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Salam: la vida de un pueblo africano sin tierra vista desde la cámara de una uruguaya

Dirigido por Agustina Willat, cuenta sobre los saharauis, un pueblo desterrado de su tierra, a través de su escuela de cine.

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Salam, documental dirigido por Agustina Willat

Al norte de África, entre Marruecos y Mauritania, hay una zona conocida como el Sahara Occidental. Fue colonia española hasta 1976, cuando España se retiró de la región, y, de forma inmediata, fue ocupada y disputada por Marruecos y Mauritania. Desde entonces está en manos marroquíes, aunque Naciones Unidas no reconoce su soberanía sobre el territorio. Ese mismo año, el Frente Polisario -Frente Popular de Liberación de Saguía el Hamra y Río de Oro- un movimiento que surgió en 1973 para pelear contra la invasión española, proclamó su independencia y fundó, allí, en ese trozo de tierra en el medio del desierto, la República Árabe Saharaui Democrática.

Hubo una guerra, 80 países que la reconocieron como nación, 50 que no tienen ningún tipo de vínculo con ese país, un alto al fuego firmado ante la ONU, una “Zona libre” -una pequeña porción de territorio sobre la que el Frente Polisario tiene control-, y la reanudación de un conflicto que nunca termina y que ya lleva casi 50 años. En todo ese tiempo, en medio de todas esos episodios, hubo -hay- una comunidad: el pueblo saharaui -que en árabe significa “que viene del desierto”- originario de Sahara Occidental. Por el conflicto, por la constante invasión de sus tierras, hoy los saharauis viven en campos de refugiados en la provincia de Tindouf, en Argelia, una de las zonas más áridas del desierto de Sahara.

Allí, en un lugar que no es suyo, lejos de la región en la que nacieron ellos o sus familias, aún más lejos del lugar del que fueron arrancados, allí donde faltan el agua y los recursos para vivir, un grupo de jóvenes creó una escuela de cine.

Desde allí, de esas comunidades, pero, sobre todo, de esa escuela, surgió Salam, un nuevo documental uruguayo que retrata, sin prejuicios ni pretensiones, como funciona la escuela en la comunidad, por qué el cine es una pieza importante para un pueblo al que le sacaron todo.

Dirigido por Agustina Willat, se estrenó en salas de Montevideo el pasado 2 de mayo. Se puede ver en Cinemateca, en la Sala B del Sodre y en algunas funciones especiales en la Sala Zitarrosa. También circulará por algunos lugares del interior.

Que viene del desierto

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Salam, documental sobre escuela de cine en campamento de refugiados en Argelia

Uruguay es uno de los países que reconoce a la República Árabe Saharaui Democrática como nación. Y, en ese marco, en 2016, el entonces director de la Escuela de Formación Audiovisual que funciona en los campamentos de refugiados en Argelia, Omar Ahmed, visitó la Escuela de Cine del Uruguay (ECU). En el encuentro, Omar dijo que cualquier alumno que estuviera interesado en colaborar con su escuela, era bienvenido.

“Enseguida de terminada la charla, Diego Soria (docente de la ECU y director de fotografía de Salam) y Cristhian Orta (alumno avanzado de la carrera y jefe de producción) se acercaron y se pusieron a disposición de Omar, con el objetivo de ir a los campamentos. Primero por un intercambio académico, luego pensando en hacer una película”, cuenta Agustina. “Y ahí es donde yo me involucré en el proyecto. Yo egresé de la ECU en 2010 y ese día de la charla no estuve presente, pero enseguida Diego me contó su idea y unos meses después me llamó para invitarme a sumarme. Enseguida sentí la motivación de involucrarme porque eso es lo que me gusta del cine documental, la oportunidad de amanecer en un lugar distinto, de involucrarte muy de cerca con las personas, de vivir vidas a las que sería imposible acceder de otra manera. Si bien no estuve en la idea inicial, me involucré en cuerpo y alma en su realización”.

Para llegar a los campamentos de refugiados primero hay que viajar a Argelia, después tomar un vuelo interno a Tindouf, y, después, hacer un tramo por tierra con escolta militar. El equipo de Salam estuvo allí dos veces, una en 2017, durante un mes, y otra, en 2019, por dos meses.

“El primer y segundo viaje fueron muy distintos. La primera vez viajamos cargados de cierto romanticismo, de un sentido justiciero de ponernos al servicio de ayudar, con la idea de una película pensada desde Uruguay. Pero la realidad se nos reveló mucho más compleja de lo que esperábamos. Nos interpeló, hizo caer todas las ideas previas con las que viajamos. Lo más importante que aprendimos fue que para que los saharauis se sintieran identificados con lo que nosotros estábamos haciendo, la voz debía ser la de ellos, la película no debía tratarse sobre el conflicto, sino sobre las personas y el encuentro entre personas que se apasionan por el cine”, dice Agustina.

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Agustina Willat, directora de Salam

De alguna manera, eso es Salam: una película que habla sobre el cine. Sobre qué impacto tiene el cine en un contexto tan diferente, tan lejano. Sobre el cine como un lugar en el que se guarda la historia de un pueblo al que le han sacado todo.

No hay matices: todo, en Salam, tiene los mismos colores, los mismos tonos de la arena de la tierra. Porque allí, donde viven los saharauis, tampoco hay matices: hay arena, tierra y la historia propia de un pueblo que no quiere olvidar de dónde viene.

“La escuela de cine ha ido ganándose su lugar. Hace diez años, la población general no entendía el sentido del cine, veían películas y no se sentían identificados. Poco a poco, con la existencia de la escuela, con las proyecciones que ellos realizan, donde las historias que muestran hablan sobre ellos mismos, se están dando cuenta del rol fundamental que tiene el cine. Por un lado, ayuda a preservar viva la memoria de un pueblo y una cultura, por otro cumple el rol que para este pueblo de origen nómada tenían la canción, el verso y el poema, que es llevar el mensaje. Y por último, es un arma de lucha pacífica”.

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