Cuando el miedo enredaba alientos

| La edición del sello Ayuí llega cuando se cumplen dieciocho años de la disolución del grupo

HENRY SEGURA

El fútbol suele publicitarse empleando como cortina musical Al fondo de la red. El tema más emblemático de la resistencia a la dictadura instalada en 1973 es A redoblar. Son apenas dos ejemplos de la notable trayectoria que el grupo Rumbo desarrolló a partir de 1979 y que duró sólo siete años. Pero pese a su relevancia, los tres discos que contienen esas canciones y sintetizan aquel trabajo, no estaban disponibles. Ahora, 18 años después, los tres (Para abrir la noche, 1979; Sosteniendo la pared, 1982; Otro tiempo, 1985) fueron reunidos por el sello Ayuí en un disco compacto doble, imprescindible para apreciar uno de los aportes más importantes en la música popular uruguaya de los últimos treinta años.

Una notable presentación gráfica, que incluye tres librillos con fachadas idénticas al encartado de los discos de vinilo, hace justicia con la jerarquía del grupo que supo liderar, junto a pocos más, los cambios en la música uruguaya de los ’80. De determinar el contexto en el cual se generó aquella experiencia y hasta de acreditar testimonios personales se encargan Elbio Rodríguez Barilari y Atilio Pérez da Cunha (Macunaíma), por entonces activos difusores de la música uruguaya. Por si eso fuera poco, además de tres temas de "yapa", la edición incluye dos videos.

TALLER. Repasar los discos equivale a corroborar la vigencia de un material de altísima creatividad, donde el destaque individual no asfixia el desempeño colectivo y donde la correspondencia de música y letra alcanza grados de sutileza y precisión admirables. "Fue una experiencia muy fuerte, de taller permanente, en el cual nos obligábamos a un ritmo de trabajo, de exigencia, que yo después no lo tuve pero que traté de seguir desarrollando porque me acostumbré durante siete años a eso", afirma Mauricio Ubal, responsable de la mayoría de las composiciones. El y Laura Canoura son los únicos que continuaron en el mundo de la música, porque tanto Gonzalo Moreira, como Gustavo Ripa y Miguel López se encaminaron hacia la publicidad, y Carlos Vicente se había separado del grupo antes de su disolución en 1986.

"Nos obligábamos a tener temas nuevos casi en forma permanente y a su vez, cuando se presentaba una canción pasaba por un filtro muy riguroso y eso nos obligó a una disciplina de trabajo" rememora Ubal. Del "taller" emergió al principio una fuerte tendencia a la austeridad (aunque no con los extremos que alentaban Los Que Iban Cantando) pero también un espíritu que recurría a ritmos y temas de indiscutible raíz popular, que asomaban con una calidad poética insólita. El fútbol, sus imágenes y su épica, alimentaron homenajes y lecturas sobre jugadas colectivas en un país carente de libertades; las baterías murgueras pretextaban estallidos de color y contestación; y las líneas folclóricas de Romildo Risso encontraban una estrecha hermandad en el metafórico Ubal. En el "taller" también podía reconocerse la ascendencia de los Beatles, de Mateo y de la música emergente entre los Trópicos.

"Para mí no es una música muy distante", sostiene Ubal. "Nunca corté el hilo. Hay canciones como Al fondo de la red que las terminé imponiendo en versiones mías, o Zumbaé, porque enseguida de salir el último disco, Rumbo se disuelve y no tiene tiempo de proyectarlas. Por eso, para mí el salto no es tan grande, y además como buena parte del repertorio eran composiciones mías, yo sigo transitando por aquel lenguaje con los obvios cambios que se imponen a partir de un país que cambió muchísimo. Como siempre trabajé en base a la honestidad conmigo mismo, al formalizar las canciones sigo teniendo los mismos códigos de trabajo, quizá un poco más endurecido, en el sentido de que ahora cuesta más hacer canciones después que he hecho ciento y pico. Cada vez que vas a hablar de algo cuesta más, porque tenés miedo de repetirte".

DISTANCIAS. —¿Cuál es tu valoración personal sobre los discos?

—Es un material que me gusta mucho. Los dos primeros discos marcan una tónica de trabajo en base a un sonido acústico, a una reivindicación rítmica en base a guitarra, un ensamble. En el tercer disco nos pusimos eléctricos. A mí es un disco que me gusta, hay seis o siete canciones que creo están muy bien: Al fondo de la red, Zumbaé, Nuestros, Sábanas, Mucho, Cosas de niños, Primero. Creo que como canciones están muy bien armadas y se pueden tocar en cualquier momento. Habrá que aggiornarlas en todo caso. Claro que estábamos muy pendientes de lo que sonaba en otros lados, y tal vez a algunas les pusimos ropajes que no eran muy adecuados, porque fuimos hacia un esquema más pop, hacia un trabajo sobre batería, piano y guitarra, alejándonos de aquella matriz más acústica, más austera. Estábamos probando cosas y desde ese ángulo fue bueno que lo hiciéramos. A la distancia me quedo con las canciones del tercer disco, no tanto con la parte arreglística. Además es inevitable que los estilos fueran mejorando. Son tres discos distintos y en ellos hay una buena cantidad de canciones que creo soportan el paso del tiempo. Eso, como compositor, me deja tranquilo.

—¿El legado de Rumbo se puede ver hoy?

—No creo que haya muchas cosas del grupo que se puedan ver hoy. Es otra de las razones que nos llevó a mostrar este material. Hoy se hace otro tipo de canción, si bien la construcción de una canción más bien se ha simplificado: son más sencillas, melodías más redondas, el trabajo cancionístico no se ha desarrollado, sigue en los mismos esquemas. Creo que se inventa menos, se corren menos riesgos. Hay un desarrollo mucho más grande y se toca mucho mejor de lo que hacíamos nosotros a nivel de cierto formato: el pop y el rock. Hoy hay quince guitarristas de primera línea y tenés otro tanto de bateristas, de bajistas. En lo letrístico hay una cosa más aguerrida, más directa, se ha perdido cierto ámbito de poesía que nosotros manejábamos en la canción. Son oleajes, esto va y viene, y se retomará aquello que hoy no vemos. Lo cierto es que la forma en que hacíamos la canción, como la hacían Los Que Iban y MonTRESvideo a nivel de grupos, no existe hoy. Los que hemos seguido caminando en forma solista hemos ido desarrollando esos formatos pero no con aquel sonido porque, entre otras cosas, no tenés seis voces encima del escenario. Conceptualmente lo mantenemos. Cabrera, Ruben Olivera, Masliah, yo, seguimos esa línea.

Apuesta al diálogo

La reacción inmediata de quienes conocieron a Rumbo ante la aparición del disco doble, es conjeturar sobre la posible reunión del grupo para presentarlo. Está descartado. "Lo que no vamos a hacer es reunirnos para tocar ese material, hacer covers de nosotros mismos", sentencia Ubal, pero también acaricia otra idea: "en todo caso, de haberse podido, hubiéramos querido hacer un Rumbo con materiales de hoy. Eso nos hubiera motivado, sobre todo a los que estamos en carrera, como Laura (Canoura) y yo. Hay cosas que los años te enseñan que no debés hacer, sobre todo en público".

¿Cómo podrán reaccionar quienes no conocieron a Rumbo y se encuentren con un disco que es lanzado sin los consabidos recitales de presentación? Es imprevisible. Y en todo caso tampoco es determinante para la gente de Ayuí que deja de lado las ecuaciones de marketing para seguir recuperando una parte de la historia musical que el mercado (instantáneo, exitista y volátil) siempre dejará de lado. Como señala Ubal, la apuesta es "al diálogo interno porque ni siquiera podemos supeditarnos a la difusión radial ya que allí la producción nacional sale en cuentagotas".

Es una línea de trabajo que las condiciones del país permite aunque siempre con grandes limitaciones. "Uruguay sigue teniendo gente que hace un tipo de canción diferente, con cosas buenas y malas, como la de no estar mirando el marketing para hacer un disco pero con el techo natural de un país que no tiene mercado porque no hay consumo y que nadie atiende porque no hay interés en él".

Para este compacto Ayuí contó con el apoyo de Agadu. Ese respaldo posibilitó que el disco luciera una gráfica verdaderamente inusual y no sólo en la edición a escala nacional, con la idea de dar la proyección que el material merece y la esperanza secreta (también) de que la calidad de la presentación desestimule la adquisición de copias piratas. A esto se agrega la opción por un precio de venta inferior al que corresponde a los discos dobles.

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