REBAR
El título puede engañarlos, amigos: probablemente, al leerlo, ustedes hayan pensado que la nota de hoy estaría dedicada al famosa Festival Cinematográfico que se realiza anualmente en la capital germana. Pues, no... El protagonista es el Oso polar de Berlín -popularmente conocido por Knut- gran galán del Zoo, adorado por los niños y soñado por muchas osas... que no están de acuerdo con el viejo refrán de "el hombre y el oso, cuanto más feo más hermoso": ellas -las osas- tienen el propio: "El hombre es feo, asqueroso: Knut es lindo, precioso".
El gigantón se pasea por su hábitat con una especie de indolencia, que lo hace más interesante: luce níveo, impecable, como si viniera siempre de revolcarse en el polo. Es un oso particular, muy particular: no mira televisión, ignora quiénes son Tinelli y Susana; no se mete en política (lo bien que hace), no es afecto a la lectura; a menudo, cae en pose de pensador, como si estuviera reflexionando acerca de su futuro amoroso, memorizando la letra de "Viejo smoking", al campanear el cotorro que ha quedado despoblado... sin osa que lo anime a ritmo de cumbia villera.
Por todo eso, cuando hace unos días se le anunció que le llegaría una compañera, Knut no pudo saltar de alegría por su excesivo tonelaje, pero sí se expresó con su lenguaje exclusivo que sólo el director del Zoo interpreta.
Mayor aún fue su regocijo, cuando se enteró de que la osa venía desde Munich, pero se llama Giovanna... nombre italiano que se acopla al de Carla (la Bruni, primera dama francesa) y otros de la misma procedencia peninsular, que se han puesto de moda y puntean en los bautismos de las bebas de hoy.
Pero, a Knut se le borró el contento, cuando el capo del zoológico se acercó para decirle, gruesas rejas de por medio:
-Knut, amigo mío. Hablemos de hombre a bestia. Ya sabes lo de Giovanna. Tendrán que mantener sólo una relación amistosa. Ella no viene para aparearse contigo, ¿entiendes?
Knut entendía todito, pero se hacía el oso. Luego de un suspiro hondo, seguido de unas lágrimas, comenzó a hacer gestos, ante la atenta mirada del director, para quien -repito- ese idioma gestual es harto conocido y fácilmente interpretable. Había, en el oso, una actitud conmovedora. Hay pocas cosas tan tristes como ver llorar a un oso: sólo equiparable a ver a otro oso hundido en llanto.
El hombre comentaba poco después entre sus funcionarios:
-¡Pobre Knut!... Oso moderno como es, utilizando el cambio de verbos que rige actualmente para describir determinadas situaciones, quiso decirme con sus gestos: "¡Qué lástima!... Me habría gustado tanto salir con Giovanna".