Domingo 13 de abril de 2003- Año 85 -Nº 29339
Internet Año 8 - Nº 2449 | Montevideo - Uruguay
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Los temas de El País. Una nueva clase media emerge de la crisis. Reduce la calidad de su consumo, acepta dejar el automóvil pero no el colegio pago de sus hijos.
La crisis cambia el perfil uruguayo

El uruguayo medio intenta adaptarse a una de las peores crisis económicas, pero no se resigna a perder sus logros

Enrique Etchevarren

Rosa Aguirre

La clase media uruguaya, considerada durante décadas como uno de los más valiosos patrimonios nacionales, está cambiando.

Los economistas no se ponen de acuerdo cuando tienen que definirla, pero los sociólogos dicen que son casi la tercera parte de la población uruguaya. En lo que todos están de acuerdo es que sus integrantes están tratando de adaptarse a una de las peores crisis económicas del país sin perder la calidad de vida a la que se acostumbraron entre 1985 y 1998.

Ana C., una mujer casada con dos hijas que vive en Punta Carretas, puede ser un ejemplo. Es jefa de su hogar en Montevideo desde que su esposo quedó desempleado —hace nueve meses— y luego consiguió un puesto de trabajo en Maldonado donde pasó a residir.

Desde entonces Ana está a cargo de las necesidades de su familia con un sueldo de funcionaria pública de 12.300 pesos y una pensión de 1.800 pesos que le dejó su padre.

En la puerta de su heladera Ana tiene pegado un "manual" para uso del teléfono, que dice así:

Antel. Cada computo cuesta 1 peso más iva.

De lunes a viernes:

entre las 11 y las 18 horas vale 1 computo por minuto: prohibido hablar salvo razones de extrema urgencia;

entre las 9 y las 11 y de 18 a 21 vale un computo cada 3 minutos:

hablar lo necesario;

entre las 21 y las 9 de la mañana vale 1 computo cada 6 minutos:

hablar con más libertad.

"Creo que soy una especie de mago", dice a El País mientras explica su estrategia para hacer frente a un presupuesto de 10.455 pesos en gastos fijos.

"Acabo de recibir la factura de la contribución que iré pagando en la medida que pueda".

"Desde que mi marido quedó sin trabajo no voy más al cine ni a comer afuera. En realidad no voy a ningún lado donde tenga que pagar".

"No corté el (tv) cable porque es mi único entretenimiento".

"Compro poca carne y mucho producto ‘leader price’, hasta la yerba, aunque no me gusta".

"Tengo un auto que está en venta pero nadie me lo compra: ojalá me lo roben".

"Cargo 5 litros de nafta por semana que me salen 130 pesos y voy hasta donde llego, por eso digo que para mí la nafta bajó porque antes ponía 200 pesos".

IMPACTO REAL. La historia de Ana es el centro de estudios que realizan economistas y sociólogos para definir el perfil del uruguayo medio y sus nuevas costumbres en materia de consumo.

"Realmente estamos en crisis desde hace cuatro años pero no es una crisis más", dice Guzmán Elola, un economista de la firma Equipos Mori que busca definir ese nuevo perfil de consumidor medio.

"Puede resultar trivial, pero esta crisis está teniendo impactos reales en la sociedad uruguaya en su conjunto y en la forma en que el consumidor se enfrenta a la vida", agrega.

Elola explica que el proceso de crisis está en curso y que por ello "no podemos decir qué tipo de consumidor medio va a engendrar, pero ya se van definiendo algunas pautas".

Tanto los expertos de Equipos como otro analistas consultados por El País, coinciden en diagnosticar los primeros cambios: hoy, el uruguayo medio consume marcas y productos que antes rechazaba, renunció a sus planes de cambiar el automóvil y redujo sus programas de vacaciones. Hace todo lo posible para continuar enviando a sus hijos al mismo colegio privado y, muchas veces, sacrifica la afiliación a una mutualista, aunque mantiene los servicios de emergencia móvil como sucedáneo. Alterna cada vez más los desplazamientos en automóvil con el recurso al transporte público y trata de no renunciar totalmente a las salidas de entretenimiento y tiempo libre.

"Para entender lo que pasa hoy hay que entender lo que pasó antes. En los años 90 los uruguayos asistieron a un proceso de fuerte consumismo en base a sus buenos resultados económicos", afirma Nicolás Somma, un sociólogo que trabaja junto a Elola estudiando el comportamiento del consumidor.

Sostiene que "en los ’90 el mundo se hizo más barato para los uruguayos, se registró el desarrollo de los shopping, de los grandes supermercados, creció la oferta turística y en la industria de los entretenimientos".

"Eso forjó un consumidor muy diferente al de los años ’80, que valora el tiempo dedicado al entretenimiento, a los productos importados y accedió a niveles cada vez más altos en materia de educación", agrega, lo que explica que pese a la crisis ese uruguayo tipo se resista a perder algunas cosas.

"El uruguayo se acostumbró a tomar gaseosas y ahora no deja de tomarlas pero busca otras de menor categoría", dice Somma, y explica que "hay otro tipo de productos con una elasticidad mucho más fuerte ante el cambio, por ejemplo los bienes típicamente suntuarios como el automóvil lo que explica la caida dramática en las ventas de ’cero kilómetros’ en los años 2001 y 2002".

"Sin embargo, en educación la retracción no ha sido del mismo nivel lo que se vincula a que la instrucción tiene un valor importante en la matriz social del Uruguay", afirma.

Además, los técnicos de Equipos reconocen que en el consumo no sólo se cuentan aspectos económicos, sino que también intervienen variables de orden social que juegan un papel importante en el reacomodamiento de la clase media ante la crisis.

"Las estrategias (ante la crisis) son diversas y eso impacta sobre el consumo, porque quien enfrenta la pérdida del empleo o la reducción del salario busca la manera de conciliar esa realidad con el mantenimiento de sus redes sociales o de su imagen de clase".

Elola explica que "el consumidor uruguayo es bastante inflexible para perder algunas cosas y muy flexible para renunciar a otras. Esta es una definición importante y tiene que ver con la idea de pertenencia de clases: no voy a prescindir de la educación, o no voy a dejar de consumir determinados servicios y productos. Podré valorar, estaré dispuesto a perder la marca premium, pero no puedo dejar de tener algo. Esto apunta a la idea del producto base, la satisfacción de la necesidad básica es lo que no está en cuestión, el tema es cómo lo consigo".

A pesar de que los efectos de la crisis no dependen de la situación social, porque afectó a gente con muy diferente capacidad económica (desde obreros desempleados hasta ahorristas de bancos liquidados) los especialistas sostienen que el medio en que viven y trabajan las personas es un factor importante a la hora de definir estrategias para superar los problemas. Lo que los sociólogos llaman "vínculos débiles’ son aquellas personas que nos rodean como los vecinos, conocidos o amigos que tienen un poder importante para darnos oportunidades laborales, sociales, etc. El lugar de residencia también importa ya que las redes sociales con que la persona cuenta ayudan en situaciones de crisis", explica Somma.

PERSPECTIVAS. Mientras el sector medio de la sociedad uruguaya sufre ese proceso de acomodamiento, los indicadores macroeconómicos empiezan a dar las primeras y tímidas señales de que la actividad comienza a recuperarse. Al menos si se atiende al sector exportador beneficiado directamente por la devaluación del peso.

Las exportaciones en marzo aumentaron un 8 por ciento aunque con respecto a un año pésimo como el 2002, el desempleo que llegó al 19.8 por ciento se redujo a un 17,8 por ciento aunque sigue estando muy por encima de los niveles históricos. Para los especialistas otros índices indirectos, como el aumento de las importaciones en admisión temporaria (38% en marzo) presagian una mayor exportación en los meses próximos.

Pero para el ciudadano medio la pregunta relevante sigue siendo cuánto tiempo habrá que esperar para tener un respiro en su economía doméstica.

El economista Jorge Caumont cree que "si todo sigue bien" esos indicadores continuarán mejorando en el segundo semestre de este año, aunque advierte que "todavía estamos cayendo".

"Creo que el año próximo Uruguay va a crecer algo pero, de todos modos, crecer un 3,5 o 4 por ciento después de caer un 10,8 por ciento no es una solución, pero inicia una etapa".

En su opinión "en la segunda mitad del año próximo deberíamos tener mejores indicadores de actividad y probablemente, si las cosas se hacen bien, debería haber una caída del desempleo, primero leve y después impulsada por los sectores exportadores y de sustitución de importaciones".

Sin embargo, el especialista dice que la reactivación tardará en llegar al sector de la construcción, el más intensivo en utilización de mano de obra.

"La construcción, al menos hasta fines del 2004 va a estar muerta, porque para invertir en inmuebles se necesitan créditos, tasas de interés bajas, un aumento del ingreso, etc, porque hoy tenemos medio Montevideo en venta".

Caumont sostiene que "el sector agropecuario sano ya se está recuperando" y que eso se va a trasladar a las actividades exportadoras vinculadas al agro como frigorificos, textiles y lácteos".

Por otra parte, asegura que una incipiente industria nacional aprovechará que el valor de los productos importados esté fuera del alcance del consumidor, para volver a la actividad.

"Las fábricas de fideos, por ejemplo, están creciendo enormemente por dos razones: antes se compraban fideos italianos que hoy están fuera de competencia y ahora más gente consume ese tipo de comidas que antes".

Si bien fija en un año y medio el tiempo de espera que todavía deberá soportar la clase media uruguaya, advierte que el plazo es diferente si pensamos en cuánto demorará Uruguay en recuperar los niveles de calidad de vida anteriores.

"Recuperar el nivel de bienestar que teníamos en el año 98 o 99 nos llevará tal vez 6 o 7 años, porque no hay economía que se pueda recuperar de una caida brutal como la que hemos tenido".


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