Tenía 99 años y falleció mientras dormía. Desde fines de la década del 20 ilustraba grandes diarios neoyorquinos con sus dibujos, se llamaba Al Hirschfeld y con el tiempo llegó a ser el caricaturista más celebrado del mundo. Mucha gente no sólo norteamericana reconoció su gracia inigualable al retratar a seres famosos con una línea continua que viboreaba por el papel como un arabesco, del que —no se sabe cómo— brotaba un inconfundible parecido con el modelo.
Desde Greta Garbo hasta Roosevelt, desde Tallulah Bankhead hasta Clark Gable, desde Chaplin hasta Rita Hayworth, desde Ginger Rogers & Fred Astaire hasta los Beatles, desde Marilyn hasta Jason Robards, el trazo de Hirschfeld no perdonó a nadie. Había nacido en junio de 1903 en la ciudad de Saint Louis, estudió dibujo en París, debutó como ilustrador en el New York Herald Tribune, pasó luego al New York Times y seguiría durante décadas en la cumbre.
El Uruguay ha sido prolífico en pintores, pero también ha sido generoso en el arduo territorio de la caricatura, donde han brillado unos cuantos nombres desde Sábat y Centurión hasta Arotxa, desde Guerriero y Satut hasta Ombú. Precisamente Arotxa había conocido a Hirschfeld en uno de sus viajes a Nueva York, a una altura en que ese norteamericano ya era una gloria, y quedó sorprendido por la sencillez y la cordialidad del maestro. Ahora que se murió en el filo de los 100 años (que habría cumplido dentro de cinco meses) el nombre de Hirschfeld queda inseparablemente asociado a la farándula, porque fue el mundo de Hollywood y Broadway el que abasteció con sus mayores rostros la galería de creaciones del dibujante.