La sangrienta vendetta de la novia

| Es la primera película en seis años de uno de los directores más populares de la década pasada

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FABIAN MURO

Matar a Bill. Así de simple es la idea sobre la que se construye la cuarta película de Quentin Tarantino y que es, en realidad, la primera parte de dos. De ahí el título Kill Bill Vol. 1 con el cual llegará el próximo viernes.

Bill es líder de una organización de asesinos profesionales y la que lo quiere matar es "La novia", ex-integrante de ese escuadrón. "La novia", personaje interpretado por Uma Thurman, busca revancha por lo que Bill y sus secuaces le hicieron el día en que ella se iba a casar. Sus ex-colegas irrumpieron en la boda, mataron al novio, a los invitados, al cura y hasta al organista para luego darle una feroz paliza a la novia, que estaba embarazada y rematar todo con un balazo a la cabeza de ésta.

Sin embargo, el personaje de Thurman logra milagrosamente sobrevivir, aunque queda en estado de coma. Cuatro años después despierta muy enojada y con un único propósito: venganza. Casi lo primero que hace es confeccionar una lista de cinco nombres —un "Top Five" asesino— en la que el primer lugar lo ocupa, por supuesto, Bill. Pero antes de llegar a él, "La novia" regará su camino de sangre, tripas, miembros y cabezas decapitadas en una orgía sanguinaria de proporciones épicas.

COMEBACK. Esta historia de sangrienta venganza marca el regreso, luego de seis años sin filmar, de uno de los cineastas más populares de la década pasada, un director de cine adorado por miles y miles de fanáticos. Y eso que Tarantino durante los ’90 solo dirigió tres películas: Perros de la calle, Tiempos violentos y Triple Tración. Con ese magro, en términos cuantitativos, cuerpo de películas Tarantino causó una conmoción pocas veces vista. Para muchos, era el gran revolucionario del cine, un director que cambiaba a piacere la estructura narrativa de sus películas, con un ímpetu creativo y egocéntrico que tenía muy poco respeto por las convenciones, algo así como el "J.R." de Hollywood.

El huracán Tarantino arrasaba sobre todo a mediados de los ’90, cuando Tiempos violentos ganó la Palma de Oro en Cannes, otorgada por un jurado presidido por Clint Eastwood, y el Oscar a mejor guión. Los que no se entusiasmaban ante los gangsters locuaces y chistosos que poblaban sus películas señalaban con cierto desdén que el director solo hizo tres films en diez años. Se sabe que el ritmo de trabajo no es indicador estético. También decían que el director no aportaba nada nuevo y que la pólvora ya había sido inventada. "Lo de Tarantino es un reciclaje de los ingredientes del basurero cultural", era más o menos el juicio. Si uno de los rasgos de la postmodernidad es justamente el reciclaje de arquetipos de la cultura, tanto "culta" como popular, Tarantino confirmaría ser el cineasta postmoderno por excelencia.

El propio Tarantino se define como cineasta en términos mucho menos grandilocuentes: "No hay un rasgo definitivo que haga que mis películas sean mías. Creo que son muchas cosas, a veces contradictorias. Hay una pasión por el cine, eso sí. Y también una pasión para que el público sienta esa pasión por las películas a través de mí".

Sobre su demorado regreso a las pantallas, Tarantino dice: "En estos seis años estuve escribiendo. Cuando todo el mundo habla del bloqueo creativo, yo no podía parar de escribir. Pero lo que pasa también es que por más que me interese el cine, la vida no pasa solo por ahí. A mí me gusta salir, conocer gente, viajar, divertirme y tener las experiencias necesarias para alimentar lo que escribo. Si hiciera una película por año, o cada dos años, eso sería imposible".

Tanto escribió que su nuevo proyecto tuvo que ser dividido en dos partes, volumen 1 y 2. "Cuando Harvey Weinstein (capo de Miramax) me dijo de dividir a Kill Bill en dos partes, me sorprendió un poco, pero todo bien. Lo hizo Richard Lester en los 70 con Los tres mosqueteros, así que...". El director define a su nueva obra como "una película de película", o sea un film que se nutre casi exclusivamente del cine, en el cual se puede encontrar una cita o referencia en cada una de las secuencias. Al respecto hay una entrevista muy jugosa que un periodista japonés le hizo a Tarantino y en la cual periodista y entrevistado repasan buena parte de las películas en las que el director se inspiró a la hora de confeccionar Kill Bill (se puede leer en Internet, en la url https://japattack.com/japattack/ film/tarantino.html). En esa larga lista hay películas de terror, spaguetti westerns y, sobre todo, de kung fu y samurais, como Shogun assasin, promocionada con la frase "Conozcan al mejor equipo en la historia de las masacres". Todo un indicador de lo que tiene Kill Bill vol 1. O como lo dice el propio director: "Con esta película, lo que pretendo es arrancarte la cabeza".

La conexión musical

"La música y el cine van de la mano", dice Tarantino y se explaya: "En mi casa tengo una habitación repleta de discos y una canción puede inspirar toda una escena. Perros de la calle no hubiese sido hecha si no conseguía los derechos de Stuck in the middle with you de Stealers Wheel".

La pericia con la que Tarantino escoge las canciones que acompañarán determinadas partes de sus films es tal que, al igual que ocurre con los actores, el director "resucita" a solistas y grupos a menudo injustamente olvidados. Así como Travolta volvió a ser "cool" luego de Tiempos violentos, grupos como Urge Overkill o cantantes como la ya fallecida Dusty Springfield volvieron a sonar en radios y fiestas en muchos países luego de que el realizador la incluyera sus canciones en su segundo film (hay hasta un disco especialmente editado con las canciones que Tarantino eligió para sus películas: The Tarantino Connection)

Para Kill Bill vol 1, el cineasta confeccionó un álbum en el que conviven Nancy Sinatra, Isaac Hayes (autor de la banda sonora del clásico "blaxplotation" Shaft), el grupo femenino japonés 5.6.7.8’s, el colaborador de Hitchcock Bernard Herrman y el líder de Wu Tang Clan RZA, entre otros. Este último hizo la música incidental de El camino del samurai, de Jim Jarmusch.

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