Enrique Etchevarren
Rosa Aguirre
La clase media uruguaya, considerada durante
décadas como uno de los más valiosos patrimonios
nacionales, está cambiando.
Los economistas no se ponen de acuerdo cuando
tienen que definirla, pero los sociólogos dicen que son
casi la tercera parte de la población uruguaya. En lo
que todos están de acuerdo es que sus integrantes
están tratando de adaptarse a una de las peores crisis
económicas del país sin perder la calidad de vida a la
que se acostumbraron entre 1985 y 1998.
Ana C., una mujer casada con dos hijas que vive en
Punta Carretas, puede ser un ejemplo. Es jefa de su
hogar en Montevideo desde que su esposo quedó
desempleado —hace nueve meses— y luego
consiguió un puesto de trabajo en Maldonado donde
pasó a residir.
Desde entonces Ana está a cargo de las necesidades
de su familia con un sueldo de funcionaria pública de
12.300 pesos y una pensión de 1.800 pesos que le
dejó su padre.
En la puerta de su heladera Ana tiene pegado un
"manual" para uso del teléfono, que dice así:
Antel. Cada computo cuesta 1 peso más iva.
De lunes a viernes:
entre las 11 y las 18 horas vale 1 computo por minuto:
prohibido hablar salvo razones de extrema urgencia;
entre las 9 y las 11 y de 18 a 21 vale un computo cada
3 minutos:
hablar lo necesario;
entre las 21 y las 9 de la mañana vale 1 computo cada
6 minutos:
hablar con más libertad.
"Creo que soy una especie de mago", dice a El País
mientras explica su estrategia para hacer frente a un
presupuesto de 10.455 pesos en gastos fijos.
"Acabo de recibir la factura de la contribución que iré
pagando en la medida que pueda".
"Desde que mi marido quedó sin trabajo no voy más al
cine ni a comer afuera. En realidad no voy a ningún
lado donde tenga que pagar".
"No corté el (tv) cable porque es mi único
entretenimiento".
"Compro poca carne y mucho producto ‘leader price’,
hasta la yerba, aunque no me gusta".
"Tengo un auto que está en venta pero nadie me lo
compra: ojalá me lo roben".
"Cargo 5 litros de nafta por semana que me salen 130
pesos y voy hasta donde llego, por eso digo que para
mí la nafta bajó porque antes ponía 200 pesos".
IMPACTO REAL. La historia de Ana es el centro de
estudios que realizan economistas y sociólogos para
definir el perfil del uruguayo medio y sus nuevas
costumbres en materia de consumo.
"Realmente estamos en crisis desde hace cuatro años
pero no es una crisis más", dice Guzmán Elola, un
economista de la firma Equipos Mori que busca definir
ese nuevo perfil de consumidor medio.
"Puede resultar trivial, pero esta crisis está teniendo
impactos reales en la sociedad uruguaya en su
conjunto y en la forma en que el consumidor se
enfrenta a la vida", agrega.
Elola explica que el proceso de crisis está en curso y
que por ello "no podemos decir qué tipo de
consumidor medio va a engendrar, pero ya se van
definiendo algunas pautas".
Tanto los expertos de Equipos como otro analistas
consultados por El País, coinciden en diagnosticar los
primeros cambios: hoy, el uruguayo medio consume
marcas y productos que antes rechazaba, renunció a
sus planes de cambiar el automóvil y redujo sus
programas de vacaciones. Hace todo lo posible para
continuar enviando a sus hijos al mismo colegio
privado y, muchas veces, sacrifica la afiliación a una
mutualista, aunque mantiene los servicios de
emergencia móvil como sucedáneo. Alterna cada vez
más los desplazamientos en automóvil con el recurso
al transporte público y trata de no renunciar totalmente
a las salidas de entretenimiento y tiempo libre.
"Para entender lo que pasa hoy hay que entender lo
que pasó antes. En los años 90 los uruguayos
asistieron a un proceso de fuerte consumismo en
base a sus buenos resultados económicos", afirma
Nicolás Somma, un sociólogo que trabaja junto a Elola
estudiando el comportamiento del consumidor.
Sostiene que "en los ’90 el mundo se hizo más barato
para los uruguayos, se registró el desarrollo de los
shopping, de los grandes supermercados, creció la
oferta turística y en la industria de los
entretenimientos".
"Eso forjó un consumidor muy diferente al de los años
’80, que valora el tiempo dedicado al entretenimiento, a
los productos importados y accedió a niveles cada vez
más altos en materia de educación", agrega, lo que
explica que pese a la crisis ese uruguayo tipo se
resista a perder algunas cosas.
"El uruguayo se acostumbró a tomar gaseosas y ahora
no deja de tomarlas pero busca otras de menor
categoría", dice Somma, y explica que "hay otro tipo de
productos con una elasticidad mucho más fuerte ante
el cambio, por ejemplo los bienes típicamente
suntuarios como el automóvil lo que explica la caida
dramática en las ventas de ’cero kilómetros’ en los
años 2001 y 2002".
"Sin embargo, en educación la retracción no ha sido
del mismo nivel lo que se vincula a que la instrucción
tiene un valor importante en la matriz social del
Uruguay", afirma.
Además, los técnicos de Equipos reconocen que en el
consumo no sólo se cuentan aspectos económicos,
sino que también intervienen variables de orden social
que juegan un papel importante en el
reacomodamiento de la clase media ante la crisis.
"Las estrategias (ante la crisis) son diversas y eso
impacta sobre el consumo, porque quien enfrenta la
pérdida del empleo o la reducción del salario busca la
manera de conciliar esa realidad con el mantenimiento
de sus redes sociales o de su imagen de clase".
Elola explica que "el consumidor uruguayo es bastante
inflexible para perder algunas cosas y muy flexible para
renunciar a otras. Esta es una definición importante y
tiene que ver con la idea de pertenencia de clases: no
voy a prescindir de la educación, o no voy a dejar de
consumir determinados servicios y productos. Podré
valorar, estaré dispuesto a perder la marca premium,
pero no puedo dejar de tener algo. Esto apunta a la
idea del producto base, la satisfacción de la necesidad
básica es lo que no está en cuestión, el tema es cómo
lo consigo".
A pesar de que los efectos de la crisis no dependen de
la situación social, porque afectó a gente con muy
diferente capacidad económica (desde obreros
desempleados hasta ahorristas de bancos liquidados)
los especialistas sostienen que el medio en que viven
y trabajan las personas es un factor importante a la
hora de definir estrategias para superar los
problemas. Lo que los sociólogos llaman "vínculos
débiles’ son aquellas personas que nos rodean como
los vecinos, conocidos o amigos que tienen un poder
importante para darnos oportunidades laborales,
sociales, etc. El lugar de residencia también importa ya
que las redes sociales con que la persona cuenta
ayudan en situaciones de crisis", explica Somma.
PERSPECTIVAS. Mientras el sector medio de la
sociedad uruguaya sufre ese proceso de
acomodamiento, los indicadores macroeconómicos
empiezan a dar las primeras y tímidas señales de que
la actividad comienza a recuperarse. Al menos si se
atiende al sector exportador beneficiado directamente
por la devaluación del peso.
Las exportaciones en marzo aumentaron un 8 por
ciento aunque con respecto a un año pésimo como el
2002, el desempleo que llegó al 19.8 por ciento se
redujo a un 17,8 por ciento aunque sigue estando muy
por encima de los niveles históricos. Para los
especialistas otros índices indirectos, como el
aumento de las importaciones en admisión temporaria
(38% en marzo) presagian una mayor exportación en
los meses próximos.
Pero para el ciudadano medio la pregunta relevante
sigue siendo cuánto tiempo habrá que esperar para
tener un respiro en su economía doméstica.
El economista Jorge Caumont cree que "si todo sigue
bien" esos indicadores continuarán mejorando en el
segundo semestre de este año, aunque advierte que
"todavía estamos cayendo".
"Creo que el año próximo Uruguay va a crecer algo
pero, de todos modos, crecer un 3,5 o 4 por ciento
después de caer un 10,8 por ciento no es una
solución, pero inicia una etapa".
En su opinión "en la segunda mitad del año próximo
deberíamos tener mejores indicadores de actividad y
probablemente, si las cosas se hacen bien, debería
haber una caída del desempleo, primero leve y
después impulsada por los sectores exportadores y de
sustitución de importaciones".
Sin embargo, el especialista dice que la reactivación
tardará en llegar al sector de la construcción, el más
intensivo en utilización de mano de obra.
"La construcción, al menos hasta fines del 2004 va a
estar muerta, porque para invertir en inmuebles se
necesitan créditos, tasas de interés bajas, un aumento
del ingreso, etc, porque hoy tenemos medio
Montevideo en venta".
Caumont sostiene que "el sector agropecuario sano ya
se está recuperando" y que eso se va a trasladar a las
actividades exportadoras vinculadas al agro como
frigorificos, textiles y lácteos".
Por otra parte, asegura que una incipiente industria
nacional aprovechará que el valor de los productos
importados esté fuera del alcance del consumidor,
para volver a la actividad.
"Las fábricas de fideos, por ejemplo, están creciendo
enormemente por dos razones: antes se compraban
fideos italianos que hoy están fuera de competencia y
ahora más gente consume ese tipo de comidas que
antes".
Si bien fija en un año y medio el tiempo de espera que
todavía deberá soportar la clase media uruguaya,
advierte que el plazo es diferente si pensamos en
cuánto demorará Uruguay en recuperar los niveles de
calidad de vida anteriores.
"Recuperar el nivel de bienestar que teníamos en el
año 98 o 99 nos llevará tal vez 6 o 7 años, porque no
hay economía que se pueda recuperar de una caida
brutal como la que hemos tenido".