Hay una sola cosa en la cual están todos —peronistas, radicales, izquierdistas piqueteros, etc.— de acuerdo: que se trata de la elección más reñida de toda la historia argentina. Convocada y llevada a cabo en una fecha anticipada a la prevista inicialmente por decisión del presidente Duhalde, en medio de una ola de problemas sociales, económicos, institucionales y de seguridad, que en algún momento amenazaron incluso su realización. Pero de la que lentamente el país ha comenzado a emerger, según afirman los actuales conductores de la economía, con las cifras que confirman ese aserto en la mano. Y también los enconados rivales de hoy coinciden en otra constatación: la de que nadie logrará mayorías decisivas y que el nombre del futuro presidente de la nación surgirá de una segunda vuelta electoral.
El contraste entre las distintas propuestas, las intenciones de voto de los distintos postulantes de acuerdo a las últimas encuestas realizadas no son temas de esta nota; sobre ellos el lector encontrará amplísima información en las páginas especializadas. Aquí queremos hacer hincapié en otros hechos, como por ejemplo el clima social en que el país hermano llega a esta elección. Sospechado desde una primer instancia sobre sus reales intenciones de cumplir con sus promesas de brindar al país comicios; acusado de pretender quedarse en el poder; rodeado de cargos de fraude desde todos los rincones del país; envuelto en la ola de desprestigio que ha ganado a toda la clase política argentina que se corporizó en el "váyanse todos"; amenazado desde la extrema izquierda con el "voto bronca", Duhalde ha conseguido en apariencia (mañana se sabrá si definitivamente) superar toda esa ola de denuncias y llegar al día más importante de su mandato confiado en ofrecer a todos sus compatriotas una elección correcta con un resultado aceptado por todos. Por eso cobra particular trascendencia la frase con que cerró su mensaje a la Nación: "cada voto que pongamos en las urnas generará el futuro de la Argentina", afirmó. Y seguramente que sus conciudadanos exhortados a actuar con grandeza y responsabilidad en uno de los días más importantes de la historia contemporánea argentina sabrán responder. Concurrirán masivamente a las urnas y emitirán su sufragio en paz.