El cine extiende su luto

El maestro italiano falleció a los noventa y cuatro años

2007-08-01 00:00:00 300x300

GUILLERMO ZAPIOLA

Otro grande ha muerto. Pocas horas después del deceso de Ingmar Bergman, el mismo pasado lunes 30, falleció en su casa de Roma a los 94 años el cineasta italiano Michelangelo Antonioni. Fue otro de los imprescindibles del cine.

"Murió apaciblemente, en su sillón, al lado de su esposa Enrica Fico", informó la prensa italiana. Antonioni había sufrido hace veinte años un derrame cerebral y sus movimientos y capacidad de habla se vieron restringidos desde entonces, lo que no le impidió continuar trabajando en literatura y cine.

Nacido en Ferrara, Italia, el 29 de septiembre de 1912, en el seno de una familia de clase media, Antonioni estudió en Bolonia economía y comercio pero pronto se dio cuenta de que el cine le interesaba más. Llegó a Roma en 1939 y logró entrar a trabajar como crítico en la revista Cinema, nominalmente dirigida por Vittorio Mussolini (el hijo del Duce), donde irónicamente escribían muchos de los jóvenes antifascistas que luego promovieron la aparición del neorrealismo.

Algo que escribió no debió gustar, sin embargo, porque el joven Antonioni fue despedido de la revista al poco tiempo. En 1942 comenzó a estudiar cine en el Centro Sperimentale de Roma, y al mismo tiempo se aproximó a la industria en busca de trabajo. En 1942 libretó Un piloto regresa, una ficción de propaganda al servicio de la Fuerza Aérea fascista dirigida por Roberto Rossellini. Hay seguramente pocas películas propagandísticas tan poco propagandísticas en la historia del cine: en cada plano se advierte el desinterés de Rossellini y Antonioni por su asunto.

En los años siguientes Antonioni escribió libretos para otros directores (I due Foscari, 1942, de Enrico Fulchignoni, sobre pieza de Lord Byron; Caza trágica, 1946, de Giuseppe de Santis), y realizó algunos documentales, pero el gran paso adelante lo daría en 1950, cuando debutó como director de largometrajes con Pasión prohibida (Cronaca di un amore), una película importante por varias razones.

Cronaca di un amore rompió con la tendencia del neorrealismo entonces al uso, con su directa "atención social" y su preocupación por las clases populares. Sin arriar la bandera de un realismo crítico y cuestionador, Antonioni apuntó su cámara a un ambiente de clase media y alta, y descubrió en él rasgos de insatisfacción y fracaso vital que no dependían de la situación económica. También mostró ya un dominio de la herramienta audiovisual: el drama de sus personajes se reforzaba por los esmeros de fotografía y el melancólico solo de saxo a cargo de Giovanni Fusco en la banda sonora.

Algunos de esos rasgos se reiterarían en el cine que hizo inmediatamente después (Los vencidos, 1952; La dama sin camelias, 1953; Las amigas, 1955). A partir de El grito (1957) y especialmente en la famosa "trilogía de la incomunicación" que la siguió (La aventura, 1960; La noche, 1961; El eclipse, 1962), Antonioni pulió un estilo hecho de tomas largas, tiempos muertos, planos secuencia que seguían a personajes que caminaban hacia destinos inciertos.

El público de Cannes no entendió La aventura y el filme fue abucheado, pero ese estilo tenía un sentido: expresaba en imagen y sonido las búsquedas y las incertidumbres de los personajes. Antonioni lo reiteraría con variantes en El desierto rojo (1964), añadiéndole un magistral manejo del color, cuyos cambios expresaban los estados de ánimo de sus criaturas.

A esas alturas era una celebridad internacional, y pudo filmar en Londres la sugestiva Blow Up (1967, sobre cuento de Cortázar), y luego ser contratado por Metro para rodar en los Estados Unidos la contestata-ria Zabriskie Point (1970). Hizo también un documental en China (Chung Kuo, 1972) que no gustó a las autoridades chinas y dirigió a Jack Nicholson en El pasajero (1974), tal vez su última película verdaderamente importante.

Desde entonces su trabajo fue esporádico. Incluyó una inconvincente El misterio de Oberwald (1979) sobre Jean Cocteau, una reiterativa Identificación de una mujer (1982), y la elegante Más allá de las nubes (1995), un filme en episodios codirigido con Wim Wenders, cineasta que le debe mucho. Inmovilizado en una silla de ruedas y con limitaciones para comunicarse, persistió casi hasta el final: en el 2005 dirigió un capítulo del filme Eros, cuyos otros episodios corrieron por cuenta de Steven Soderbergh y Wong Kar-wai.

Mañana lo sepultan en Ferrara

Michelangelo Antonioni será enterrado mañana en su Ferrara natal, donde no solamente vivió su niñez y juventud sino que también filmó uno de sus primeros documentales ("Gente del Po", 1947).

Hoy será instalada en la sala de la Promoteca del Capitolio de Roma la capilla ardiente donde familiares y amigos, personalidades de la cultura y público en general podrán rendirle un último homenaje.

Era probablemente inevitable que Roma "secuestrara" a Antonioni para ese homenaje final. No solamente el cineasta estaba viviendo en Roma desde hace muchos años, sino que el alcalde de la ciudad, Walter Veltroni, es también un reconocido crítico cinematográfico. En declaraciones a la prensa, Veltroni dijo ayer que "con Antonioni desaparece no sólo uno de los más grandes directores, sino también un maestro del cine moderno", agregando que "gracias a él llegaron a la gran pantalla las problemáticas más duras y difundidas del cine contemporáneo, como la incomunicación y la angustia".

Todo indica que la familia de Antonioni aceptó la realización del velatorio público en la capital italiana, pero que desea mayor privacidad para el entierro en Ferrara que tendrá lugar un día después.

La elevada expresión de una Europa refinada y reflexiva que se va

JORGE ABBONDANZA

Doble catástrofe. En 24 horas mueren Bergman y Antonioni. Con ellos se evapora el olimpo de los maestros del cine, porque también han muerto Visconti, Kurosawa, Tarkovski, Ford, Fellini y De Sica. Quedamos huérfanos de la presencia tutelar de los grandes estilos, pero al menos la desaparición de Antonioni debe ser un sacudón que conmueva a quienes en el primer festival de Punta del Este, hace 56 años y medio, se maravillaron con el vagabundeo de Lucía Bosé en Cronaca di un amore.

El sello de Antonioni era indeleble: una mujer de perfil, parada ante la cámara, mira el horizonte en medio de una playa otoñal y vacía. Esa imagen ha quedado en la memoria como la suma de la estética del realizador desde Las amigas, donde Valentina Cortese recibía a Eleonora Rossi-Drago en el circuito de la alta burguesía turinesa y permitía al espectador ingresar también en ese universo de elegancias contrariadas.

Después Antonioni creció hasta el misterio de La aventura y la pesadumbre de La notte, entre fiestas y desaires amorosos, y saltó al cine en color, imprimiendo a El desierto rojo el inaudito valor de unas imágenes que reproducían en cine otro mundo, el de las artes plásticas, con nuevos esplendores para envolver la desolación sentimental de Mónica Vitti. En aquella época no hubo otro director que innovara con ese atrevimiento, remolcando al espectador a niveles de sorpresa formal y de estilización. Un paisaje industrial desolado era la estampa del mundo de la cultura de los 60. Y cuando esa cultura volaba en pedazos al final de Zabriskie Point, se sabía que las imágenes comunicaban algo más que el alcance inmediato de sus historias. El realizador fue la expresión más elevada del refinamiento italiano y del pensamiento de una Europa azotada por la guerra fría. Ahora, con la partida de Bergman y con su muerte, ha llegado el fin del mundo.

Reacciones del mundo de la política y la cultura

Theo Angelopoulos: "Vi `La aventura` trece veces"

El cineasta griego Theo Angelopoulos (Alejandro el Grande, La memoria de Ulises), admirador y discípulo de Antonioni (incluso compartieron un libretista, Tonino Guerra, y dos actores, Jeanne Moreau y Marcello Mastroianni), homenajeó en el día de ayer a su fallecido maestro.

"Antonioni y Bergman, es algo simbólico, ambos habían alcanzado la plenitud en su vida y en su obra", comentó Angelopoulos, agregando que conoció personalmente al director italiano en Roma en 1982.

Lucía Bosé: "Pasó muchos años de sufrimiento"

La actriz italiana Lucía Bosé tenía 20 años cuando protagonizó Cronaca di un amore de Antonioni, y volvió a trabajar con él en La dama sin camelias.

"Era un director estupendo", dijo ayer Bosé. "Las dos películas que hice con él fueron maravillosas". Antonioni dudó en otorgarle el papel de Cronaca (el personaje debía lucir diez años mayor), pero fue convencido por Luchino Visconti de que se lo diera. Bosé señaló también que Antonioni sufrió mucho en sus últimos años por su enfermedad.

Francesco Rutelli: "Se fue un intelectual brillante"

El mundo de la cultura y la política italiana ha reaccionado ante la muerte de Antonioni. El ministro de cultura Francesco Rutelli declaró que había muerto "un intelectual brillante y sensible, un gran cineasta, un refinado observador de los males del siglo XX. Con su muerte se cierra un ciclo del cine italiano".

"Italia pierde a uno de los grandes protagonistas del cine y de la búsqueda expresiva del siglo XX", escribió por su parte el presidente de la República italiana, Giorgio Napolitano.

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