Al aire libre y con la Luna llena como escenografía. En esas condiciones hizo su última presentación española Luis Eduardo Aute, en la península de la Magdalena, en Santander. Tuvo además un telonero de lujo: Pedro Guerra.
A partir de esa semana, el músico traerá su Intemperie hasta cuatro países de América Latina: Bolivia, Uruguay (donde tocará el 23 de agosto en el Auditorio Nacional), Argentina y Chile.
La presentación del jueves de noche en Santander tuvo un tono particularmente crítico del también artista plástico, poeta y cineasta. Aute dejó más expuestas las condiciones en que emergieron sus nuevas canciones, al enfrentarse con la prensa y también durante el recital. Al iniciar su recital con Atenas en llamas, evocando enfrentamientos de hace tres años en la capital griega, Aute recordó: "Me decían que era un exagerado cuando escribí la canción... Entonces fue Atenas, hoy Londres, mañana... A veces me gustaría no ser visionario, pero me temo que es lo que pasa con algunas de mis canciones. Hace años conté en una canción la caída del comunismo y la implantación de McDonald`s en la Plaza Roja de Moscú y la gente creía que estaba loco".
El propio título del disco (y de la gira) es revelador de la postura del creador que siente que se han perdido todas las referencias, y que el ser humano está muy expuesto hacia un futuro incierto, aunque a la vez confía en lo que venga después de la crisis. "Esta época está agonizando, la era contemporánea, la de la Revolución Francesa" comentó en un momento y en otro reiteró: "Occidente es como el Titanic, que se está hundiendo lentamente y lo único que hace es ir poniéndole parches para que no se hunda tan rápido". "Es una mutación de la Historia", sumó.
Siento que te estoy perdiendo, Me va la vida en ello, Intemperie y Hay cosas peores son parte de los catorce temas del nuevo disco que se mezclaban con los de otras grabaciones. Con una sinceridad muy directa, Aute no dudó en ubicar a su música en las márgenes de los medios. "Sé que es un trago duro, pero tengo que presentar aquí mis nuevos trabajos, pues en las radios ya no se escucha este tipo de música", aclaró.
Según el cronista del diario El Mundo el momento más intenso del recital se produjo cuando interpretó A día de hoy, Un soplo de alegría y Quiéreme, a los que calificó como "tres de sus temas más intensos". La nota hace hincapié en el profundo silencio que se produjo entonces entre el público que rodeaba el escenario montado en las escalinatas del palacio de la Magdalena, sede de la Universidad Menéndez Pelayo.
Quienes estuvieron en la más reciente presentación del músico en Montevideo, en el Plaza, guardan en su memoria la extensión del mismo. Entonces fueron casi tres horas de canciones, y las de ahora conducen a una duración similar. En la que se cuelan los clásicos Dentro, Las cuatro y diez, De alguna manera, La belleza y Al alba, que en Santander la hizo de la misma manera que lo había hecho hace un par de años en Montevideo: a pura voz, como si fuera el grito de búsqueda de un artista autodefinido escéptico porque aún teniendo poca fe puede mantenerse activo.
En la perspectiva de quien vive días muy críticos en Europa, "si hay algún futuro en el mundo, ese será en América Latina, donde hay materias primas y ya se ha empezado a construir un barco para salvarse". En estos lugares del mundo, dice, hay un público "ansioso, agradecido y caluroso", que muestra un "respeto" que en España echa de menos.