El Parlamento culminó el año generando dos señales muy fuertes, lamentablemente contradictorias. Una por demás positiva, a la que aludimos en nuestra última editorial, referida al nuevo banco, donde el apoyo multipartidario prendió una luz de esperanza muy nítida para el futuro de dicha institución.
Otra por cierto negativa, tanto por la forma en que se desarrolló el debate como por su dilucidación, referida a la interpelación sobre la grave problemática que afecta al sistema nacional de salud.
En este caso del cúmulo de errores cometidos por interpelantes e interpelados resultaron los elementos detonantes para que el episodio culminara sin las respuestas que la ciudadanía del país merece conocer en torno a un tema de primer nivel.
El gobierno cometió por lo menos tres errores, que tuvieron una influencia decisiva en el resultado de la interpelación; primero en fijar la víspera de Nochebuena para la sesión, segundo en enviar al Ministro a sala a leer una memoria por espacio de ocho horas, en una actitud si no soberbia, por lo menos despectiva para con el Parlamento, y para con la propia gente, sobre todo la que se atiende en las dependencias públicas que está verdaderamente preocupada por la deficitaria atención que recibe. Y tercero en enviar sus respuestas por escrito a un limitado número de legisladores como si los demás no tuvieran similar derecho a conocer las mismas.
El Frente Amplio ayudó y mucho, a que la interpelación fracasara. Fijó un temario de tal amplitud que abrió el camino para que los primeros esbozos de respuesta del Ministro tuvieran la laxitud y la falta de concreción que ellos mismos terminaron cuestionando. Y para colmo, cuando a instancias del Partido Nacional se logró hacer deponer al Ministro de su actitud de parsimoniosa e irritante lectura y se le convenció de dar respuesta inmediata a las interrogantes planteadas, se retiró de sala.
Conclusión: el país no sabe en qué forma piensa el Ministerio encarar las enormes dificultades por las que atraviesan sus servicios asistenciales, y la gente que en ellos se atiende continúa en la incertidumbre de no conocer qué clase de atención va a recibir para el caso que requiera de aquellos servicios.
Si a ello le sumamos los problemas que atraviesan buena parte de los servicios privados de salud, y la conflictividad que involucra a los profesionales y trabajadores del ramo, concluimos que el panorama es hoy más desolador que antes de convocarse la interpelación.
Al prescindir del Parlamento, el Ministro se apropió en forma exclusiva del problema. En todo caso si con alguien lo comparte ahora, es con el Poder Ejecutivo al que se lo trasladó con su inaceptable actitud de sentarse en el Senado a leer la memoria anual de su cartera, haciendo caso omiso del malestar que su intervención generó en el Parlamento, entre compañeros de su propio partido.
Le corresponde entonces al gobierno dar, en el más breve plazo posible, una respuesta al problema. Importa poco si el Ministro sigue o el Ministro se va; nosotros no le achacamos la paternidad de todas las dificultades aunque sí consideramos que selló su destino con su intervención en el Parlamento. Pero aún cuando decidieran sustituirlo, ello no significará solución alguna para quienes urgentemente necesitan del apoyo del Estado para resolver sus problemas sanitarios. Y el Estado no puede escatimar recursos cuando se trata de un problema de esta naturaleza.