HUGO GARCÍA ROBLES
En la historia de la música, como tantas veces sucede en el dominio del arte, la fortuna y la vida económicamente resuelta son escasas. En general el genio se ha visto en malas relaciones con el dinero, aunque por supuesto existen excepciones. Pero la miseria no solamente persiguió a Mozart, Beethoven y acosó a Schubert. Modigliani murió como consecuencia de sus escasos recursos, famélico y azotado por la tuberculosis, herencia lógica que se llevó su vida apenas pasada la treintena.
No siempre ha sido así. En el siglo XIX Rossini hizo fortuna que le permitió retirarse y gozar de sus inclinaciones gastronómicas, en las que demostró con sus recetas de trufas y canelones que era bueno también creando entre ollas y fogones. Esta facilidad del éxito económico asocia a la ópera, fue la causa de los intentos de Schubert que poco dotado para esa forma la intentó como una vía segura de resolver sus necesidades materiales.
Un artículo reciente, publicado en el diario New York Times del día 17 del mes en curso, revela que a su muerte Giacomo Puccini dejó una fortuna que a los valores actuales totalizaba los doscientos cincuenta millones de dólares.
Las razones de esa enorme suma de dinero acumulada en una vida, responde a los éxitos de sus óperas que no han decrecido sino aumentado después de la muerte del maestro. En el Metropolitan Opera House, encabeza la lista de obras más representadas La bohème con mil doscientas funciones a la fecha actual. Entre las seis obras más frecuentemente montadas en la misma sala, figuran Tosca y Madame Butterfly, ambas de Puccini, conjuntamente con Carmen, Aída y La traviata del gran maestro Giuseppe Verdi.
Anthony Tommasini, que firma el artículo de referencia, agrega que es curioso que este año, en el cual se cumplen los ciento cincuenta del nacimiento de Puccini, poco se haya dicho de ese aniversario. Razonablemente especula que ya se escuchan tanto sus óperas que quizá esa es la causa de no haber previsto, por lo menos en Estados Unidos, alguna función asociada a esa fecha.
En los tribunales italianos tuvo éxito la reclamación formulada por Simonetta Giurumello, hija de una relación entre su madre y Antonio, hijo del compositor, que falleció en 1946, sin dejar descendientes legales. Hoy la nieta de Puccini intenta una fundación para cuidar la villa del compositor en la paradisíaco Torre del Lago, villa que hoy es museo y archivo.
Allí, junto con las botas y escopetas de su pasión por la caza, se puede admirar el biombo que le obsequiara el Emperador del Japón por Madame Butterfly.