BUENOS AIRES | ANSA
El presidente electo de Argentina, Néstor Kirchner, aseguró que la Argentina "ya demostró que se puede vivir sin un acuerdo con el FMI", a partir de la experiencia que atravesó el país durante el año pasado.
Además aseguró que su Gobierno no aceptará "imposiciones ni recetas lamentables o desastrosas del FMI, aunque dijo no creer que el organismo vuelva a plantearle a Argentina ajustes indeseables.
Colaboradores del presidente argentino anticiparon que el nuevo mandatario espera conseguir una nueva moratoria del FMI para extender el pago de 4.000 millones de dólares que debería cancelar Argentina antes de fin de año con los organismos financieros internacionales.
Kirchner señaló que "no hay que angustiarse por los vencimientos" con los organismos financieros internacionales y que "la negociación con el FMI "no deber ser dramática".
BORRADOR. El mandatario electo confirmó en el Ministerio de Economía a Roberto Lavagna, quien ya está trabajando en el borrador del acuerdo que le propondrá al FMI, cuando reanude las negociaciones con el organismo, esta vez como funcionario del nuevo gobierno del país.
Argentina y el FMI firmaron un acuerdo "corto" el 23 de enero pasado, que vencerá el primero de agosto venidero.
Para conseguir un nuevo acuerdo, previamente el Congreso argentino deberá aprobar la compensación a los bancos por la pesificación asimétrica de enero de 2002, cuando se abandonó el régimen de Convertibilidad.
Lavagna en enero pasado también se comprometió con el FMI en obtener la aprobación parlamentaria de un nuevo impuesto a los combustibles y un aumento de las tarifas de los servicios públicos, que oscilaría del 20 por ciento (el máximo que concedería el gobierno) al 40 por ciento (como demandan las empresas concesionarias, en su mayoría de origen europeo).
DESCONOCIDO. Según voceros de la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, Kirchner es un "desconocido" que no conseguirá el apoyo de Washington para renegociar con el FMI, hasta que no se conozca su rumbo político y en especial su orientación en materia de relaciones exteriores.
Kirchner se ufana de no haber pisado nunca la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, de no hablar inglés, y apoyó la abstención de Argentina cuando se votó la cuestión cubana en la comisión de derechos humanos de la ONU.
El nuevo presidente anticipó que no practicará el "alineamiento automático" con Estados Unidos y que las relaciones con Washington "estarán en el mismo plano que con la Unión Europea".
Voceros del establishment argentino, que suelen expresar el pensamiento del FMI y de los banqueros, anticiparon que la intención de Kirchner de conseguir una nueva moratoria "cayó muy mal" en Washington, porque "el país ya está en default desde enero de 2002 y es hora de que Argentina abandone las medidas dilatatorias, para comenzar a pagar su deuda externa".
Kirchner pronunció el miércoles pasado un duro discurso que cayó como un baldazo de agua helada entre los empresarios argentinos, cuando ya se sabía que Carlos Menem abandonaba el balotaje presidencial.
En esa oportunidad, Kirchner dijo que no sería "presa de las corporaciones" y criticó a los grupos económicos que "se privilegiaron" durante la década menemista.
Los dirigentes políticos que acompañan a Kirchner desde que lanzó su campaña electoral, aseguran que el futuro presidente "va a chocar con los grupos económicos más de una vez, pero también sabe manejarse con realismo. No pretende salirse del capitalismo, sino poner en caja a los empresarios y darle mayor protagonismo al Estado".
Uno de los primeros choques será inevitablemente con las empresas privatizadas de servicios a las que Kirchner pedirá cuentas de sus inversiones antes de conceder un aumento de tarifas.
Elogios
Néstor Kirchner recibió elogios por el gabinete que designó y también por la independencia con que lo eligió. El mayor elogio provino del diario "La Nación", generalmente crítico del futuro mandatario. Su comentarista político Joaquín Morales Solá admitió que "Duhalde tenía razón. Kirchner hace lo que quiere".