridades, se los pondrá en contacto con otras instituciones, porque la idea de esto es entablar una red", señala Almandoz.

VOLUNTARIADO. La organización nacional cuenta con cerca de 30 jóvenes que comparten el gusto por el trabajo voluntario. "Somos un grupo de entre 18 y 25 años, de diferentes lugares y sectores sociales y culturales. No tenemos ataduras religiosas ni políticas. Acá hay gente de todas las universidades, públicas y privadas, y de casi todas las carreras. Tenemos 5 áreas de trabajo y cada uno vuelca en ellas lo que estudia y sabe, desde economía hasta arquitectura, pasando por sicología o sistemas. La forma de trabajar es con metas a corto plazo", dice Almandoz.

El primer gran paso será el próximo 7 de noviembre, cuando se levanten, a modo de prueba, las dos primeras viviendas, que fueron donadas por los voluntarios trasandinos y la Cámara de Comercio Uruguay-Chile. La zona elegida fue un asentamiento cercano a Sayago. "Se hizo un relevamiento, que viene armado de Chile, donde se evaluaron las carencias de las familias y se eligió a las de peores condiciones de vida. Y dado que en principio las casas no alcanzan para todos, se busca cultivar la solidaridad, ya que se entiende que hay otro que lo necesita más", señala la coordinadora.

A los propietarios se les cobra un 10 % del valor de la vivienda, "para generarles también un sentimiento de propiedad y una conciencia de ahorro". Las casas enviadas desde Chile cuestan unos US$ 600 y, dependiendo de los ingresos familiares, se fija la forma de pago.

Las viviendas se arman en un fin de semana, con el trabajo de los voluntarios y compartiendo esfuerzo y tiempo con los futuros inquilinos. Tienen 18 metros cuadrados y, según el caso, o se anexan a lo que ya tienen o se construye encima, con un sistema rápido y seco. Consta de 8 paneles cuyo material es un aglomerado de fibras de madera y están tratados contra hongos y termitas. Se les pasa una pintura especial que les da mayor resistencia y el techo es de chapa. Además, están elevadas del piso unos 12 centímetros para aislarlas de la humedad.

MODELO LOCAL. Hasta ahora, cada país diseñaba las casas de acuerdo a sus condiciones, pero el ingenio de los uruguayos permitió desarrollar un modelo "a dos aguas" que se adapta a cualquier clima o región. "En Ecuador las hacían con cañas y en Colombia con cemento. Por eso desarrollamos un tipo de casa que, desde Uruguay, queremos instalar en toda Latinoamérica para unificar el sistema de construcción. Nuestro piloto es muy modificable y adaptable para cada país, incluso en los que hay sismos. Y tiene como gran ventaja que, al estar armada sobre pilotes, puede desarmarse y trasladarse a otro lugar", destaca Almandoz.

En diciembre, "Un techo para Uruguay" tiene proyectado levantar 25 casas más, posiblemente en una asentamiento próximo al Puente Carrasco. Para ese entonces, vendrán a trabajar 25 voluntarios que se sumarán a los casi 100 locales. El gran desafío será el financiamiento, por lo que están buscando el apoyo de empresas y comercios. Cuentan con una dirección de mail (utpu@adinet.com.uy) para reclutar voluntarios y recibir necesarios aportes, además de que se piensa crear una página web y extender la iniciativa al interior del país, capacitando coordinadores departamentales. "En Chile están sorprendidos por lo rápido que estamos avanzando, porque cuesta llevar adelante este proyecto, financiarlo e incorporar el concepto. Creo que la explicación está en la gran solidaridad del uruguayo. Estamos demostrando que se pueden hacer cosas y en parte buscamos crear una conciencia de país. Yo estudio arquitectura y de alguna manera todos los uruguayos me han pagado los 6 años de carrera. Es mi obligación devolverle algo a mi país. Además, es increíble lo que ganás en experiencia y la gente valiosa que conocés con este proyecto",

"A los propietarios se les cobra un 10 % del valor de la vivienda para generar un sentimiento de propiedad y una conciencia de ahorro".

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