ENTREVISTA

Laura Santullo habla de "El otro Tom", que es novela, película y una invitación a pensar

La escritora uruguaya radicada en México acaba de editar "El otro Tom", libro que además es un film con Rodrigo Plá que se estrena este jueves en cines

Laura Santullo. Foto: Marcelo Bonjour
Laura Santullo. Foto: Marcelo Bonjour

Laura Santullo habla sobre cómo su propia maternidad se vio atravesada por el proceso de El otro Tom, que es una novela que acaba de editarse en Uruguay, a través de HUM, pero también una película que firma con su pareja Rodrigo Plá y que llega mañana a cines uruguayos. En ese momento, uno de sus hijos abre la puerta para buscar algo a sus espaldas y entonces Santullo, ante la cámara con la que se conecta a Zoom, sonríe y casi como una disculpa comenta: “Hijos”.

Esos hijos, más bien sus entornos, son el disparador de la última creación de la pareja de uruguayos, una escritora y un director instalados en México hace más de 25 años. Juntos han conseguido una internacionalización reflejada en tres premios Ariel, una nominación a los Goya de España y una cantidad de libros y películas hechos en un prolífico mano a mano.

El otro Tom cuenta el drama de Lena, una madre joven, sola y vulnerable con un hijo (Tomás, Tom) con trastorno de déficit de atención (TDAH). El pequeño fue diagnosticado tras los reclamos de su escuela, y sometido a un tratamiento de medicación que despertará varios cuestionamientos.

“Nos llamó la atención que eso se tomara con mucha naturalidad, el tener a los niños en permanente estado farmacológico”, cuenta Santullo, que vino a Uruguay para lanzar este proyecto y también para ser jurado en el Festival de Cinemateca, a El País. Con Plá y tras observar a los amigos y compañeros de sus hijos, se sorprendieron de cómo “un montón de actitudes se transformaban fácilmente en la idea de trastorno”, y ahondaron en eso.

A diferencia de otros proyectos, como Un monstruo de mil cabezas que primero fue novela y después celebrada película, El otro Tom se desarrolló en textos simultáneos: el narrativo y el del guion, que impactó en cierta forma en el primero, tanto como la obra impactó en sus creadores.

“A mí como madre me hizo pensar y repensar muchas veces sobre lo que es la salud mental”, dice Santullo. “Y hasta hoy que el libro está terminado, yo sigo dándole vueltas al tema. Por eso la película o el libro, más que decir: ‘Esto está bien’ o ‘Esto está mal’, es un: ‘Sigamos pensando’”.

—¿Vos escribís para hacer pensar? ¿Esa es la motivación?

—Escribo para pensar yo. A mí escribir me permite ordenarme. Naturalmente, en lo personal sí escribo con la idea de otro. Un otro que no sé quién es y con el que yo aspiro a conversar, a tender alguna clase de conversación. Me interesa contar una historia que conmueva, que haga pensar como segunda cosa, como trasfondo. Pero en principio ordeno mis textos, la manera en que construyo las historias que voy generando, con la primera intención de contarte algo y emocionarte con eso. Y que te quedes conmigo pensando y sintiendo cosas en conjunto.

—¿Es la intención que mueve a tu yo escritora desde el principio, o ha ido cambiando?

—Creo que en general siempre he asumido la escritura como una forma de contacto. En el momento en que lo traslado, lo ordeno para ser dicho, escuchado, hay una voluntad de poner mis ideas en contacto con los demás, y ver qué les pasa y qué devuelven. Es más bien el modo en que ordenamos, incluso cuando hacemos cine con Rodrigo; cómo contar esa escena para que no sea obvia y aleccionadora. Hacemos siempre un esfuerzo profundamente consciente de no aleccionar. Y cuando sentimos que hemos cruzado alguna clase de frontera y estamos llevando a la gente de la nariz, ponemos pies en polvorosa, huimos y tratamos de cambiar eso. Para nosotros es una suerte de falta de respeto al otro aleccionarlo. Yo siento que uno quiere provocar ideas en el otro; que la película o el libro sean más bien un trampolín y no algo cerrado.

"Para nosotros es una suerte de falta de respeto al otro aleccionarlo. Yo siento que uno quiere provocar ideas"

Laura Santullo

—En tu biografía de Twitter la única palabra que te define es: “Escritora”. Tendemos a pensar al escritor como algo asociado al mundo de la narrativa y no tanto al de los guiones, donde has desarrollado buena parte de tu carrera. ¿Qué te atrapa de ese formato, qué te brinda?

—Es curioso. Prácticamente toda mi vida escritora es con las dos patas; siempre han estado los dos impulsos. Mi primer libro se llama El otro lado y ahí ya está el cuento “La zona”, que adaptamos para nuestra primera película. Por un lado tengo claro, a la hora de trabajar, que son dos objetos muy distintos, y que de la narrativa al guion hay una suerte de traducción. Yo siento que el guion vive mucho más en el mundo de la imagen que en el de la palabra. Lo curioso es que como siempre estuve escribiendo cine, lo que hago en narrativa está atravesado por esa forma de escribir donde la imagen y la trama llevan la voz cantante. Incluso cuando me pongo reflexiva no lo soy tanto (se ríe), porque mi cabeza ya funciona con este método cinematográfico. Entonces si bien me cruzo a la vereda de enfrente para escribir otra cosa, sigo mirando la vereda de la que vengo. No termino de separarme, y tampoco le encuentro un problema a eso. Así escribo, ¡qué le voy a hacer! (Se ríe)

—La película, a diferencia de la novela, aborda de manera directa el tema de la migración. Ustedes que son uruguayos instalados hace tanto tiempo en México, ¿todavía se sienten “afuera”?

—Yo tengo una clara identidad de dos países, que la cultivo y me importa sostenerla en el tiempo. Por eso también es esto de traer la novela y la película y estrenarla acá, aunque sea una película más mexicana. Siempre es relevante traer lo que estamos haciendo a Uruguay, entre otras cosas porque tenemos acá buena parte de nuestros afectos, de nuestra vida real. La película transcurre en la frontera, entre otros motivos porque agregaba una capa de sentido extra a la película, vinculada a la dificultad de etiquetar a las personas. La identidad siempre está atravesada por múltiples asuntos, y al ubicarla en la frontera, esa capa de sentido quedaba a la luz sin necesidad de hacer un subrayado. Eso ocurre con los que somos migrantes y quedamos partidos o ampliados, según la manera de verlo. Colocarla ahí tuvo que ver con nuestra propia frontera interior, con ser personas de dos patrias.

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