Hacer o no hacer historia

| Pasó medio siglo y da pena que no haya nacido una generación capaz de superar a los derrotistas de los años 60

En 1994 publiqué un libro titulado "La reforma inevitable".

Dos años después empezó con la coalición de la izquierda italiana "El Olivo", una revolución no violenta que cambió Europa y Asia. El Viejo Continente, para poder competir con EE.UU., puso en práctica las soluciones más adecuadas. Los prohombres de la política, en los diversos países, fueron capaces de rever su ideología y demostraron con sus dichos y con sus actos que la reforma inevitable era una sola y absolutamente necesaria, para armonizar los riesgos y los beneficios de la globalidad.

Han transcurrido más de ocho años, el Uruguay sigue solo y aparte del mundo porque la izquierda uruguaya no es izquierda ni es uruguaya, porque descree de todo y oculta la verdad de la historia de nuestro tiempo. La cantidad de inteligencia que el Uruguay dedicó a desinformarse es incontable.

"Ser de izquierda en el Uruguay resulta incompatible con el pensamiento y con la información, exige ser ignorante o estar distraído; y muchas veces soportar cargos de conciencia". (1)

COMPROBACIONES. Hace poco, como un referente convocado, comenté los borradores de un "Programa" para la enseñanza de la Historia contemporánea en cuarto año de Liceo, sobre el cual trabaja la "Comisión de Reformulación Programática de Historia e Historia del arte", en Enseñanza Secundaria.

Haciendo ese trabajo comprobé una vez más que los grandes temas de nuestro tiempo, no solo no se discuten en el Uruguay; tampoco se mencionan.

En mi comentario sobre la última versión del Programa, que redactara la Comisión integrada por destacados profesores e inspectores de la materia (27/2/03) escribí:

—El "Programa" no puede prescindir de la historia de la reforma liberal que predomina en el mundo. Puede haber motivos de insatisfacción y motivos para oponerse en aspectos puntuales, dentro de tal solución. Lo que no hay, por ahora, es una fórmula sustitutiva. Y esta comprobación de hecho es de una trascendencia histórica, inocultable. Nadie puede describir un modelo de recambio y esta imposibilidad debe tenerse en cuenta y estudiarse, cuando se trata de dar a conocer la globalización.

La globalización es inevitable y es peligrosa. Nadie escapa de la globalización y la globalización mal entendida puede ser muy cruel con los países que se apartan; quedan al margen del resto del mundo. Esta es una enseñanza (una responsabilidad) que deben conocer los estudiantes, para formarse como ciudadanos.

La realidad, buena y mala, está ahí y debe ser atendida científicamente, en su contundencia real, sin perjuicio de los sueños o las utopías que forman parte de la realidad, pero que son de otra índole ontológica.

La historia del último medio siglo registra el avance sin pausas de los principios liberales, a tal grado, que su aplicación está más allá de la orientación política de los gobiernos.

"Paradójicamente, la mayor parte de las reformas liberales más completas y exitosas y recientes, fueron llevadas a cabo por gobiernos de izquierda".

Atención especial merece la actualidad brasileña. Brasil, que tiene el tamaño de un continente, es un país democrático y asociado al Mercosur y su encrucijada actual refleja de modo transparente, "la cuestión" de la posmodernidad: la inevitable contemplación de los principios liberales (se tenga la orientación que se tenga) como única actitud razonable para situarse en el concierto internacional.

En este sentido el ejemplo sudamericano más plenamente cumplido y uno de los más aleccionantes para nosotros, lo constituye Chile.

Para la selección de los casos donde se da de manera irreversible la Reforma liberal, corresponde a un enfoque uruguayo, preferir el ejemplo de los países pequeños y débiles; y si es posible, los más parecidos al nuestro.

Nueva Zelanda, que es de los primeros reformistas, es un punto de referencia ineludible.

(Estos, con pequeñas variantes de estilo, fueron algunos de mis comentarios al Programa de Historia que continúa en discusión académica, dentro del proceso previsto por Enseñanza Secundaria).

La historia de la segunda mitad del siglo XX, si se suprime el éxito de los países emergentes que mejoran su desarrollo humano y que mejoran su cualidad de vida, se hace no solo falsa por ausencia de determinada información, sino que se hace muy depresiva, para nosotros. El mundo estaría indicando que no hay salida viable, para países como Uruguay.

UN ACIDO CRITICO DEL GOBIERNO, escribe sobre la depresión compatriota y al mismo tiempo ilustra con su actitud, el flagelo que critica:

—"La depresión, la falta de salidas tanto individuales como colectivas, el futuro incierto, han ido modificando costumbres, valores y hasta concepciones sociales, convirtiendo a los uruguayos en escépticos propagadores de ideas negativas"— y un poco más abajo, fiel a su condición de uruguayo descreído y propagador de ideas negativas, el mismo autor, afirma:

—"Hay que preguntarse si es posible, ya que faltan dos años para un gobierno del doctor Tabaré Vázquez, esperar tanto. Es que la crisis de valores sociales y políticos de los partidos tradicionales revela de manera singular un déficit ético que está acompañando el divorcio entre la sociedad solidaria y el régimen gobernante. Dos años ¿no será demasiado tiempo?" (2)

Comento: No sólo la crisis actúa para deprimir y descreer. La labor cultural de los derrotistas espontáneos colabora al mismo fin desastroso.

"La mera comparación entre la involución argentina y la evolución chilena, pone de manifiesto la inmoralidad del discurso falsario de la izquierda uruguaya, que mucho habla del fracaso de las fórmulas liberales argentinas (mamarrachescamente aplicadas) y nunca habla de los éxitos de las fórmulas liberales chilenas (que luego de varias alternativas, fueron bien aplicadas).

Ser de izquierda aquí y ahora obliga a quejarse de todo y a dejar todo como está; exige tener como meta un gobierno que reproduzca la experiencia lamentable de dos buenas personas: Salvador Allende o Fernando De la Rúa. Ambos llegaron al poder llevados por un frente popular; y cuando estuvieron en el poder, por no poder, defraudaron a la mayoría de sus votantes y fueron crucificados desde dentro de sus propias filas; y hubo una tragedia nacional". (1)

Aquí y ahora, importa más que nunca, informarse bien y aclarar la mente. El subdesarrollo anida en el cráneo y es difícil desalojarlo de un lugar tan íntimo.

—"Es posible, ya que faltan dos años para un gobierno del doctor Tabaré Vázquez, esperar tanto?" -dice el ensayista.

La sola pregunta lleva a pensar que una vez instalado "un gobierno del doctor Vázquez" cesará "el divorcio entre la sociedad solidaria y el régimen gobernante". Pero es muy improbable que así sea; los uruguayos no están preparados para entender de golpe la realidad que fue disfrazada durante décadas. No puede imaginarse peor castigo para el candidato del Frente Amplio, que protagonizar los cambios inevitables, sabiendo que la mayoría de sus partidarios fueron formados para resistir tales reformas.

El presidente Lula enseña con su ejemplo, que ningún gobierno puede hacer lo que quiere. Todos deben adecuar su acción a las posibilidades; cuando de quince gobiernos de Europa, trece eran socialistas, tampoco pudieron evitar la reforma inevitable. Quiero ser bien preciso; doy los nombres por orden de aparición: Prodi, D’Alema, Blair, Kok, Fabius, Schröeder y también Jian Zemig en China continental.

En Brasil ¡a los sesenta días del gobierno de Lula! "los sin tierra" pusieron fin al plazo de paz que le habían concedido y ya invaden de nuevo; alegan: "El plazo de expectativa llegó a su fin". ¿Quién les dio la ilusión que ahora dan por perdida?

EL PROBLEMA URUGUAYO proviene de la crisis mundial, de la crisis regional y de los propios errores cometidos por indecisión o falta de patriotismo; pero lo más grave no es eso, lo más grave radica en el vaciamiento emocional; los uruguayos fueron desmantelados de toda ilusión mediante una prédica incesante, descreída, pesimista y profundamente reaccionaria: la prédica de dejar todo como está. En un momento terrible, la lluvia de plebiscitos y su consiguiente inseguridad jurídica, cegó la posibilidad de lograr inversiones, tecnología y trabajo; paró el país. Son hechos.

"La conducción del Frente Amplio sabe que el reciclaje ideológico de la izquierda uruguaya es tan inevitable como la reforma del Estado, pero sus dirigentes consideran que la actualización del conocimiento no es compatible con ganar las elecciones (craso error de apreciación); en consecuencia, se pusieron de acuerdo para pensar una cosa y decir otra (grave inmoralidad). Su juego, según lo dicho explícitamente, consiste en bloquear el país en el plano político y en plano de la información. Este designio implica un fingimiento monumental y es exactamente lo contrario de una actitud progresista.

En caso de ganar las elecciones, muchos votantes del Frente Amplio sentirán con razón que fueron trampeados y no perdonarán una traición tan premeditada. Para comprobar estos augurios, basta con remitirse a los trabajos del Centro de Estudios Estratégicos 1815. O más recientemente, a la línea de gobierno que ha impuesto el presidente Lula.

SOBRE ALACRANES. Aconsejaba don Carlos Vaz Ferreira, desinfectar los instrumentos antes de operar, es decir: definir bien las palabras antes de iniciar una discusión. En el presente caso, el núcleo del asunto es el término alacrán. El alacrán es una especie de araña con aguijón que inyecta veneno. El alacrán es ambidiestro: puede envenenar a quien pique y puede envenenarse a sí mismo.

El veneno de los uruguayos alacranados no mata, pero impone descreer: que descrean los adversarios y también los partidarios; que el Uruguay anestesiado, se paralice.

Cuando algo mejora (que puede suceder) se siente en el aire, la repulsa; y sin decir palabra, los presentes que reciben la buena noticia, se desentienden del hecho plausible y hablan de otro tema. A nadie le gusta quedar en el lugar de un optimista.

Cuando algo empeora (que también sucede ¡y cuánto!) los ingeniosos del grupo compiten para extender la represalia: agregan alarma y levantan el infortunio como si fuera un trofeo.

Cuando las escuelas y los liceos van a reanudar las clases (un hecho alegre y vital) muchos profesionales de la enseñanza salen a la prensa para augurar un gran desastre debido a tales o cuales carencias reales o exageradas (lo cual constituye en si mismo, un balde de agua fría, independientemente de lo que suceda en las escuelas y en los liceos).

Es debido a estos sobrantes de encono, que se ha hecho difícil crear "el defensor del vecino". Sería más festejado crear "el ofensor del gobierno", tanto para el ámbito nacional, como para el ámbito municipal.

El pesimismo (que en el fondo es una aflojada) no es partidario de defender, piensa que todo es basura, que nada vale la pena, que la gente buena no existe, que no hay una "Historia" de las mejorías del mundo.

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(1) Maggi, Carlos, "El fin de la discusión", Prólogo, Ediciones de la Plaza, Montevideo, 2002

(2) Santiago, Carlos "Dos años, ¿es demasiado tiempo?"

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