FABIAN MURO
Se fue de Uruguay hace treinta años, primero a París y luego a Caracas, donde, más o menos, se instaló. "Tengo mi casa ahí, mi esposa es venezolana, pero en realidad me muevo tanto que no siento que tenga un lugar fijo", dice José Novoa, el director de Garimpeiros. El film, que se estrenó ayer, es el segundo del cineasta que se exhibe en Montevideo, el primero fue Sicario. "Antes de irme, hacía teatro. Formaba parte del Teatro Circular y a menudo me iba al Lindo Bar y miraba hacia el Cine Plaza Central, pensando ‘algún día, en ese cine, van a pasar una película mía’ y con Sicario fue así".
Novoa recuerda particularmente un episodio fuera de la puerta del Circular como desencadenante de su decisión de marcharse. "Yo iba saliendo de la sala y había una manifestación política. Apenas comienzo a hacerme camino para irme a mi casa, me detienen y marcho preso. Tenía pelo largo, barba y era joven. En esa época, ser joven era sospechoso y más si tenías pelo largo y barba. Eso me decidió y un tiempo después me fui".
Una vez instalado en Venezuela, comenzó a desvincularse del teatro para comenzar a dedicarse al cine, su gran pasión. "Mi primer largo, Agonía, todavía estaba demasiado impregnado por mi pasaje por el teatro, pero me sirvió para aprender. Luego hice varios cortos, trabajé en la televisión en telenovelas, hice dirección de fotografía y después vino Sicario", rememora.
La segunda película de Novoa lo ubicó en el mapa cinematográfico internacional, con más de veinte premios obtenidos en distintos festivales del mundo, entre ellos los de Huelva, Biarritz, Gramado, La Habana y Fort Lauderdale, además de representar a Venezuela en la preselección para los premios Oscar. Obvio que la mención a Sicario le trae buenos recuerdos a Novoa, pero también de los otros. "Es la película venezolana más premiada de la historia y seguramente la más taquillera. En su momento la vieron más de un millón de personas y aún hoy la gente la recuerda. Esa película me abrió muchas puertas, tanto dentro del país como hacia afuera".
Pero un éxito semejante tiene también un costado menos grato: "En Colombia se enojaron mucho por esa película, porque claro, era un tema —sobre los asesinos jóvenes de los carteles de la cocaína— que de alguna manera les pertenecía. Algunos amigos míos, cineastas colombianos, me increparon duramente que haya filmado Sicario y algunos medios de prensa de ese país también. Hoy ya corrió mucha agua bajo el puente y sigo siendo amigo con esa gente que me trató con cierta dureza. Pero además, que esa película haya sido la más premiada en la historia del cine venezolana y la haya hecho un uruguayo, también causó malestar".
Sin embargo, Novoa aclara inmediatamente que las molestias que Sicario le causó al orgullo venezolano nunca le trajeron problemas verdaderos. "Siento que me ha ganado un espacio en la sociedad venezolana y en el ambiente profesional en el que me muevo. He estado en jurados en lo que se deciden apoyos financieros para proyectos de películas y me respetan, pero sigo siendo un extranjero, alguien de afuera. Eso no cambia con nada", afirma con marcado acento venezolano.
FUTURO. La trayectoria de Novoa también incluye otros éxitos en Venezuela, como Huelepega, sobre jóvenes callejeros y drogadictos, y, en menor medida, la película estrenada ayer. Dichos logros lo impulsan a intentar abrirse camino en Hollywood, donde instaló una productora, Joel Films. "Hasta ahora, mi cine ha sido uno que está fuertemente arraigado en la realidad social venezolana y latinoamericana. Pero también quiero encarar otros temas, más universales y que no refieran específicamente a un lugar, una época y una realidad política. Porque deseo madurar como realizador y perfeccionar mi oficio". Junto a los uruguayos Alberto Arteaga y Fernando Butazzoni, Novoa se encuentra desarrollando varios guiones, con la esperanza de llevar alguno a la pantalla grande: "Hacer cine es complicado, tanto acá como en Venezuela. Pero lo que es peor es que es muy difícil llegar con una película de un país latinoamericano a otros mercados, incluso dentro del mismo continente. Yo hice cinco películas, pero solo dos llegaron a Montevideo. Otra de las razones por la cual me instalé en Los Angeles es que, en cierta medida, me cansé de pelearla para llegar con mi mensaje o mis películas desde afuera de ese sistema que es tan predominante que es Hollywood. Ahora quiero intentar dar la pelea desde adentro".
Un apoyo al cine nacional
A pesar de vivir bastante lejos de su país, Novoa sigue de cerca el desarrollo del cine nacional. "Creo que la historia del cine uruguayo ha sido una de empujes periódicos que luego mueren. Sin embargo, este último auge es el más importante y sería una pena que se dejara pasar la oportunidad de consolidar una pequeña industria audiovisual nacional, que emplee gente y capacite técnicos", afirma el director en alusión a la crisis por la que atraviesa el Fona, que le debe miles de dólares a varios cineastas.
Novoa está al tanto de los premios obtenidos por películas uruguayas como 25 Watts, En la puta vida, Corazón de fuego, entre otras: "Eso demuestra que se puede tener una pequeña industria nacional, porque el talento y el oficio para hacer cine existe y todo eso fue logrado con relativamente poco dinero porque ¿cuánto es el premio del Fona? 70.000 dólares, o sea nada, una insignificancia para el presupuesto de cualquier película. Además, no se necesita invertir tanto. Se puede cobrar un impuesto a la exhibición de películas extranjeras. Yo pude vender una película mía para el mercado de Estados Unidos. Me cobraron un jugoso impuesto y lo pagué sin chistar. ¿Cuánto paga Matrix recargado por llevarse cientos de miles de dólares de Uruguay?", concluye retóricamente el director.