Pasé la semana pasada conduciendo un auto y volando a lo largo de la región central de Irak. Hay tantas corrientes cruzadas aquí que la única forma en que puedo resumirlas es con esta tarjeta postal dirigida a casa:
La mayor sorpresa: La increíble pobreza en la que Saddam Hussein había sumido a su propio país, más que nada por sus guerras contra Irán y Kuwait, por los 10 años de sanciones y sus 30 años de tiranía. Afuera de las ciudades principales, la mayoría de las casas en las que parecen vivir los iraquíes son chozas de adobe, frecuentemente con drenaje al aire libre y sin aceras. Muchos iraquíes se ven macilentos y vestidos con harapos.
En pocas palabras, Saddam parece haber detrozado el espíritu de su pueblo mucho antes de que llegaran los estadounidenses. No es de extrañar que muchos soldados iraquíes simplemente se hayan despojado de sus uniformes y huido. Con todo el respeto que se merecen los militares estadounidenses, y los hombres y mujeres que lucharon allí, este enfrentamiento sin duda fue una de las guerras más desiguales en la historia de los enfrentamientos armados. En términos socioeconómicos, estábamos en guerra contra los Picapiedra.
Lo peor acerca de esta pobreza: El saqueo, que como una plaga de langostas cayó sobre esta nación, cuando el rápido triunfo de las tropas norteamericanas dejó un vacío de poder. Fue una explosión espontánea de rabia acumulada entre los iraquíes contra un régimen que les había robado todo lo que poseían. También se vio alimentado por un decenio de sanciones económicas y depravación que hizo a muchos iraquíes sentir el ansia de apoderarse de algo, como lo demuestra la extraña colección que se vende en el mercado de saqueadores de Basora.
Lo mejor de esta pobreza: Los iraquíes están tan abatidos que la mayoría parece estar dispuesta a dar a los estadounidenses la oportunidad de hacer de este país un lugar mejor. Y, lo que es más importante, se requeriría de muy escasa inversión, y de una seguridad básica, para mejorar la economía aquí y tener un efecto inmediato en la vida de la gente.
Las facciones políticas iraquíes con mayor energía: Los iraquíes exiliados que regresan. Cuando crucé la frontera con Kuwait, fui detenido por una enorme muchedumbre de exiliados ondeando banderas verdes y golpeando locamente en el techo del auto que estaba adelante. En él viajaba un molá iraquí exiliado que regresaba de Irán. Su jefe, el líder más importante de los exiliados iraquíes, el ayatolá Muhammad Bakr al-Hakim, había regresado después de 23 años en el exilio en Irán un día antes, para presionar por el establecimiento de una "democracia islámica" en Irak. Encontré una energía similar, sin el fervor religioso, al visitar a las facciones curdas y los colaboradores de Ahmad Chalabi, líder del Congreso Nacional Iraquí en el exilio.
Los exiliados que regresan saben como jugar a la política y se están entrevistando con delegaciones en todo el país, describiendo sus visiones respectivas y presionando a los estadounidenses para que les permitan formar un gobierno interino. Los iraquíes en la mayoría silenciosa, en contraste, parecen encontrarse al margen de todo. No se conocen entre sí. No se les ha permitido tener una conversación horizontal durante décadas. Todo lo que han tenido es un monólogo vertical, de la cúpula hacia abajo. Será interesante ver cuáles de estos grupos de exiliados, que en realidad no han tenido que soportar el trauma nacional en Irak, serán capaces de echar raíces entre los iraquíes que permanecieron en el país.
La estadística más importante que escuché: Irak es 60 por ciento chiíta. De ese 60 por ciento, quizá 30 por ciento sería partidario de una república islámica al estilo de la de Jomeini. Eso es sólo 18 por ciento de la población del país. En tales circunstancias, dos cosas parecen claras: el próximo presidente de Irak será chiíta, e Irak no será Irán.
La pregunta más ansiosamente formulada por un periodista iraquí que conocí en Irak: ¿Cuándo van a conquistar Irán los estadounidenses?
La pregunta más ansiosamente formulada por un periodista libanés en Irak: ¿Cuándo van a conquistar Siria los estadounidenses?
Mi respuesta básica a ambas preguntas: Hasta que demostremos que podemos hacer bien las cosas en Irak, ni siquiera pregunten.
Mejor cita de un general de Estados Unidos, cuando se le preguntó si podremos hacer bien las cosas en Irak: "Es algo que se puede hacer... Simplemente no sé si nosotros podemos hacerlo".
© The New York Times