En el año 2089, en una cueva de las montañas de Escocia, Elizabeth Shaw, una arqueóloga con inquietudes espirituales descubre evidencia de que la raza humana no está sola en el universo.
Su antorcha ilumina una pintura con 35.000 años de antigüedad en la que un grupo de gente reverencia a un gigante que señala a un pequeño grupo de estrellas. "Creo que quieren que vayamos allí y los encontremos", dice ella. Siéntanse libres para gritar. Las palabras "no estamos solos" pueden ser tanto un camino hacia la salvación o hacia el terror.
Sobre ese filo de navaja coloca el director Ridley Scott su película Prometheus, el largamente esperado regreso al universo hostil e inmisericorde que creara en 1979 en su previa Alien.
Prometheus es la primera película de ciencia ficción dirigida por Scott desde Blade Runner (1982), y la primera que ha hecho en 3D. Sobre un libreto de Jon Spaihts y Damon Lindelof, sigue las aventuras de la arqueóloga Shaw, interpretada por Noomi Rapace, notoria como la chica del dragón tatuado en la trilogía sueca Millenium. En una nave estelar proféticamente llamada Prometheus, esa heroína usa un antiguo mapa estelar que la conduce a una oscura luna en un no menos oscuro planeta donde confía en encontrar a su creador.
La acompañan en su viaje cósmico, entre otros, Charlize Theron como una gélida ejecutiva de una corporación, Meredith Vickers, que tiene sus razones misteriosas; Michael Fassbender como David, un androide con igualmente ambiguos talentos y agenda; y Logan Marshall-Green como Hollo-way, colega de Shaw y su interés romántico. Guy Pearce también aparece como Peter Weyland, líder de un conglomerado interplanetario que posee la nave y buena parte del resto de la galaxia.
Qué ocurre exactamente allá arriba, ni Scott ni nadie ha querido decirlo. Las páginas web se han dedicado a analizar cuadro a cuadro los trailers, imágenes y cualquier pista que Scott o su equipo han dejado escapar.
Entre otras cosas está por ahí el sitio web de las Industrias Weyland (837.53 millones de empleados), con un comercial para su nueva línea de androides David y un discurso de Weyland en 2023 en el que da cuenta de sus logros tecnológicos, incluyendo la habilidad para fabricar robots indistinguibles de los seres humanos. "Nosotros somos los dioses ahora", dice.
ENCADENADOS No es ninguna revelación indebida decir que, por supuesto, las cosas no salen bien. En la mitología griega Prometeo fue, al fin y al cabo, encadenado a una roca y su hígado comido eternamente como castigo por robar el fuego a los dioses y dárselo a los hombres.
Scott describe su película como 2001 con esteroides. Dice que le gusta la idea de Stan- ley Kubrick de "una agencia de policía en el universo que le dio un puntapié a una pelota mugrosa". "Dios no nos odia", agrega ominosamente. "Pero puede estar decepcionado con nosotros".
El mapa estelar conduce al mismo planeta que la astronave de Alien visitará treinta años más tarde, pero Scott dice que Prometheus no es una precuela de su película de 1979, que era básicamente una historia gótica acerca de la tripulación de un carguero espacial atacada por un monstruo que aparecía por primera vez destrozando el vientre de alguien. Los espectadores, dice Scott, reconocerán el ADN de Alien en la nueva película, pero lo que esto signifique (sea el inquietante decorado distópico, o el argumento en sí mismo) el tiempo lo dirá.
Luego de varias secuelas y una serie de cómics, Scott dice que la franquicia está acabada, comparando al monstruo con un chiste que se desdibuja por el exceso de repeticiones. Hace tres años, deseoso de volver a la ciencia ficción, pensó que podía volver al mundo de Alien para rescatarlo, como él dice, aprovechando una línea de la película original que había sido dejada de lado.
En la primera película, la infortunada tripulación del carguero Nostromo encontraba los restos de una espacionave, y en el asiento del piloto había un gigante humanoide con el pecho destrozado. En la escena inmediata se habría un extraño huevo y su contenido golpeaba la cara del personaje interpretado por John Hurt. "Cuando John Hurt mira el huevo es cuando la película realmente empieza", dice Scott.
Pero le sorprende que nadie le pregunte acerca del "jockey espacial", como llama al ser del asiento del piloto, lo que a su juicio era "una interrogante obvia y flagrante".
"¿Quién era? ¿Por qué aterrizó allí? ¿Tenía problemas", plantea Scott. ¿Y por qué estaba conduciendo un cargamento de biotecnología peligrosa? Scott reconoce que no tenía las respuestas y pensó que James Cameron, que dirigió la primera secuela (Aliens, el regreso) podría proporcionarlas. "Jim es más lógico", dice.
Pero el enigma permanecía. Le lanzó la idea a la empresa productora Fox, y en el proceso de desarrollarla surgió, dice, "una nueva y gran mitología".
En conferencias de prensa y reportajes, Scott ha mostrado simpatía por la noción, popular en muchos círculos, incluido el Vaticano, de que es casi "matemáticamente imposible" que la vida haya aparecido en la Tierra y se haya convertido en lo que es hoy sin un poco de ayuda externa.
"Es tan enormemente irracional que podamos hacer esto", dice refiriéndose a nuestra conversación telefónica. "Dos montones de átomos en una pelota de carbón".
"¿Quién puso todo en movimiento?", se pregunta. ¿Hemos sido visitados por dioses o extraterrestres? "El hecho de que puedan estar mil millones de años más adelantados que nosotros en tecnología es sobrecogedor, y uno puede emplear el término Dios, o dioses, o ingenieros genéticos del espacio".
¿Pero queremos encontrarnos con ellos de nuevo? El cosmólogo Stephen Hawking ha sugerido que debemos ser cuidadosos con lo que pueda haber Ahí Afuera. "Mirémonos a nosotros mismos para ver cómo una forma de vida inteligente puede evolucionar hacia algo con lo que preferiríamos no tener que interactuar".
Scott está de acuerdo: "Afortunadamente, no nos visitan". Y como la película sugiere, no podemos resistir la idea de visitarlos nosotros, les guste o no. Detrás de la leyenda de Prometeo está la idea de que los dioses deben poner límites a sus creaciones, o éstas pueden querer destronar a Dios.
Un padre que no impresiona al hijo
El dilema con la ciencia ficción, dice el libretista de Pro-metheus Damon Lindelof, es que las preguntas que plantea suelen ser más interesantes que las respuestas que provee.
"Espero que nadie piense que hemos querido ser demasiado pretenciosos", agrega. "Quisimos hacer algo entretenido y emocionante de ver, no filmar a un montón de gente sentada y hablando sobre el significado de la vida".
El tema prometeico se enlaza con un conflicto generacional, afirma también Lindelof. Vean al androide David. Algunos lo llaman "una tostadora". Weyland dice que es el hijo que no tuvo. "Hay por ahí muchas personas buscando a su creador", añade el libretista. "Pero David sabe exactamente quién lo creó, y no está particularmente impresionado".
Mitología de raíces múltiples
Para Ridley Scott, la saga de "Alien" y el efecto colateral de "Prometheus" constituyen su propia combinación de alta y baja cultura. Por un lado, dice, ha sido inspirado por las corrientes búsquedas de vida más allá de la Tierra, bajo las arenas de Marte, en los océanos bajo la capa de hielo que cubre Europa, la luna de Júpiter. "Yo pienso, bueno, todo esto es un material muy utilizable en mi película", dice Scott.
En el otro extremo de la escala de la credibilidad está el "arqueólogo pop" suizo Erich von Daniken, quien argumentó en libros como "Recuerdos del futuro", "El oro de los dioses" y otros que había evidencia (por ejemplo, las líneas de Nazca en Perú) de que hemos sido visitados en el pasado por seres inteligentes del espacio exterior. Las afirmaciones de Von Daniken nunca han tenido mucho eco en los profesionales serios (que con buenas razones lo han tachado con frecuencia de ser un fraude), pero Scott dice que "para él tiene sentido".