En el enorme predio del Hipódromo de Maroñas no hay descanso: cientos de personas, grúas y máquinas retroexcavadoras, camiones repletos de vidrios y estructuras metálicas continúan con una obra cuya inversión ronda los 70 millones de dólares y que dará trabajo, directa o indirectamente, a más de 2.500 empleados. Por ahora todos trabajan en jornadas que se extienden hasta las siete de la tarde, ajenos a los reparos planteados por los directivos de Hípica Rioplatense, la empresa concesionaria de Maroñas. Esta denunció la intención del gobierno de conceder dos nuevas salas de slots a otra empresa y analiza la posibilidad de detener las obras.
Sin embargo, luego de seis meses de trabajo Maroñas ya renació definitivamente de las cenizas. Detrás de las paredes que esconden lo que hasta hace poco eran casi ruinas, ahora se levantan muros que parecen nuevos, techos de los que ya desaparecieron las manchas de humedad y los pastizales de más de un metro de alto que los cubrían, rejas nuevas y otras de época restauradas y una pista impecable en espera de los caballos.
El palco social está rodeado de un laberinto de andamios, pero ya aparecen zonas totalmente restauradas, que incluyen la recuperación de rejas y herrería de la época de oro de Maroñas. Los otros dos palcos están casi prontos y ayer una grúa se dedicaba a instalar los enormes paneles de vidrio que constituyen buena parte de la estructura.
El frente del edificio principal, antes cubierto por una espesa hiedra, ya comienza a mostrar su nueva cara, reflejo de su pasado señorial. La enredadera, que había generado polémica entre la empresa concesionaria y la Comisión de Patrimonio —esta última incluso llegó a prohibir su corte por considerarla parte esencial del edificio—, desapareció de las paredes. Como recuerdo quedan las cicatrices que dejó en el edificio y una montaña de hojas muertas resultado de la poda. Consultada sobre este punto, Hípica Rioplatense declinó explicar detalles sobre la obra. La empresa había contratado a un ingeniero agrónomo especialista en botánica y paisajismo.
rumores. Según explicó Adolfo García, propietario de la veterinaria Maroñas, los vecinos están muy atentos a una posible interrupción de actividades, tal como fue anunciado por directores de la empresa que tiene la concesión de Maroñas. García considera que "son todos rumores", pero igualmente se preocupa. Su juicio es claro: "las obras son espectaculares y todo se hace con gran profesionalidad. Sería una lástima que después de esperar tantos años, pero tantos años, esto se volviera a estancar".
La veterinaria Maroñas está instalada sobre la calle Guerra desde hace 42 años y vivió todas las etapas del gran circo de la hípica; desde el apogeo, pasando por la agonía de los últimos 10 años de funcionamiento y lo que muchos consideraron su muerte, cinco años atrás.
En la misma tónica está Mario Caroche, propietario del kiosco que está frente a una de las entradas de Maroñas. En marzo estuvo a punto de cerrar el negocio que tiene desde hace seis años, luego de varios intentos de robo y una sensación de inseguridad que lo obligaba a cerrar temprano.
La mueca de resignación que mostraba su rostro hace tan solo 10 meses, ahora dejó paso a una sonrisa de oreja a oreja. Mario sigue atendiendo a través de la reja, pero dice que es más por prevención que por temor real, ya que en todo este tiempo no han intentado asaltarlo. "Hay peligro como siempre, pero estamos mucho más tranquilos, no es lo de antes", dijo.
Durante todo el día el kiosco recibe a cientos de obreros y personas que trabajan en Maroñas. "Yo nunca había visto algo igual; trabajan con un nivel increíble y van tan rápido que uno no lo puede creer", opinó Mario. Bebidas frías para contrarrestar el calor intenso, muchos cigarrillos y más tómbolas y quinielas, son las principales ventas.
"Acá está todo el mundo contento porque esperábamos este cambio". El no sabe "nada de nada" sobre una posible interrupción de las obras. "Esto no se puede desaprovechar y estoy seguro de que cualquier cosa que pase, ellos lo van a solucionar".
Heber pide que cumplan lo prometido
El secretario general del Herrerismo, el senador Luis Alberto Heber, advirtió ayer que el gobierno "debe cumplir con la palabra empeñada" ante los inversores de la empresa Hípica Rioplatense, concesionaria del Hipódromo de Maroñas. En ese orden, subrayó que si se conceden slots a otros operadores sería una "pésima señal" hacia el exterior del país, frente a potenciales inversores que pueden estar interesados en Uruguay para realizar sus negocios.
En declaraciones a El País, Heber dijo que en el mismo sentido de lo expresado por el senador Francisco Gallinal "decimos que ésta es la única inversión que ha recibido Uruguay y no me parece lógico un cambio en las reglas de juego".
Agregó que si el hipódromo había sido una fuente de empleo para 50 mil personas "ahora va a ser más de lo que se generaba antes".
Heber reclamó "seriedad respecto de las inversiones" y "garantías de que lo acordado se cumpla".
"Se tiene que cumplir con la palabra empeñada", precisó el senador herrerista.
Consideró que en caso contrario "será una pésima señal para que vengan otros inversores. Hay que tratar bien a quienes vienen a Uruguay. Hay que respaldar lo comprometido y no corresponde abrir la competencia en materia de los slots", indicó.
El vicepresidente de Hípica Rioplatense, Juan José García Docio, dijo la semana pasada a El País que esa empresa maneja información acerca de que el gobierno otorgará dos salas con un total de 600 slots.
La concesión del Hipódromo de Maroñas a Hípica Rioplatense incluyó la instalación de salas de slots en puntos estratégicos del país, a fin de que su recaudación contribuya a sostener la actividad hípica.
De acuerdo a la concesión otorgada por el gobierno, Hípica Rioplatense instalará cinco salas de slots, y se las arrendará a la DGC, organismo que las administrará. De las utilidades que generen las salas, el 40% será destinado a la empresa concesionaria; de esa parte, el 12,5% deberá ser derivado al pago de premios de la actividad en el hipódromo. El restante 60% de las utilidades de las salas quedará en manos del Estado.