Humor picante, con gran respeto

| Guarnerio afirma que para ser humorista hay que ser un poco sicólogo, para conocer al público

CARLOS REYES

Las trasnoches de humor picante fueron un clásico que muchos recordarán con un dejo de melancolía. A partir de hoy y por dos funciones, los nostálgicos podrán disfrutar de un plato típicamente nacional. Es El bar de la risa, que reúne en el Teatro El Tinglado a dos grandes cómicos populares, Héctor Perry y Luis Guarnerio, quienes no trabajaban juntos desde Desafío de humor, que hicieron en el Cine Miami hacia 1984.

Fiel al espíritu revisteril, el show se arma a partir de un argumento simple que sirve de soporte para contar una sarta de chistes, en general subidos de tono. Los dos cómicos se encuentran en un boliche, donde hay una pareja (Adriana Barreto y Ruben Ariel Gómez, a cargo de las contraescenas) y el barman (Francisco Bentivoglio, también productor de la obra) que echan leña al fuego.

Esa situación se presta para entretejer una historia con dos largos monólogos —uno de cada cómico— y un peloteo final, donde se intercalan chistes para rematar toda esta humorada. En ese recorrido hay de todo: Perry cuenta su vida, Guarnerio imita a Kesman y otras figuras, además de los consabidos chistes de borrachos, de gallegos o de matrimonios.

"Esto es para gente mayor —dijo a El País Guarnerio—, y aunque no es apto para mayores de 18 años, yo no cuento chistes verdes sino de doble intención, que es donde me siento más cómodo. Creo que cada uno tiene su estilo: Perry es más picante, y yo prefiero dejar entrever las cosas, pero cada uno es efectivo y por eso yo le tengo mucha fe al espectáculo."

Luis Guarnerio afirma que su vocación la lleva en la sangre. "Mi padre hacía comedias en el circo, y la gente siempre me dijo que yo en ese aspecto salí a él. O sea que mi gusto por el humor nació en forma genética: es un humor que no tuvo universidad. En la escuela siempre imitaba a los profesores, particularmente las voces, y eso lo fui puliendo hasta que en 1957 entré a un programa de Carve. Era en el Palacio Díaz, con Augusto Bonardo, y ahí hacía imitaciones de Solé y otros relatores deportivos."

Luego del nacimiento de la televisión Guarnerio se sumó al Canal 10 con Viejo café del Centro, que escribía Ramiro Lacoste. Pero su mayor permanencia en televisión fue sin duda con El show del mediodía, en el que trabajó durante dos décadas. La animación de fiestas, a veces cubriendo el intervalo de 20 minutos que dejaba la orquesta de Frade, le dio gran experiencia en la materia.

"Hay que ser un poco sicólogo para esto del humor, porque no todos los públicos son iguales. Hay un público que es más de cuello duro, con el que hay que ser más sutil, y otro más directo, con el que hay que ser más claro."

Con el paso de los años el humorista ha visto cambiar mucho el ambiente artístico. "Al mirar televisión uno comprueba que el humor antes era más sano, se respetaba más el horario de menores y no se decían palabras o expresiones fuera de lugar. El humorista debe tener arte, y no faltar el respeto a la gente, porque es fundamental hacer reír sin ser agresivo, sin herir".

Guarnerio, que en este momento está barajando trabajar en Canal 12 (aunque eso todavía no está confirmado), tiene 72 años y con toda esa experiencia a cuesta no se descansa en los laureles: "Ahora, para este espectáculo, volví a estudiar, a repasar los chistes. En general yo estoy muy satisfecho por las oportunidades que he tenido en mi carrera, que con altibajos, me ha dado mucho. A veces en Uruguay se le da más manija a los humoristas argentinos, que algunos lo tienen merecido y otros no. Y a veces no se nos da importancia a los uruguayos, que se ve como más provinciano".

El bar de la risa, que va mañana y el sábado a las 0 hs., forma parte de un ciclo que Bentivoglio llevará adelante en El Tinglado, donde desfilarán mensualmente otras duplas del humor. Localidades: $ 120.

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