Los problemas de los diseñadores y directores técnicos de hoy poco tienen que ver con aquellos de los primeros días que se viajaba en las naves a vapor a mediados del siglo XIX, por ejemplo en el barco "Britannia" de la Cunard Line construido en 1840 donde solo había un puñado de cabinas, si es que así se les podía llamar, ubicadas en habitáculos que se extendían a lo largo de los 63 metros del barco.
La mayoría de los pasajeros dormían en cuchetas y en grandes dormitorios para todo el mundo, separados por cortinas y sin ventilación. Y el mismo habitáculo se utilizaba como salón principal y comedor simplemente corriendo las cortinas. Unas pocas cabinas para cuatro camas, que era el lujo, próximas a estos habitáculos no eran mejores que las otras y basta leer los relatos del escritor ingles Charles Dickens para comprender que viajar por aquellos días era más que una aventura, una verdadera odisea plena de sacrificios e incomodidades y eso que aquel barco era uno de los grandes y más lujosos. En su mal llamado camarote —relata Dickens— iluminado con una vela, cuyas cuchetas una arriba de la otra eran casi inaccesibles, el piso estaba permanentemente mojado por el agua que entraba inevitablemente. Y próximo a estos habitáculos estaba el lugar para alojar a las vacas que daban leche fresca para pasajeros y tripulantes.
Pero con el paso de los años los barcos crecieron de tamaño, llegó la tecnología y con ello la amplitud de las comodidades y así en un largo proceso, llevo a que se viajara con el confort que todos conocemos.
En 1871 el famoso barco "Oceanic" de la White Star Line tenía los camarotes a popa y a proa y en el medio los salones con lo cual se mejoró las formas de ventilación de camarotes y salones sobre lo cual hay relatos de olores fétidos insoportables por aquellos tiempos. Al principio parecía normal y hasta generoso dar a cada camarote 12 metros cuadrados con dos cuchetas a cada lado. Después se llevó a 15 metros y se colocaron sofás y más tarde se imitó a los hoteles con cama matrimonial y camarotes de 20 metros. Hoy los grandes cruceros tienen aseguradas todas las comodidades que uno pueda imaginar.
HUMILDES PRINCIPIOS. Aun el formidable transatlántico alemán "Imperator" en 1912 de la hoy Hapad Lloyd de 52 mil toneladas cuya historia la conocemos bien, estaba lleno de salones a lo largo del barco y había algunos camarotes que tenían baño privado, era muy común cada cinco camarotes un baño y había que hacer turno.
Pero los balcones, que es el tema central de nuestra nota de hoy, no es una innovación de ahora sino que viene del pasado y los primeros ensayos arrancan por los años 20 en los transatlánticos italianos. Eran dependencias especiales de gran lujo o el llamado "camarote del armador" que estaban en la parte más alta del barco y en otros en la cubierta inferior y en ambos casos tenían balcón al exterior. Esto se podía hacer en barcos que cubrían servicios en áreas con temperatura templada ya que eran muy fríos y expuestos y en los cruceros italianos solo se vendían en los meses de primavera y verano. Caso por ejemplo el transatlántico francés "Normandie" que tenía las suites "Deaville" y "Trouville" que estos tenían balcón al exterior con sus obvias limitaciones en invierno. De la investigación que hicimos sobre los balcones aparece el transatlántico "Oceanic" de la Home Line cuyos barcos (Italia" y Argentina) venían a Montevideo en los años 1965. Este barco que fue modernizado y ahora se llama "StarShip Oceanic" tenía algunas suites privadas en la cubierta más alta con balcón al exterior o sea al mar y este quizá fue el primer barco en ofrecer los auténticos balcones al mar hasta 1980.
Quince años más tarde del "Oceanic" los famosos astilleros fineses Warsila presentaron un proyecto que había resuelto dos problemas: como llevar la luz del día a los camarotes y como maximizar el número de cabinas con balcón al mar. Ese fue el barco "Royal Princess" de 1984 cuyos salones públicos fueron desarrollados en la partes altas del barco mientras las cabinas fueron instaladas debajo de estos salones. Mientras el "Oceanic" de 39 mil toneladas solo tenía una docena de estas cabinas con balcón al mar, el "Royal Princess" con 44 mil toneladas y casi las mismas dimensiones y la misma capacidad de pasajeros que aquel, la tercera parte de los 1200 viajeros podían viajar en camarotes con balcón al mar. El "Royal Princess" es un asiduo visitante de Montevideo.
En los últimos 15 años los camarotes con balcón al mar se han popularizado. Historiando este tema, el transatlántico italiano "Rex" que fue toda una revelación cuando comenzó a navegar en 1932, tenía gran cantidad de camarotes con novedosos ventanales que se abrían en un un solo sentido, hacia popa y esto fue un servicio que hacía mucha competencia a los otros barcos, aunque solo se viera la popa aunque entraba la luz del día. Pero la batalla para llevar la luz del día a todos los camarotes fue el permanente desafío de los diseñadores y hubo un tiempo que la genialidad ganó espacios, pues se hicieron los camarotes en forma de L, para acceder a la luz del día aunque fuera solo un ojo de buey. Las nuevas construcciones de cruceros se sucedieron y los diseñadores no se dieron descanso creando nuevos ambientes, camarote, ventanas y balcones.
Ellos dicen que un barco que por ejemplo haga cortos viajes y el pasajero permanezca a bordo de uno a tres días, necesita comodidades diferentes a las de un viajero que estará a bordo entre siete y catorce días.
Ofrecemos un Uruguay natural
La mayoría de los cruceros de hoy día fueron construidos para áreas de clima cálido. Todos quieren más vidrio, ventanales y balcones. El diseño del barco y de los camarotes cambia de un caso a otro.
Otra innovación es el baño dividido en compartimentos independizándolos con puertas de vidrio corredizas: cuando una persona se está bañando, otra del otro lado está haciendo su tocador totalmente aislada del primero y aun está la tercera dependencia. Todo es producto de la tecnología y aquí son las puertas inteligentes, herméticas y antisonoras que resuelven el problema.
Los diseñadores y decoradores, son arquitectos e ingenieros en su mayoría jóvenes hombres y mujeres que constantemente están entregando a los nuevos cruceros su creatividad y genialidad y eso hace que viajar en esos barcos sea un placer en sí mismo por el confort y los servicios que se ofrecen.
Después de pasar algunos días a bordo lo mejor es llegar a lugares como los que tiene Uruguay para disfrutar de la naturaleza y de las cosas sencillas, de las cosas que disfrutaron nuestros padres inmigrantes. Es exactamente lo que hacemos nosotros los citadinos cuando llega el fin de semana, alejarnos de la ciudad, del gran ruido para estar lo más cerca posible de la naturaleza. Y los cruceristas buscan eso mismo. Nosotros todavía podemos ofrecer Uruguay Natural.
SALDREMOS PROXIMO 1º DE SETIEMBRE
En razón del feriado, el próximo lunes del 25 de agosto nuestra sección Marítimas no saldrá, de manera que retomaremos contacto con los lectores el próximo lunes 1º de setiembre.