El Presidente y el Papa

Ha sido todo un acierto del Presidente de la República la inauguración de su viaje a Europa y Africa con la visita al Papa Juan Pablo II. Para nadie son desconocidas las dificultades que el venerable anciano que ocupa el sillón de Pedro atraviesa por razones de salud, que por severas que sean, no consiguen abatir su espíritu indomable en su peregrinaje de prédica inagotable por la paz y por la justicia social en el Universo. Como si fuera todo un símbolo que debe enorgullecer a un país laico pero que cuenta con una numerosa comunidad católica, la presencia del Presidente en el Vaticano, justamente en la semana en que el Santo Padre cumple sus veinticinco años de liderazgo eclesiástico, transmite y recoge un mensaje de tono espiritual que ratifica una vez más por parte del Dr. Batlle el cumplimiento de su compromiso por trabajar un estado del alma de nuestro pueblo que terminara con los odios y las divisiones que lamentablemente quedaron sin cerrar a pesar del esfuerzo maravilloso de la ley de pacificación nacional que registró a la historia ratificada por amplia mayoría ciudadana, con el nombre de Ley de Caducidad. Ha trascendido que en un acto de humildad y reconocimiento el Presidente —que en ese aspecto como también en otros, pero en ese como ninguno, debe tener su conciencia tranquila —agradeció al Pontífice la colaboración que prestó la Iglesia al trabajo de la Comisión para la Paz, que ha sido un logro al que sólo la historia, cuando pueda valorarse por encima de pequeñeces, habrá de dimensionar como lo merece.

No es de menor importancia el adelanto de Batlle a Juan Pablo II de la posición oficial de su gobierno con respecto al rechazo de la legalización del aborto. Es este un tema más polémico en nuestra sociedad y en el mundo, pero reconforta que allí en donde se juega prioritariamente el derecho a la vida del ser concebido que aún permanece en el seno de su madre, tanto el Dr. Batlle como el Papa hayan podido expresar sus coincidencias.

El Presidente de la República es nuestro Presidente. Nos representa a todos, y hemos sido en definitiva nosotros los uruguayos los que hemos sentido estrechar nuestra mano con la de Su Santidad, recibiendo la sensación de fe, emoción y esperanza que nos transmite su calidez. "El País" celebra la fortuna del encuentro de dos grandes personalidades, con todo lo que significa para nuestra Patria.

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