La película en la que Ricardo Darín interpreta a un cura que realiza trabajo social en un asentamiento de Buenos Aires, se estrenará el próximo viernes en Montevideo. Además está protagonizada por Martina Gusman y Jeremie Renier.
Filmada en el asentamiento de Buenos Aires conocido como Ciudad Oculta, Elefante blanco del director argentino Pablo Trapero despliega una compleja y cruda trama de fe, religión, marginalidad social, ilegalidad y violencia por la que se pone en el tapete el flagelo de la adicción al paco en los menores y hasta la discusión en torno al celibato de los sacerdotes.
Sobre el por qué de repetir la fórmula Ricardo Darín - Martina Gusman y si considera a la actriz como su fetiche, Trapero señala: "Cuando hacía mis primeras películas me sentía en la obligación de cambiar y después me empecé a preguntar: `¿Por qué no?` Viendo películas de directores que me gustan encontré cinco o diez películas con los mismos actores y me dije: `Voy a probar`".
En cuanto al trabajo con Darín (que interpreta al sacerdote Julián, un cura que realiza labor social en un asentamiento), el director argentino contó que la interacción varió en los dos filmes: "En Carancho investigamos, pero aquí tuvimos el desafío de convertirlo en un cura. Es una imagen que a todos nos generaba duda y fue una de las cosas que más energía nos llevó: cómo hacer fuerte, poderoso y creíble a Darín en la imagen del padre Julián".
La película se complementa con las actuaciones del belga Jeremie Renier que interpreta al padre Nicolás, un "cura gringo" que tras una intensa experiencia en comunidades de Perú llega a Buenos Aires para convertirse en un "cura villero"; y de Martina Gusman como una asistente social especializada en adicciones de adolescentes. "Como actriz me involucro muchísimo con el personaje, de alguna forma me permite vivir muchas vidas, en Leonera estuve un año entrevistándome con mujeres en cárceles, en Carancho estuve meses haciendo guardias médicas y en Elefante blanco recorrí muchos barrios entrevistándome con asistentes sociales y generando vínculos con la gente. Siento que estos personajes me dan la posibilidad de enriquecerme y de crecer como persona también independientemente de que como actriz me gusta poder relatar esas realidades que también es una verdad".
Su relación con Trapero va más allá del set y se conforma en una sociedad que desde 2002 vincula trabajo con amor: "La verdad es que no sé cómo es no trabajar con mi marido porque nos conocimos trabajando y para mí es un placer porque es un director que yo admiro muchísimo, con una capacidad increíble, que toca temas de reflexión social muy interesantes y que las filma y las abarca logrando una empatía potente con los espectadores. La contra de eso es que se mezcla todo lo personal con lo laboral, eso es así y quien te diga que no miente. Pero dentro de la balanza es alucinante trabajar con él", comenta la actriz.
TRANSFORMACIÓN. El rodaje modificó la cotidianeidad de Ciudad Oculta, a las cámaras, luces y actores famosos se sumó que la producción contrató como extras a los propios vecinos. "Muchas mamás venían y nos decían que los chicos trabajan desde que está la película o que por lo menos se acercaban por curiosidad y no están fumando nada. Fue algo muy sencillo, muy claro y directo, es la falta de oportunidades, de laburo, de sueños, de deseos, que hace que eso suceda. Como también en otras clases sociales, la pasta base se traduce en un valium o en ansiolíticos como esta necesidad de adormecer un poco tus sentidos para sobrevivir a una realidad a la que no te podés enfrentar", dice el director sobre lo que fue su "experiencia como persona que se encuentra cerca de esa realidad, no como especialista".
"Siento que es un flagelo mucho más complejo que el chico que se fuma una de estas porquerías y que de alguna manera nos convierte a todos un poquito en responsables. Porque a las villas se las mira con mucha hipocresía, de ellas sale la gente que viene a limpiar las casas, construye los edificios, y se consigue la mano de obra más barata dentro de la ciudad. O sea, no es que la villa es el lugar donde salen los criminales. La realidad de la villa es muy compleja porque, al contrario de la mirada burguesa, para muchísima gente, la villa significa progreso, porque es estar cerca de una escuela, de un hospital, de un lugar donde hay trabajo. Lo que no quiere decir que en la villa no haya criminales", agregó Trapero.
Para Gusman el hecho de que un actor tan reconocido como Darín fuera la cara del proyecto facilitó la comunicación entre los vecinos de Ciudad Oculta y quienes realizaban el rodaje que demandó tres meses. "Creo que fue sabia la decisión de que la gente formara parte de la historia, porque les hizo sentir el hecho de que formaban parte de algo y entonces los caminos se abrieron mágicamente y se produjo una fusión por la que no sólo ellos nos conocían a nosotros sino que nosotros los conocíamos a ellos, sabíamos cómo se llamaban y eso generó un clima de trabajo muy positivo", opinó un modesto Darín. "Estaban muy agradecidos de que fuéramos a filmar ahí y de que se les diera un espacio para poder expresarse, aunque fuera en la ficción", añadió Trapero. Por su parte, Gusman añadió: "Me parece que la película no juzga y lo que hace es mostrar una realidad desde ese adentro para provocar en el espectador, en todo caso, la reflexión que le quiera dar a la situación".
Durante la presentación del film, todos coincidieron que de toda la realización del filme se quedaban con el cariño y atención que habían recibido de los vecinos de Ciudad Oculta. "Yo me quedo con unas tortas fritas riquísimas que nos traía todos los días una vecina y con una imagen muy fuerte de cuando estábamos filmando una escena de corrida a los tiros en la villa, era de noche y una de las primeras noches que filmábamos ahí y se habían formado como especie de balcones, como gradas, en todos los techos que nos circundaban con la gente de ahí sentada y mirando la situación en vivo. Cada vez que se pedía silencio no se escuchaba un solo ruido y cuando terminábamos la toma había un aplauso masivo, era increíble, como si fuese una especie de espectáculo. Fue muy emocionante porque se sentían parte, que los representaba y no sentían que la película se hacía desde una mirada de afuera sino desde una mirada de poder estar ahí con ellos", contó Gusmán y Darín acotó que antes de que terminara el rodaje actores y vecinos procesaron "una especie de duelo en la que nos sacábamos fotos, nos dejábamos teléfonos y cartitas".
De hecho, los propios integrantes de Ciudad Oculta enviaron una carta en la que expusieron su agradecimiento a todo el equipo del film: "Nos dieron la oportunidad de conocer cómo se filma una película, de trabajar como extras, de haber tenido la contención de muchos jóvenes durante todo el día, de habernos tratado como personas, con mucho respeto sin hacer ninguna discriminación por vivir en una villa. (…) Gracias por habernos cambiado la vida por un corto tiempo, cosa que muchos políticos no pueden hacer nada. Los vamos a extrañar pero nunca olvidar".
Cercano de Adrián Caetano
Pablo Trapero contó a El País que tiene vínculos con la nueva camada de cineastas uruguayos. "Hemos compartido viajes, tenemos amigos comunes. La verdad es que hay tantos vínculos entre nuestras ciudades y países que con los años se van intensificando", señaló y agregó que por ejemplo con el cineasta uruguayo residente en Argentina, Adrián Caetano, tienen mucho en común: "Nos conocemos hace muchos años y me gustan sus películas, incluso se podría pensar que tenemos un estilo similar, y nos pasa a menudo y nos hacemos chistes, porque la gente se confunde nuestras películas. Me dicen: "¡Ah Trapero!… El de Un oso rojo o a él: "Caetano… el de El bonaerense; y se mezcla todo. Pero creo que ese malentendido o confusión nos acerca. La verdad que considero que somos amigos a pesar de que la vida nos lleva a cada uno por su lado y cada vez que nos vemos nos sentimos muy cercanos".