GUILLERMO ZAPIOLA
Uno de los cables que dio cuenta de su muerte afirma que fue "el actor que más películas ha hecho", y proporciona la cifra de 234 hasta 1987. En todo caso, esa cifra debe incluir también los trabajos de Glenn Ford en series de televisión: el número que registra el Internet Movie Database es de "apenas" ciento nueve títulos.
Ford murió el pasado miércoles en su casa de Beverly Hills, Los Angeles, a los noventa años de edad. Desde hace varios años su salud se hallaba seriamente afectada por sucesivos ataques cerebrales que finalmente lo llevaron a la muerte.
Por supuesto, para toda una generación de cinéfilos la imagen del actor está unida a la de la sonora bofetada que le propinara a Rita Hayworth en Gilda (1946) de Charles Vidor, en una escena de asunción de la masculinidad con obvias connotaciones freudianas.
TRAYECTORIA. Antes de ese film que lo catapultó a la fama, Ford había actuado en unas dieciséis películas, y había hecho también otras cosas, entre ellas participar en una guerra. Había nacido en Quebec, Canadá, con el nombre de Gwyllin Samuel Newton Ford, el 1º de mayo de 1916, pero su familia se trasladó a Santa Mónica, California, cuando el futuro actor tenía apenas ocho años. En 1939 fue contratado por la empresa Columbia y apareció en algunas películas, pero tras la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial fue convocado por el Cuerpo de Marines y trabajó en la construcción de refugios en el frente francés para los fugitivos de los nazis. En 1943 se casó con la actriz y bailarina Eleanor Powell (fue el primero de sus cuatro matrimonios), y en 1946 hizo Gilda y se convirtió en una estrella instantánea.
Era uno de esos actores versátiles, naturales y con carisma, que funcionaba igualmente en la comedia y el drama, no se hacía notar demasiado y rara vez fallaba. Su mejor época fueron los años cincuenta y sesenta, que abarcaron desde el policial (Los sobornados, 1953, de Fritz Lang) hasta el drama social (Semilla de maldad, 1955, de Richard Brooks), mucha comedia y mucho western, con frecuencia de calidad (El tren de las 3.10 a Yuma, 1957). Su nombre se vinculó entonces al del director Vincente Minnelli, con quien hizo varias cosas, incluyendo una subestimada obra maestra llamada Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1962). También fue Jonathan Kent en Superman (1978).
Aquella bofetada que hizo historia, o el día en que Edipo llegó al cine negro
Casi todas las necrológicas que se le dediquen a Glenn Ford van a hacer referencia a la bofetada que el actor le propinaba a Rita Hayworth en Gilda, y este diario no tiene por qué ser una excepción. Puede ser más interesante reflexionar empero qué significado tenía ese estallido de machismo golpeador.
El film de Charles Vidor se ocupa, aparentemente, de un delincuente internacional de alto vuelo (George Macready) que se convierte en mentor y figura paterna de un malandrín de segunda (Ford). La primera imagen muestra a Ford en el suelo, en medio de un juego de dados, hundido en la humillación. De ahí lo saca el elegante Macready, quien incidentalmente lo ayuda a ponerse de pie.
El conflicto real estalla cuando el veterano Macready se casa con la seductora Rita, y Ford comienza a sentirse atraído por ella. El fantasma de Edipo sobrevuela por supuesto esa relación, y la desaparición de Macready por razones que se averiguan recién al final solo sirve para acentuarla. A la larga se trata de una vieja historia: desear a la madre, matar al padre. Freud ha escrito algo al respecto, y Freud estaba de moda en el Hollywood de mediados de los años cuarenta (son también los tiempos de Cuéntame tu vida de Hitchcock, con Ingrid Bergman psicoanalizando de apuro a Gregory Peck).
En ese cuadro se inscribe la bofetada: ante una intensa provocación erótica (¡sacarse un guante!), una asunción de la masculinidad. Habría que ver qué dicen hoy las feministas.
Pantallazos de una carrera
RITA, Gilda fue la más famosa colaboración de Ford con Rita Hayworth. Volvieron a reunirse en el melodrama Los amores de Carmen (1948) y las intrigas de Affaire en Trinidad (1952) y La trampa del oro (1965).
WESTERNS. Ford utilizaba por cábala el mismo sombrero en todos los westerns que interpretó en los años cincuenta y después. Al parecer tenía razón, y le traía suerte, porque estuvo en algunos de los mejores: Jubal (1956) El tren de las 3.10 a Yuma (1957), Cowboy (1958), varios más.
COMEDIA. Si hay dudas sobre su talento como comediante, rever La casa de té de la luna de agosto (1956) y comparar la labor de Ford con la patética "macchietta" que proporciona Marlon Brando.