Sharon enfrenta fuertes retos en la formación de un gobierno estable de coalición entre partidos rivales, que no sólo reflejan la brecha entre la derecha y la izquierda sino la creciente división entre religiosos y seculares en la sociedad israelí.
Sharon manifestó su esperanza de atraer al Parido Laborista a su gobierno de coalición.
"La población está diciendo claramente que apoya al primer ministro y sus políticas (...) junto con el mensaje de que está cansada de elecciones cada dos años, y por eso necesitamos una coalición amplia", dijo el ministro de gabinete de Likud, Limor Livnat, al Canal Uno de la televisión israelí minutos antes de que finalizaran los sondeos.
Pero el Partido Laborista dijo antes de las elecciones que no se uniría a un gobierno encabezado por el Likud.
Si los laboristas no cambian su forma de pensar y el líder Shinui, Yosef "Tommy" Lapid, insiste en no unirse a un gobierno con partidos religiosos, Sharon podría verse obligado a formar una coalición con el ala derecha solamente, con los ultra ortodoxos y los ultra nacionalistas.
Tal alianza podría endurecer la política del gobierno israelí hacia los palestinos y poner a Sharon en una situación difícil con su principal aliado, Estados Unidos, sobre asuntos como los asentamientos judíos en tierras ocupadas en Cisjordania.
La votación se produjo bajo fuertes medidas de seguridad. Alrededor de 30.000 soldados y efectivos de la policía fueron desplegados en los centros electorales y áreas públicas en todo el país debido a advertencias de que militantes palestinos estaban planeando ataques el día de las elecciones. Reuters