Las venas abiertas

| Victor Hugo Morales

Después de las discusiones y las zozobras, de pedir a gritos que echaran a su técnico, de sufrir el dominio del Boca de Bianchi durante todo lo que va del año, River se alzó con la primera de las alegrías posibles en el fútbol argentino.

Ganar anoche el campeonato local, allí en ese puerta abierta al Sur profundo que es Bahía Blanca, puede significar todavía más que esa vuelta olímpica ofrecida al país desde el pequeño estadio de Olimpo, si, el miercoles, Boca no consigue la Copa frente al Santos.

Es que así viven "xeneizes" y "millonarios". Mirándose el uno al otro todo el tiempo. Para Boca el campeonato obtenido ayer por River, no vale demasiado si supera al Santos. Para River, la alegría de anoche se verá devaluada si los auriazules son campeones de América.

Y Bianchi será apenas el guitarrista de Gardel, y Pellegrini el que lleve la voz cantante.

Los de Boca dicen que el torneo ayer terminado es el "clasificatorio" para lo que ellos a punto de ganar. Y los de Nuñez esperan sentados que Boca no gane nada para volver al Obelisco a gritar más que su triunfo de ayer, el fracaso de su rival de siempre.

La tarde empezó con Boca marcando el nivel del fútbol de este año. Con la reserva mantuvo su chance hasta el final. Le ganó a Independiente con sus suplentes. Despues Bilardo, el gran Narigón que cumplía diecisiete años del sensacional triunfo de la Argentina en México, hizo que su Estudiantes de toda la vida, le robara las últimas ilusiones a Vélez. La victoria pincharrata, pareció parte de una crónica anunciada para ese domingo que terminaría con los brazos arriba de los jugadores de River.

Si Vélez hizo su campaña con un equipo de dos pesos, y está segundo junto a Boca que a su vez jugó con los suplentes una buena parte del torneo, y si Central que es el cuarto equipo de la tabla, arregló tácitamente su partido con Banfield, tan solo para asegurar su permanencia,y si Olimpo es el quinto en el primer año de su llegada a primera, después de haber empezado con un grupo de rejuntados que no terminó nunca de armarse, la tarea de trazar un perfil del torneo es un asunto fácil. La calidad estuvo ausente, salvo que se confunda con ella, lo que no puede ser mencionado con otros adjetivos que no sean entusiasmo, pasión, paridad.

Andres D’Alessandro, Cavenaghi, Demichelis, muy buenos jugadores, bien acompañados por hombres con trayectoria como Coudet y Ameli, y promesas magníficas del tipo del Hachita Ludueña, el orden impuesto por Pellegrini y la natural "vocación ofensiva" de una camiseta con tremenda historia, alcanzaron para consumar, lo que anoche, al cabo de un partido irrelevante, significó la victoria final. Por supuesto que alguien podría decir que hay una cierta injusticia en estas líneas. River es al fin de cuentas el mejor de un torneo donde el segundo, Boca, está por ganar la Libertadores.

Las venas abiertas del futbol de América, lo permiten.

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